Brasil 2 - Argentina 0: La realidad es necia
Por: Martín Caparrós / The New York Times
Julio 2019
Fotografia: Natacha Pisarenko-Associated Press

Ya somos mexicanos: jugamos como nunca, perdimos como siempre. O, en realidad: tampoco jugamos como nunca; solo metimos un par de tiros en los palos.

O no. Vamos de nuevo, de más lejos, como si fuera un periodista: Brasil fue mejor que Argentina porque fue sólido donde debía y, por eso, ganó como suele. No deslumbra, no le sobra nada, pero en este campeonato todavía no le metieron goles y, cuando se los facilitan, va y los hace.

La Argentina entr√≥ con esperanza, como corresponde. Lleva un cuarto de siglo sin ganar un torneo internacional, d√©cadas sin ganarles partidos oficiales a los equipos de primera l√≠nea (y menos a Brasil). Pero el f√ļtbol es otra de esas situaciones en que uno espera que las mismas causas produzcan efectos distintos: que la causalidad se rompa, que la l√≥gica parezca un rezongo de amargado. Lo genial es que a veces sucede. Poco, pero lo suficiente como para seguir creyendo.

El partido empez√≥ muy trabado. Los dos equipos, razonablemente asustados, correteaban, toqueteaban, coqueteaban con la idea de jugar al f√ļtbol pero no lo hac√≠an, pura histeria. Se limitaban a circular por la mitad del campo, y lo que hac√≠an sin mengua era marcar con entusiasmo: la famosa presi√≥n alta que, √ļltimamente, es el credo del f√ļtbol.

Hasta que, en el minuto 18, los brasile√Īos apretaron: un ca√Īo de Coutinho, un sombrero de Alves, un centro de Firmino y la defensa argentina que decidi√≥ no interferir en la belleza y dej√≥ que Gabriel Jes√ļs rematara solo desde el √°rea chica: 1 a 0.

Brasil probaba su eficacia, la Argentina no. Intentaba atacar siempre por el medio y terminaba en el embudo de la defensa brasile√Īa. Messi no la tocaba mucho pero, para ese entonces, los que dicen que la Argentina no sabe c√≥mo usarlo ya ten√≠an ejemplos claros: ese primer corner, por ejemplo, en que De Paul se la toc√≥ para que √©l se la devolviera y fuera De Paul, no Messi, el que tirara el centro. Pero los argentinos ten√≠an ganas, insist√≠an: era un avance. Paredes desde el medio manejaba, De Paul corr√≠a y llevaba, Mart√≠nez apretaba. Y en el minuto 30 el f√ļtbol mostr√≥ una vez m√°s c√≥mo es el f√ļtbol: Messi de tiro libre ech√≥ un buen centro, Ag√ľero cabece√≥ y todo habr√≠a sido tan distinto -este art√≠culo, incluso, seguramente ser√≠a tan distinto- si la pelota hubiera pegado cinco cent√≠metros m√°s abajo del mismo travesa√Īo. No sucedi√≥: la realidad es tozuda, un poco boba. Despu√©s Brasil descubri√≥ que alcanzaba con dejar jugar -inocuo, in√ļtil- a la Argentina, y as√≠ se fue ese primer tiempo.

Ya en el segundo, la Argentina entró fuerte, decidida. Durante veinte minutos estuvo cerca del arco brasilero, sin saber cómo llegar al gol: alguna arremetida, todo por el medio. Messi, lejos, seguía perdiendo más y más pelotas. En este torneo perdió una media de veinte por partido -y él, que tiene casi un gol de promedio en su carrera, metió, en cinco partidos, solo uno de penal. No fue solamente que jugaba en un equipo desarmado; en esta Copa América algo más le pasaba, y no fue solo el pasto desparejo, los árbitros.

Brasil esperaba atr√°s, sin apuro. Dani Alves insiste en ser extraordinario, Arthur controla, Firmino y Gabriel Jes√ļs intentan todas; Coutinho, en cambio, le sigue haciendo perder plata al Barcelona: con cada partido, su cotizaci√≥n baja dos o tres millones. Y la Argentina insist√≠a pero, en s√≠ntesis, lo perdi√≥ en las dos √°reas: en la propia tiene una defensa d√©bil, pura agua, jugadores sin categor√≠a y ning√ļn funcionamiento de conjunto; en la ajena no tiene claridad, jugadores que se amontonan y arremeten y un nueve cuesta abajo lento, duro, que las ve√≠a pasar o las perd√≠a. Messi, en una, arremeti√≥. Y otro tiro en el palo. La Argentina, adem√°s, no ten√≠a suerte.

Brasil sol√≠a ser elegante y dominador; ahora aguanta y muerde y corre y le va bien. A los 26, en un contraataque, Gabriel Jes√ļs trab√≥ y guape√≥ contra los dos centrales argentinos y le dio la pelota a Firmino para que la empujara. Brasil no es nada extraordinario pero sabe lo que es, hace lo que debe. La Argentina es lo contrario. Se dir√≠a que el equipo tiene el mismo problema que el pa√≠s: se cree lo que no es, no es lo que se cree. Es dif√≠cil. Paraguay, por ejemplo, no recibi√≥ ning√ļn gol brasile√Īo jugando con su inferioridad y defendiendo a muerte; la Argentina, en cambio, jug√≥ como si fuera tanto m√°s y as√≠ se llev√≥ dos -y no marc√≥ ninguno.

Así que ahora algunos argentinos practicarán su deporte favorito: lamentar una derrota que dirán injusta, proclamar que nunca tenemos lo que nos merecemos. Y jugar, este sábado, por el tercer puesto. Brasil, este domingo, tiene todo para ganar la copa. La realidad, una vez más, es necia y despiadada.

 

Imprimir
Enviar Articulo

Eventos
Actualidad
Alta Competencia