Fuerte incremento del precio de combustibles en Ir√°n
Abril 2014

Tras la inevitable jornada previa de largas colas en las gasolineras, los iraníes han recibido con resignación los nuevos precios de los carburantes que entraron en vigor la pasada medianoche. El aumento, de hasta el 75% para la gasolina y el 60% para el gasoil, había sido anunciado con anterioridad como parte del plan para reducir los subsidios de los productos energéticos y acercar estos al valor de mercado. Aunque no hubo noticias de incidentes, esta nueva subida es otra prueba para los iraníes, que empiezan a desesperar ante la lentitud de la recuperación económica prometida por Hasan Rohani.

El litro de gasolina subvencionada ha pasado de 4.000 a 7.000 riales (de 9 a 16 céntimos de euro), un incremento del 75%. Cada automovilista tiene derecho a comprar 60 litros mensuales a ese precio. A partir de ahí, la gasolina libre se fija a 10.000 riales, frente a los 7.000 que venía costando hasta ahora. El gasoil sube de 1.500 a 2.500 riales (el 60%).

Aunque todav√≠a los precios siguen entre los m√°s baratos del mundo, el aumento coincide con un momento delicado. Rohani fue elegido presidente el pasado junio con la promesa de reavivar la econom√≠a, v√≠ctima de a√Īos de mala gesti√≥n y de las sanciones internacionales por el programa at√≥mico. Un a√Īo despu√©s, los iran√≠es no est√°n sintiendo a√ļn el efecto de la reducci√≥n de la inflaci√≥n (del 44% al 32%) o de las negociaciones nucleares, y algunos empiezan a perder la esperanza.

"¬ŅQu√© vamos a hacer? Necesitamos ir al trabajo y desplazarnos", comenta desde Teher√°n un profesional. La fuente asegura que la ciudad estaba tranquila y que no hab√≠a visto una inusual presencia policial.

En 2007, cuando se anunciaron las primeras medidas de racionamiento de los combustibles, hubo protestas en todo el país y algunos conductores indignados prendieron fuego a dos gasolineras en la capital. Desde que Irán nacionalizó la industria del petróleo en 1951, la política de subvenciones ha hecho que los iraníes vean la gasolina barata como un derecho. Eso ha llevado a un círculo vicioso de consumo desmedido.

A pesar de ser el cuarto productor mundial de crudo, el pa√≠s se ve obligado a importar una d√©cima parte de los 70 millones de litros diarios que utiliza, por falta de capacidad de refino. Seg√ļn datos oficiales, las subvenciones a los cereales, las medicinas y, sobre todo, a los productos energ√©ticos superan los 80.000 millones de d√≥lares, una sexta parte del PIB. Con la progresiva liberalizaci√≥n de los combustibles, el Gobierno espera que se reduzca su dispendio y tambi√©n reducir el contrabando hacia los pa√≠ses vecinos.

Desde que se iniciara el nuevo a√Īo iran√≠, el pasado 21 de marzo, tambi√©n ha subido el precio de la electricidad, el agua y el gas (entre un 20% y un 25%). Algunos diputados han advertido de que el aumento del coste de la vida puede generar protestas. El propio presidente ha reconocido el riesgo inflacionario de las medidas, pero conf√≠a en que liberar√°n 18.000 millones de d√≥lares para invertir en infraestructuras, producci√≥n industrial y transportes p√ļblicos.

El predecesor de Rohani, Mahmud Ahmadineyad, empezó a recortar los subsidios en 2010. Pero suspendió la segunda fase, prevista para marzo de 2012, ante el temor a que desatara una inflación incontrolada. Para compensar las subidas de los precios y evitar las protestas, también puso en marcha un controvertido sistema de ayudas económicas directas. Esas subvenciones (en la actualidad de unos diez euros mensuales por persona) debieran haberse limitado a los más pobres, pero se convirtieron en algo generalizado.

Ahora, ahora el nuevo presidente ha fracasado en su intento de que quienes no las necesitan renuncien a ellas. Despu√©s de una intensa campa√Īa publicitaria, solo 2,5 millones de iran√≠es se han dado de baja; un 95% de sus 77 millones de habitantes insisten en recibir esa ayuda que cuesta mil millones de d√≥lares mensuales al Estado.

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