
El oro suele considerarse el símbolo por excelencia de una estrategia defensiva. Ante el riesgo de crisis, los inversores se apresuran a protegerse destinando recursos a este metal. Esto es especialmente cierto en momentos en que el mercado financiero desconfía de otros activos considerados seguros, como la deuda pública estadounidense y el dólar.
A principios de 2026, el oro alcanzó su máximo histórico, cotizando a 5318 dólares por onza troy. Y se había mantenido por encima de los 5000 dólares. Hace dos semanas, el oro se desplomó hasta el punto de anular las ganancias acumuladas durante el año. Solo el lunes, la caída fue del 7 %. Cabe mencionar que, en doce meses, el aumento acumulado supera el 40 %.
Más allá de la volatilidad, la caída se ha atribuido a la idea de que, con el recrudecimiento de la guerra en Oriente Medio, la inflación provocada por la escasez de combustible mantendrá los tipos de interés en Estados Unidos más altos de lo previsto, impulsando a los inversores a volver a los bonos del Tesoro estadounidense.
El lunes, los mercados financieros mundiales retrocedieron, reflejando el temor a una nueva escalada del conflicto. El presidente estadounidense, Donald Trump, intenta presionar a Irán con un ultimátum para que reabra el estrecho de Ormuz, mientras que el país persa se resiste. Según informes, Israel bombardeó la infraestructura de Teherán, provocando apagones. El precio del petróleo volvió a subir cerca de un 1%, hasta los 113 dólares.












