Israel lanza un torpedo contra la paz en Irán

Alejandro López | Descifrando la Guerra
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Foto: Getty Images

Un acuerdo que reforzase la posición iraní en Ormuz, el Golfo Pérsico o en Oriente Medio en general sería muy lesivo para los intereses israelíes. Y como tal pasaría factura a las aspiraciones electorales de Benjamin Netanyahu este otoño.

El acuerdo de paz en Oriente Medio está aquí. O no. Una vez más, lo que emana de la Casa Blanca resulta contradictorio con lo que termina ocurriendo apenas unas horas después. Este fin de semana el propio Trump lanzaba las campanas al vuelo ante la inminencia de una firma que diera carpetazo a la guerra que lanzó el último día de febrero.

Enseguida los analistas globales más cercanos a los círculos de poder estadounidense o israelí comenzaron una campaña de presión y lamento ante lo que parecía la definitiva apuesta de Trump por ofrecer concesiones a Irán. En teoría se estaban poniendo sobre la mesa una serie de demandas de la República Islámica que al principio de la guerra parecían del todo inasumibles.

La salida de las tropas estadounidenses del Golfo Pérsico, la entrega de los activos congelados iraníes o el levantamiento de sanciones aparecían de repente como una opción aceptable en la Casa Blanca. A pesar del poco eco que ha recibido la primera de las cesiones señaladas, por no implicar una contrapartida económica para Irán, esta es sin duda la decisión más seria y con implicaciones más profundas de entre la decena de asuntos actualmente en discusión.

Pero a pesar de que todas las exigencias iraníes serían lesivas para los intereses israelíes, la opción de que Estados Unidos reduzca su presencia y compromisos en Oriente Medio es la peor de todas las posibles. Israel ha demostrado tener una gran capacidad de influencia en la toma de decisiones del Despacho Oval, pero también destaca la necesidad que Washington tiene de Tel Aviv para mantener su influencia en la región.

Por este motivo Estados Unidos e Israel han conformado una suerte de equipo estratégico, cuya coordinación ha trascendido los gobiernos republicanos, con mayor o menos sintonía. Pero en conjunción con los lamentos de la comunidad analista pro-sionista, diversos políticos estadounidenses lanzaron advertencias contra la firma de un acuerdo que pudiera debilitar la posición conjunta con Tel Aviv.

De esta manera Trump ha tenido que negar la firma de tal acuerdo en apenas un día. El anuncio, previsto para algún momento del domingo 24 de mayo, requeriría aún algunas jornadas más para avanzar en un marco que sea más favorable para Estados Unidos.

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Las señales que llegaban desde Teherán y Washington hacían presagiar algún avance que liberase Ormuz de sus aprietos actuales, la disposición a normalizar relaciones a cambio de una moratoria nuclear y la obtención iraní de concesiones económicas. Tras las alarmas que sonaron en Israel, y su traslación al panorama político y mediático estadounidense, Trump matizó repetidas veces en el fin de semana y el lunes que no toleraría un nuevo acuerdo nuclear como el que firmó Barack Obama, el JCPOA.

De la misma manera, el presidente estadounidense equiparó el acuerdo nuclear con un camino destinado a la obtención del arma nuclear por parte de Irán. Y señaló a Obama como el facilitador de esta vía, que realmente no encaminaba a Teherán hacia tal proyecto armamentístico.

Desde Irán la percepción inmediata sería de un enfriamiento en la mesa de negociación. Se percibía un cambio de tono en la delegación estadounidense, buscando un endurecimiento de posiciones. Así que el gobierno iraní ha reconocido públicamente que, aunque se ha producido un acercamiento e incluso “una conclusión en una amplia porción de asuntos bajo discusión”, eso no significa que se vaya a producir ninguna firma de manera inminente.

Irán hablaba de vacilación en la clase dirigente estadounidense a la hora de tomar las decisiones que precisamente venían anunciando días antes. Además, el Ministerio de Exteriores iraní señalaba a Israel como responsable. Todos debatían sobre si el acuerdo sería integral, con más o menos concesiones, o si sería de mínimos dejando para más adelante la parte política más espinosa. Mientras tanto, Israel y varios políticos de la Administración Trump, entre ellos Marco Rubio, trataban de hacer explícito el derecho de Tel Aviv a mantener la guerra en Líbano.

“La entidad sionista está haciendo lo posible para evitar el acuerdo y esperamos ver acciones de Israel para torpedear el proceso de negociaciones entero. No descartamos nada”. Con estas palabras se señalaba desde el ministerio de Abbas Araghchi a Israel por dicho cambio de tono estadounidense. Pero el sentir no se hacía ver solo entre los ministros más radicales y el partido de Benjamin Netanyahu, sino que la oposición israelí, con Benny Gantz a la cabeza, señalaba que tal acuerdo sería inaceptable.

En cualquier caso, hay un elemento sobrevolando todo este proceso. Israel, del mismo modo que Estados Unidos, va encaminada a unas elecciones cruciales en otoño. Por ese motivo, un acuerdo que reforzase la posición iraní en Ormuz, el Golfo Pérsico o en Oriente Medio en general sería muy lesivo para los intereses israelíes. Y como tal pasaría factura a las aspiraciones electorales de Benjamin Netanyahu de revalidar el poder.

En mitad de todo este caos, Trump y Netanyahu necesitan vender éxitos con urgencia. Cuba y Líbano parecen ser los chivos expiatorios que han encontrado ambos líderes, respectivamente. Pero el republicano afirmó en su última reunión con los líderes árabes e islámicos de Oriente Medio que la guerra de Irán acabaría con un proceso de normalización con Israel, cuestión que habría dejado estupefactos a los líderes de Pakistán, Catar y Arabia Saudí.

Los Acuerdos de Abraham son el gran proyecto que Trump ideó para cerrar la crisis de Oriente Medio. Todos los países con buenas relaciones con Estados Unidos debían establecer lazos con Israel que pudieran culminar en una nueva arquitectura de seguridad e influencia regional. De esta manera se podría opacar la cuestión palestina y menoscabar las aspiraciones de países no alineados como Irán.

El proyecto naufragó gracias, precisamente, a Arabia Saudí. Pero la tentación en Riad ha sido constante a causa de la presión estadounidense. Todo permanece abierto en los términos del acuerdo de paz para Irán pero, desde luego, Trump y Netanyahu están haciendo muchos esfuerzos. Lo que no queda claro es hacia qué dirección.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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