¿Dónde está el límite de la Bolsa? Anthropic y SpaceX miden un mercado contradictorio

Las valoraciones exigentes ponen a prueba la racha bursátil, pero, irónicamente, las apuestas bajistas indican un nuevo impulso.
La IA ha movido los mercados durante los últimos tres años, pero tres de sus grandes protagonistas —OpenAI, Anthropic y xAI (adquirida por SpaceX en febrero)— no cotizan. Hasta ahora. Anthropic presentó el lunes sus planes para debutar en Bolsa ante el regulador bursátil estadounidense, dos semanas después de que lo hiciera SpaceX. La OPV de la empresa de Musk podría además materializarse en dos semanas, según adelanta la prensa estadounidense, aunque estas solicitudes no fijan una fecha concreta. Las tres empresas cuentan con valoraciones en torno al billón de dólares, según sus últimas rondas de financiación, y SpaceX incluso apunta a 1,8 billones en su estreno. Si mantienen estas cifras, el trío entraría de golpe entre las 20 mayores cotizadas del mundo, lo que ha reavivado el miedo a una burbuja de la IA en medio de unas Bolsas que extienden su racha alcista desde hace tres años y están en máximos históricos desde 2024.
“[La OPV de SpaceX] sería una burbuja en sí misma”, señaló Jim Cramer, analista de la cadena estadounidense CNBC, hace dos semanas en su programa. No es solo cuestión de vender a precios desorbitados las acciones de una empresa cuyo negocio se sustenta en promesas faraónicas como colonizar Marte y que, como se ha hecho público con la solicitud de salida a Bolsa, se encuentra en números rojos (como Anthropic y OpenAI). El problema, argumenta Cramer, es una simple cuestión de oferta y demanda: “Demasiada oferta y el mercado se rompe”, resumió.
Los datos de BCA Research apuntan a esta advertencia: la Bolsa estadounidense tiende a caer tras grandes OPV. Anthropic, SpaceX y OpenAI —esta última aún sin comunicar sus intenciones— alcanzarían una valoración conjunta de cuatro billones de dólares, cerca del 6% del mercado bursátil estadounidense, una expansión similar a la vista durante la burbuja puntocom. Y con ella han vuelto algunas expresiones. “El mercado está exuberante”, afirmó ayer en una entrevista Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan, recuperando la célebre advertencia de Alan Greenspan, gobernador de la Reserva Federal durante los excesos previos al pinchazo puntocom. Aunque el propio Dimon matizó: “La exuberancia puede durar mucho tiempo y no siempre es mala”.
Todos los grandes del mundo financiero insisten: es imposible prever con precisión una caída del mercado. Aun así, el debate sobre la duración de la racha alcista de la Bolsa ya acaparaba atención hace medio año, cuando el mercado empezó a dudar de la rentabilidad de las abismales inversiones para entrenar los modelos: sufrieron caídas de doble dígito Nvidia y Meta. Pero la fiebre ha vuelto: la llegada en enero de modelos con aplicación en el día a día de las empresas (y por tanto posiblemente más rentables) como Claude CoWork, de Anthropic, volvió a dar un vuelo al sector. El S&P 500 ya supera los 7.500 puntos, un 30% por encima de hace apenas un año. En Europa, el Ibex ha subido casi lo mismo y se sitúa en torno a los 18.100 puntos, a las puertas de batir su récord.
Una subida que, junto a las mega OPV, ha devuelto las alertas a primera línea. Michael Hartnett, analista de Bank of America, recomendó en su nota de cierre de mayo una serie de ajustes a las carteras, como aumentar la inversión en bonos, para el escenario posterior al pinchazo de la presunta burbuja de la IA. La cuestión ya no es si existe ni cuándo estallará, sino cómo será el mercado después de ella. Como destaca Hartnett, aunque el S&P 500 acabó el mes en máximo histórico, solo 20 de sus 500 valores cotizaban en récord, una concentración que no se producía desde marzo de 2000, justo antes del estallido de las puntocom.
Otros analistas ponen el foco en la economía, especialmente después de que la guerra en Irán redujera el suministro mundial de petróleo, encareciera los combustibles y haya elevado los precios en EE UU a su ritmo más acelerado en tres años. “El mercado está expuesto a una actualidad geopolítica muy cambiante y peligrosa”, advierte Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad. “Una resolución relativamente rápida del conflicto haría que estas valoraciones fueran aún más defendibles; un escenario más complicado, en cambio, podría llevar al mercado hacia algo que no parece estar plenamente descontado desde el punto de vista macroeconómico: más inflación e incluso una recesión”, concluye.
La guerra ha reavivado el temor a nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal. Si a principios de 2026 el mercado esperaba dos rebajas de tipos durante el año, ahora ya da una opción entre dos a que suban. Un escenario que tradicionalmente es malo para Bolsa y economía.
Sin embargo, en un mundo tan lleno de cifras, no faltan argumentos en ambos sentidos y la mayoría de los analistas de hecho sigue favorable a la Bolsa, según datos recopilados por Bloomberg. De media, esperan que el S&P 500 suba un 15% en los próximos 12 meses, hasta superar los 8.700 puntos. El mercado soportará incluso eventuales caídas de las grandes tecnológicas, argumentan algunos, como Mike Wilson, estratega jefe de renta variable estadounidense de Morgan Stanley.
“Habrá espuma y después correcciones, pero el mercado puede seguir avanzando”, afirmó Wilson al Financial Times la semana pasada, al anticipar correcciones de hasta el 20% en los próximos años. Los analistas de UBS van en la misma línea en un informe de esta semana: “La próxima fase de subidas del mercado probablemente estará marcada por una ampliación del liderazgo más allá [de las grandes tecnológicas]”.
Muchos alcistas también suelen recordar que, históricamente, los máximos tienen más probabilidades de prolongarse que de anticipar una caída. Los datos apuntan en esa dirección: en más del 75% de los casos desde 1928, el S&P 500 mantuvo su racha de máximos históricos durante al menos cinco años, según datos recopilados por Yahoo Finance. Así, al mercado todavía le quedaría recorrido hasta finales de 2028.
Hoy, los alcistas de la Bolsa estadounidense podrían encontrar en un aliado inesperado el combustible adicional que necesita el mercado: los bajistas. Las posiciones cortas en acciones estadounidenses y canadienses aumentaron en casi 100.000 millones de dólares desde finales de abril, hasta alcanzar los 2,13 billones de dólares; ya equivalen al 3% de la capitalización bursátil de las empresas del S&P 500, el nivel más alto desde finales de 2011, según datos de Goldman Sachs.
El banco de inversión ve la concentración de las posiciones cortas como un factor favorable. Este dinero apostado contra la Bolsa es susceptible de volver al mercado. Es más, puede hacerlo a toda prisa; si los inversores bajistas se ven obligados a cubrir o cerrar estas posiciones cortas, una operación conocida como short squeeze, deben recomprar acciones para devolver los títulos que habían tomado prestados de sus brókeres. Eso tiende a amplificar los movimientos al alza, especialmente en los sectores donde el sentimiento negativo se ha acumulado con más fuerza.
“Vemos potencial para seguir subiendo desde aquí, pero es más probable que el siguiente tramo esté impulsado por cierres forzosos de posiciones cortas en los rincones menos queridos del mercado y por riesgos para la fiebre del momentum”, escriben los analistas de Goldman Sachs. El tiempo comprobará quién tiene razón.












