Bolsonaro impulsa una fiebre de compra de armas de fuego en Brasil
Por: El País
Octubre 2020
Fotografia: Lela Beltr√£o

El empresario Diego Brito, de 33 a√Īos, sale satisfecho de la galer√≠a de tiro tras disparar 50 balas con su Glock. El brasile√Īo va todas las semanas a practicar con alguna de sus 12 armas de fuego. Su pasi√≥n y las compras han ido aumentando tanto con los a√Īos, que este mes ha adquirido tres m√°s. "Pero no crea que sal√≠ con ellas de la tienda. Tengo que esperar todos los tr√°mites. Las recibir√© dentro de cinco meses por lo menos, a veces tardan hasta un a√Īo", asegura en el club de tiro Black Beard, uno de los mayores del estado de S√£o Paulo. Queda en Salto de Pirapora, una ciudad entregada al presidente Jair Bolsonaro.

Las tres compras "son armas largas, del calibre 22, el tiro m√°s agradable", dice mientras recrea el gesto de apretar el gatillo como si saboreara el instante. Brito se gana la vida fabricando pu√Īales militares para unidades especiales de las fuerzas de seguridad. Pero explica que, puestos a necesitarlas ante un agresor, prefiere las armas de fuego porque "defenderse con un cuchillo o un martillo es muy sucio". Las pistolas permiten mantener la distancia. "No necesito disparar, me basta con empu√Īarla", remata.

Los aficionados a las armas de Brasil están de enhorabuena -y el negocio en clara expansión- desde la llegada del militar retirado al poder en las elecciones de 2019. Ya lo proclamó Bolsonaro en una reunión con su gabinete. "Quiero ¡que el pueblo se arme! ¡Es la garantía de que no va a aparecer un hijo de puta para imponer una dictadura aquí! ¡Qué fácil es imponer una dictadura!", vociferó en una intervención que dejó a Brasil boquiabierto y horrorizados a los que vieron un llamamiento a organizar milicias armadas frente a decisiones impopulares de adversarios.

Con un alud de cambios legislativos, el ultraderechista ha cumplido su promesa electoral de facilitar el acceso a las armas de sus compatriotas. Brasil, que ten√≠a una ley mod√©lica de control de armas, aunque mal implementada, que aprob√≥ Lula da Silva al inicio de su mandato, se aleja del modelo europeo y se acerca a Estados Unidos. Las ventas de pistolas, fusiles, etc√©tera se han disparado hasta casi triplicarse en estos dos a√Īos. Si el a√Īo de la victoria electoral de Bolsonaro se registraron 50.000 nuevas armas, este 2020 se inscribieron 130.000 hasta octubre, seg√ļn datos oficiales. La aceleraci√≥n registrada en este bienio se a√Īade al incremento gradual desde las 22.000 vendidas hace una d√©cada.

Ahora han aumentado, adem√°s, las licencias, m√°s personas pueden salir de casa con un arma, pueden poseer m√°s piezas, comprar calibres m√°s potentes, m√°s munici√≥n y ahora deben renovar el permiso a los diez a√Īos, no a los cinco. Los impulsores de la fiebre de compras son ciudadanos que crean o ampl√≠an un arsenal.

Esa efervescencia en el sector se nota a primera vista en este club de tiro que Newton Ramos Publio, de 54 a√Īos, abri√≥ hace seis a√Īos. Est√° ampliando el local, que tambi√©n es escuela de entrenamiento, porque el negocio va muy bien. Sus 16 empleados atienden a 3.000 socios -incluidos los dedicados al tiro deportivo- en unas instalaciones en medio del campo, a 100 kil√≥metros de S√£o Paulo capital. Un lugar con pub, tienda y varias galer√≠as de entrenamiento donde el jueves pasado se ve√≠an tiradores solos, amigos o parejas practicando, pero casi ninguna mascarilla.

El empresario, que se define como conservador, de una derecha moderada, armamentista y patriota, hizo campa√Īa por Bolsonaro y est√° encantado con su gesti√≥n en general, no solo con el cap√≠tulo armament√≠stico. "Solo soy radical ante las leyes y las buenas costumbres, no tolero que se rompan", dice este antiguo jefe de seguridad de una multinacional alemana que considera el C√≥digo Penal demasiado blando. Su discurso gira en torno al "ciudadano de bien" en un entorno hostil.

Publio atribuye el espectacular incremento de armas en manos de los brasile√Īos al impulso de Bolsonaro, pero lo encuadra en un problema cr√≥nico. "Los altos √≠ndices de delincuencia" son, afirma, los que impulsan a gente como su clientela a armarse para defender a sus familias y su patrimonio. En ning√ļn otro pa√≠s del mundo, guerras al margen, tantos ciudadanos matan y mueren violentamente. Brasil es un inmenso mercado de armas ilegales con grandes territorios dominados por el poderoso crimen organizado y m√ļltiples rutas del narco.

