Israel amplía su invasión y ocupación de Líbano

Alejandro López | Diario Red
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líbano, atacado por Israel marzo 2026
Foto: EuropaPress
La profundidad de las acciones de Israel no tiene límites, con un Estados Unidos desatado, unos países árabes que no se encuentran en condiciones de mediar y unos europeos que se mueven entre el miedo a actuar y la complacencia del vasallaje.

La guerra regional aún puede expandirse. Hay un riesgo bastante evidente en esta clase de conflictos tan poco habituales. Y es que cuanto mayor es la extensión de una guerra, con más actores implicados y más variables en juego; más imprevisible se vuelve.

La guerra siempre tiene un fuerte componente de descontrol de las dinámicas, pero el conflicto con Irán ha estallado directamente como una guerra regional que afectó a más de una decena de países.

Como se venía gestando desde diciembre del año pasado, el gobierno israelí de Benjamin Netanyahu tenía en su punto de mira la realización de ataques sobre Irán y sobre Líbano. Y así se lo propuso el primer ministro israelí a Donald Trump en sendos encuentros en la Casa Blanca durante los meses de diciembre y enero.

Muchas teorías han circulado sobre si Estados Unidos estaba decidido a atacar a Irán desde el principio, como dejó ver en enero cuando retrasó la operación hasta la preparación de los grupos de combate de los portaaviones. Pero de entre las opciones sobre la mesa, una de las que más fuerza tiene es que Israel iba a lanzar esta campaña por su cuenta y, para poder controlar los tiempos de la misma, Trump se sumó y la lideró.

Sea como fuere, la acción armada contra Irán fue de tales dimensiones que era previsible una respuesta con ramificaciones por toda la región, con las menguadas fuerzas del Eje de la Resistencia interviniendo en los distintos frentes. Sin embargo, el primero de los botones que se presionó fue el de la extensión de la guerra hacia los países árabes que albergaban las bases estadounidenses que rodeaban Irán.

Además de ello y especialmente tras el magnicidio de Ali Jamenei, un jefe de Estado en ejercicio, los simpatizantes de la República Islámica y los seguidores religiosos del ayatolá Jamenei se movilizaron por toda la región. Pakistán, Irak, Líbano y Bahréin vieron una erupción del descontento y las protestas por el asesinato del ayatolá, así como por las consecuencias de los ataques por toda la región.

Como derivada entró en juego una limitada andanada de ataques desde Líbano sobre el norte de Israel, así como especulaciones sobre la autoría de los lanzamientos sobre las bases británicas en Chipre. A pesar de lo simbólico de la entrada de Hezbolá en el conflicto con dichos ataques, Israel obtuvo lo que buscaba: vía libre para retomar la guerra contra Hezbolá.

Desde el año 2024, cuando se alcanzó un acuerdo de alto el fuego en el Líbano, Israel ha seguido violando dicha tregua de manera recurrente. Por lo tanto, este pretexto le está sirviendo para terminar de consolidar los hechos ya presentes. La invasión y la ocupación del Líbano persistieron en cinco puntos limitados del sur, que se sumaban a las Granjas de Shebaa, que llevaban décadas ocupadas por Israel.

Además de esto, Hezbolá era perseguido por no haberse desarmado y se presionaba de manera conjunta desde los gobiernos de Tel Aviv y de Beirut para que se produjera tal desarme, al menos al sur del río Litani. El problema principal residía en que Israel no ofrecía ninguna garantía de seguridad para Líbano bajo el prisma de Hezbolá, ni estaba dispuesto a dar por concluida su ocupación por completo.

De esta manera, se abrían dos escenarios. Israel intervendría eventualmente de mayor manera, como estamos viendo, y causaría la creación de un frente contra la invasión por parte de la mayoría de las fuerzas libanesas, incluyendo al gobierno y al propio Hezbolá. O en su lugar, tras la presión de Israel para el desarme, el gobierno libanés se acabaría enfrentando con Hezbolá y estallaría una nueva guerra civil en el Líbano donde Israel apoyaría al gobierno central.

Por el momento, el escenario bélico iraní ha servido para posponer el contexto libanés hasta arrojarse Israel el pretexto de que Hezbolá ha roto el alto el fuego, lo cual es falso, ya que ese alto el fuego venía roto desde 2024 por parte de Tel Aviv. Adicionalmente hay que tener en cuenta que, aunque Israel esté enfrentándose a fuerzas de Hezbolá a medida que avanzan en su intervención terrestre, tanto esta como la entrada del grupo miliciano en el conflicto están resultando en un choque limitado.

La escalada todavía puede crecer notablemente. Israel ha comenzado, eso sí, retomando su doctrina Dahiya para lanzar ataques por Beirut, la capital, notablemente al norte de la frontera que se había marcado a la presencia de Hezbolá en el río Litani. Esta doctrina se aplicó durante la última guerra para atacar de manera indiscriminada sobre infraestructura y población civil. Por el momento se ha retomado la dinámica, pero no la intensidad del último conflicto.

Un elemento que nos ayuda a ver por dónde podría ir el conflicto, una vez entrelazado con la guerra regional de Oriente Medio, es el hecho de que el gobierno libanés, con el apoyo del líder chií del parlamento, ha buscado prohibir las actividades de Hezbolá. Por lo tanto, entre los escenarios que se abrían, Israel podría estar más cerca de causar un conflicto interno en el Líbano con su intervención que de crear un frente común frente a la invasión.

No obstante, todo está en el aire por el momento. El desarrollo más amplio de la guerra regional podría mover las dinámicas, especialmente si el desgaste de Irán sobre los países árabes fuerza a que Estados Unidos y sus socios asuman un mayor coste por el ataque a Irán. Esta opción sería clave para el devenir regional porque esta fue la estrategia que funcionó a los hutíes cuando Estados Unidos en coalición con países europeos y árabes lanzaron una nueva guerra contra ellos en Yemen durante el año 2025.

El Líbano es uno de los países que más ha sufrido durante estos últimos años en Oriente Medio. La profundidad de las acciones de Israel ahora mismo no cuenta con cortapisas, con un Estados Unidos desatado, unos países árabes que no se encuentran en condiciones de mediar y unos europeos que se mueven entre el miedo a actuar y la complacencia del vasallaje.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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