
“Estados Unidos sí tiene interés en impedir que otros países desarrollen armas nucleares, pero no es necesariamente un interés por el que valga la pena ir a la guerra” afirma el ala aislacionista del movimiento MAGA a través de The American Conservative.
Hace cuatro meses, el portal paleoconservador The American Conservative, asociado al ala aislacionista del movimiento MAGA, publicó un texto claro y muy conciso bajo el título Don’t do it, Mr. President —No lo haga, señor Presidente—. El texto hablaba de la agresión imperialista contra Venezuela que, por aquel entonces, todavía no estaba clara, y sugería muy vehementemente que la Casa Blanca no debía proceder ante el riesgo de empantanarse en un conflicto prolongado en el Caribe.
Evidentemente, y en honor al propio título, el texto recomendaba abstenerse de atacar Venezuela. “Herbert Hoover y Franklin Delano Roosevelt sabiamente se distanciaron de la región. Evitaron el paternalismo de sus predecesores, considerando que los costos de la intervención y la ocupación superaban los supuestos beneficios. La Casa Blanca hoy está extrayendo las lecciones equivocadas de este ignominioso período de la historia diplomática estadounidense”, decía. Cada vez parece más claro que el sector no-intervencionista está perdiendo la interna en la política exterior estadounidense en la Era Trump 2.0.
Don’t do it (again), Mr. President
Aún así, The American Conservative sigue intentándolo, en esta ocasión con un texto que lleva por título War on Iran Is The Opposite of ‘Realism’ — La Guerra en Irán es Lo Opuesto al “Realismo”— en el que sugiere que el presidente Donald Trump considera que “una gran guerra con Irán es una gran idea”. Probablemente, a la luz del descomunal despliegue de recursos aeronavales en Oriente Medio —el más grande desde la guerra de Irak—, los aislacionistas tienen razón.
Aunque no está garantizado que se produzca un ataque cuantitativamente más grande que el del año 2025, indudablemente todas las condiciones específicas en la región, todas las declaraciones de la administración Trump y todas presiones del Estado de Israel apuntan en esa dirección. Ahora mismo, todo lo que no sea una guerra en Irán más cruda que la que tuvo lugar hace menos de un año tras los ataques de Tel Aviv contra la Repúblca Islámica sería una sorpresa.
Todo esto lo saben los aislacionistas republicanos, como son perfectamente conscientes de que el ala intervencionista, y muy específicamente los “primacistas” del repliegue hemisférico, está ganando la batalla por dirigir la política exterior trumpista. De hecho, están dándoles una paliza.
En The American Conservative dicen lo siguiente: “Esta administración afirma guiarse por un “realismo flexible” en política exterior. Pero ninguna variante de realismo, por flexible que sea, recomienda una guerra estadounidense contra la República Islámica de Irán en este momento. El realismo sostiene que la geografía y la distribución relativa del poder militar entre los estados determinan los intereses nacionales. Irán, al ser una potencia intermedia al otro lado del mundo, no representa una amenaza militar para Estados Unidos, la principal superpotencia mundial”.
Y añaden una verdad que, no por casualidad, suele estar ausente en buena parte de las piezas de los medios conservadores, así como de la progresía mediática, pero que sí tiene la crudeza de admitir el sector aislacionista del movimiento MAGA: que la ofensiva israelí-estadounidense contra Teherán no se explica por las armas nucleares. “Estados Unidos sí tiene interés en impedir que otros países desarrollen armas nucleares, pero no es necesariamente un interés por el que valga la pena ir a la guerra. Además, el cumplimiento previo de Teherán con el extinto acuerdo nuclear de 2015 y su actual disposición a negociar demuestran que, en el caso de Irán, este interés puede lograrse por la vía diplomática”.
Ahora que los aislacionistas parecen perder la disputa interna por el sentido del imperialismo trumpista, merece la pena leer sus análisis. Pueden permitirse ser absolutamente sinceros precisamente porque entienden que ya puede haberse cerrado la ventana de oportunidad para que sean ellos los que manejen la agenda internacional MAGA.
¿Solo queda esperar?
“What the hell does this have to do with Iran?”, se preguntan los autores. “¿Qué pinta Irán en todo esto?”. En realidad, bastante. Irán es el principal desafío a la hegemonía regional israelí, que es el proyecto estratégico de Washington en Oriente Medio. Necesitan un Israel todopoderoso, genocida y armado hasta los dientes para poder seguir controlando la región a través de un subordinado que ya no necesite su protección constante… Pero ese escenario puede estar todavía lejos si Irán no cae.
En realidad, es posible que la cautela que todavía debe quedar en la cabeza de Trump, Rubio, Hegseth y compañía les empuje a no dar el primer paso en Irán. Pero, a decir verdad, eso podría dar igual. Tampoco dieron el primer paso en 2025 —de hecho, estaban negociando con Teherán—, sino que lo hizo Israel para boicotear una posible normalización de la República Islámica a nivel regional e incluso global.
La concentración de recursos en torno a Irán es lo suficientemente grande como para que una retirada sin atacar sea percibida —y con razón— como una derrota en sí misma para Trump. Incluso si el presidente estadounidense no se anima a atacar e incluso si, de alguna extrañísima forma, se logran reencauzar las negociaciones, es muy posible que Israel sí lo haga. Si Israel ataca Irán, Irán responderá; si Irán responde, Estados Unidos intervendrá nuevamente. Esa es la realidad digan lo que digan los realistas.