Son m√°s de un mill√≥n de brasile√Īos con licencia de armas legales. La mitad, polic√≠as militares y soldados, seg√ļn los datos recopilados por el Instituto Sou da Paz. El conjunto de normas que regula la compra y posesi√≥n es barroco. Proliferan las particularidades. A grandes trazos, los miembros de las fuerzas de seguridad pueden comprarlas con menos tr√°mite que los civiles y tenerlas en pocos d√≠as. Entre el resto, la mayor√≠a son tiradores aficionados como Brito, que pueden adquirirlas, pero con controles m√°s estrictos. Por eso deben esperar varios meses para recibir el √ļltimo juguete; como novedad, pueden ir armados de su casa al club de tiro. Y una minor√≠a son fazendeiros que las poseen para defensa personal; tienen vetado sacarlas de sus propiedades. Normas enrevesadas como casi todas en Brasil. Todos deben pasar por el psic√≥logo y no tener antecedentes.

El empresario del club de tiro repite uno de los mantras de los defensores de las armas en todo el mundo: "Es obvio que con m√°s armas, con ciudadanos bien preparados... todo eso de manera regulada, la tendencia es a que disminuya la criminalidad", explica junto a parte de su arsenal: una Glock austriaca, dos fusiles Taurus brasile√Īos y una escopeta turca.

Los asesinatos han aumentado durante la pandemia

Melina Risso, experta en seguridad p√ļblica del Instituto Igarap√©, discrepa. Recalca que "la ciencia nos muestra que, si existen m√°s armas en circulaci√≥n, aumentan los homicidios". La especialista sospecha que la flexibilizaci√≥n que impulsa Bolsonaro ha influido en que, pese a que la pandemia vaci√≥ las calles, los asesinatos hayan aumentado un 6% en el primer semestre. "Lo que necesitamos entender es cu√°nto ha influido", explica la acad√©mica.

Bolsonaro, que ciment√≥ su carrera sobre la defensa de los intereses corporativos de la tropa de la polic√≠a y las Fuerzas Armadas, tiene en este colectivo una compacta base electoral. Con este presidente, los uniformados o reservistas han ganado mucha visibilidad y poder con cargos electos y gubernamentales. En paralelo, los colectivos a favor de las armas hacen m√°s ruido. La acad√©mica del Instituto Igarap√© precisa que "son una minor√≠a radical" porque, seg√ļn las encuestas, dos tercios de la ciudadan√≠a rechaza facilitar el acceso a los brasile√Īos a pistolas o fusiles. En esa l√≠nea, el Supremo, el Congreso y la sociedad civil han logrado frenar en cierta medida el esfuerzo del presidente -√©l mismo aficionado a disparar- para que su pa√≠s se parezca a ese Estados Unidos donde la presencia de las armas es cotidiana. "Lo que est√° haciendo (Bolsonaro) al aumentar la capacidad de la gente de comprar armas y munici√≥n es muy peligroso. Un grupo radical est√° acumulando un arsenal", lo que, para Risso, supone "minar el Estado democr√°tico de derecho".

Practicar en el Black Beard es gratis para los polic√≠as y militares. Una pol√≠tica que, seg√ļn el propietario, nada tiene que ver con las relaciones p√ļblicas. Lo hace por compromiso social, porque unas fuerzas de seguridad mejor preparadas son buenas para el conjunto de la sociedad. Y recuerda que a diferencia de Estados Unidos o Europa, donde los agentes dedican sus horas libres a descansar, cuidarse o hacer ejercicio, muchos de sus hom√≥logos brasile√Īos, explica, trabajan como guardas de seguridad privada para llegar a fin de mes. Cobran poco y tampoco est√°n sobrados de autoestima, sostiene.

El due√Īo del club de tiro se fue hace unos d√≠as a la comisar√≠a de la ciudad, Salto de Pirapora, para llevar un regalo. Dos pistolas de nueve mil√≠metros para sendos polic√≠as que se enfrentaron a criminales que pretend√≠an secuestrar a un vecino. Publio est√° en campa√Īa para ser alcalde en las municipales de noviembre. Compite en terreno f√©rtil para su discurso armamentista porque Bolsonaro aqu√≠ sac√≥ m√°s del 70% en las presidenciales.

La firma presidencial también posibilita que, desde mayo, se pueda comprar en una tienda un fusil de calibre 7,62. Cuesta unos 14.000 reales (2.000 euros, 2.500 dólares). "Hemos vendido unos 650", explica al teléfono Clovis Aguiar, propietario de Isa, en São Caetano, el primer comercio autorizado. Aquí también hay una espera para llevárselo. Pero los primeros compradores ya tienen su fusil en casa.

 

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