Embajadas, redes sociales e influencers en la cruzada por instaurar relatos

Por redacción dat0s con agencias
0
105
the guardian manejo de información

El plan de Washington para reinstalar la “visión estadounidense” en el mundo.

El debate argentino sobre la presencia de una red de espionaje rusa en las redes sociales activó una estrategia global que ordena a sus embajadas reclutar voces influyentes locales para respaldar sus intereses y contrarrestar la propaganda extranjera. Una tónica similar empieza a circular en Bolivia donde algunas voces parlamentarias anunciaron realizar investigaciones sobre desinformación rusa en el país.

investigaciones sobrre desinformación bolivia

Las estrategias de desinformación, propaganda extranjera e influencia digital quedaron en el centro del debate internacional luego de que Washington instruyera a todas sus embajadas y consulados a desplegar campañas activas para “apoyar los intereses estadounidenses” frente a lo que considera una ofensiva coordinada de “actores hostiles”. La directiva se conoció en un contexto especialmente sensible para Argentina, atravesada por las recientes denuncias sobre operaciones rusas en medios locales.

La orden surge de un cable diplomático firmado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, y revelado por el diario británico The Guardian, que detalla un amplio abanico de acciones destinadas a contrarrestar la propaganda antiestadounidense en el exterior. El documento insta a utilizar plataformas digitales, ampliar la difusión de contenidos y sumar actores locales para legitimar los mensajes.

La iniciativa estadounidense se da en paralelo a la revelación de investigaciones periodísticas que vinculan a operadores rusos con la financiación de contenidos falsos o engañosos en medios argentinos, con el objetivo de erosionar al gobierno de Javier Milei. En ese escenario, la política exterior y la comunicación estratégica pasaron a ocupar un rol central.

Según el cable, el fenómeno no se limita a un solo país. Washington advierte sobre campañas de influencia provenientes de Rusia, China e Irán, desplegadas a través de medios estatales, redes sociales y operaciones encubiertas, que -según el texto- representan “una amenaza directa para la seguridad nacional” de Estados Unidos y sus aliados.

La directiva de Washington: embajadas, redes sociales y operaciones psicológicas

El documento instruye a embajadas y consulados a cumplir cinco objetivos clave: contrarrestar mensajes hostiles, ampliar el “acceso a información”, exponer conductas de actores adversarios, amplificar voces locales afines a los intereses estadounidenses y reforzar lo que define como “contar la historia de Estados Unidos”. Para ello, se promueve el reclutamiento de personas influyentes, académicos y líderes comunitarios en cada país.

El cable es explícito al señalar que estas campañas buscan frenar narrativas que “culpan a Estados Unidos, siembran divisiones entre aliados y promueven visiones del mundo contrarias a los intereses estadounidenses”. El objetivo, según se aclara, es que los mensajes parezcan surgir de manera orgánica en cada sociedad y no como directivas centralizadas desde Washington.

Uno de los puntos más sensibles del texto es la indicación de coordinar acciones con la unidad militar conocida como MISO -Operaciones de Apoyo a la Información Militar- dependiente del Pentágono, históricamente asociada a tareas de operaciones psicológicas. No es habitual que el Departamento de Estado combine de forma abierta diplomacia pública con estructuras militares de este tipo.

Un vocero del Departamento de Estado aseguró a The Guardian que la subsecretaria de diplomacia pública, Sarah B. Rogers, convirtió la lucha contra la propaganda extranjera en una “prioridad absoluta” y que se utilizarán “todas las herramientas del arsenal diplomático”. Sin embargo, evitó pronunciarse sobre la coordinación con áreas militares.

El cable también ordena que la ayuda exterior estadounidense sea claramente identificada, con “la bandera al frente”, para que las poblaciones locales reconozcan el origen de los programas financiados por Washington. A la vez, instruye a convertir embajadas y centros culturales en nodos de distribución de noticias internacionales y análisis independientes traducidos a idiomas locales.

En ese marco, más de 700 “espacios estadounidenses” -bibliotecas, centros culturales y programas de intercambio- serán reposicionados como ámbitos de información “sin censura” y promovidos como zonas explícitas de libertad de expresión en países donde, según el diagnóstico oficial, la propaganda antiestadounidense es generalizada.

Los influenciadores locales y los líderes comunitarios se han utilizado históricamente para contrarrestar la propaganda antiamericana a nivel mundial, afirma el medio británico.

 


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
Si quieres apoyar nuestro periodismo aporta aquí
Qr dat0s