
Cada vez que leo algo evito consultar explicaciones (ese es un recurso para después de concluida la lectura), hago eso porque es una conversación entre el autor y yo, y también me gusta ver por mí la sorpresa del autor, andar sin guía puede ser errar; ¿qué prefieren?
Siento que generar ese lazo es importante para establecer una base en la lectura, no es necesario que entienda o no, simplemente es cómo tomar un pasaje al trópico y dejarse llevar. Recuerda que cuando vuelves de un viaje puedes ya no ser el mismo.
¿Ustedes qué sienten? ¿Cuándo terminan de leer son los mismos?
Es a partir de esta forma de encarar la lectura que quiero hablar de un libro de poemas (poemario) de Sergio Taboada, “El tríptico tifón”, publicado por la editorial 3600.
Cuando lo leí por primera vez me topé con un libro sumamente complejo por la cantidad de referencias, idiomas y por el juego con palabras de uso habitual en el país. Elementos que vienen de totalidades mayores (idioma, citas, ¿el almuerzo?).
Ante tal juego mi mente se vio inmersa en la idea de tifón (en el sentido de fuerza natural producto del clima). Quizás porque me gusta sentir el vértigo de lo grande. Mi mente transformó al tifón en un agujero negro, en un momento les explico.
¿Miedo a equivocarme? ¿Por qué? ¿El libro es del autor, pero la lectura de cada quién? ¿Se animan a leer sin miedo al error? Sigamos errando entonces.
¿Por qué un agujero negro? Estos bichos están formados por: la singularidad que es el centro cuya densidad es infinita, el horizonte de sucesos que es el punto de no retorno, el disco de acreción que es la materia que está por ser absorbida, la esfera de fotones que es luz que orbita esta cosa, chorros relativistas que son partículas cargadas disparadas al espacio, y en algunos casos la ergosfera que existe en agujeros negros que rotan.
Este viaje lector se puso interesante, pues al leer los poemas del tríptico, me di cuenta de que el libro se configura aproximadamente como el disco de acreción y la esfera de fotones.
Tenemos el título “El tríptico tifón”, de este título y a modo de velada advertencia tomaré la palabra: tríptico (folleto informativo plegado en tres partes), esta palabra más que remontarme al número me habla de capas, de partes, es un aviso de un objeto complejo.
Y tenemos al T(t)ifón, ¿quizás hijo de Gea? Pero para mí es ese objeto espiral que atrae a un misterioso centro que nunca se deja ver.
La luz que vemos allá adelante es lo que podemos ver habitualmente en un poema, y son imágenes, metáforas, comparaciones, musicalidad, etc. Sin embargo, en el primer poema nos topamos con un primer rastro de materia.
“Vue des Cordillères…” ¿Quizás proviene del título de Humboldt (Vues des cordillères et monumens des peuples indigènes de l’Amérique)?
Pero la referencia desde mi lectura conforma un fragmento de lenguaje, mismo que fue parte de algo más, el libro de Humboldt. Este fragmento es separado del título para dejarlo ahí flotando en el poema y es un recurso importante en todo el libro, construir el evento a partir de fragmentos.
Otro detalle interesante e igual de importante es que está en francés. En el libro, el acto de emplear idiomas distintos es muy importante, pues remite a fragmentos de un objeto más grande, que se desprende por fuerza del tifón.
A medida que uno se interna en el libro, la poesía se va configurando en: “el horizonte de sucesos”, pues todo lo anterior se une al empleo de palabras cotidianas tipo: “llajwa” o expresiones tan emocionantes como: “Tengo que farrear.”
Es de esta forma que los tiento con un par de cosas: un fragmento de mi viaje personal, errante, por un libro de poesía muy complejo.
No deja de ser un espectáculo ver cómo un todo lo referencial se licua hasta tornar en poema. Esto sucede con elementos de distintos cuerpos: idiomas, lo cotidiano nacional y referencias que van transformándose en parte de un agujero negro, en un libro de poesía.
Y el misterio del núcleo que lo habita… ¿dónde está su singularidad?
Si me preguntan, creo que la singularidad a la que apunta es lo que llamamos realidad, la misma singularidad que tal vez rodea a la poesía. ¿O no?
No olviden que mi lectura está suelta, quizás errada. Sin embargo, lo importante es el acto de errar: esa palabra temida que suena a fallo, pero que yo quiero pensar y atesorar como camino, no como destino fijo.
Es ahí donde mi errancia se topa con glosarios, advertencias y aclaraciones que impiden que los trozos sean libres y pierden el valor de los objetos que orbitan un centro. ¿Virtud o defecto o una mala lectura? ¿Importa?
Aun así, su lectura es una buena excusa para perderse en el vértigo del tifón. ¿Se animan?












