
Megacárceles en la región | Elaboración: InSight Crime
- Desde la inauguración del CECOT de Bukele en 2023, gobiernos de 10 países de la región han propuesto construir 16 megacárceles.
- La historia ha demostrado que encarcelar a grandes cantidades de personas no es una política eficaz contra el crimen. Las prisiones con poco personal y escasos recursos son un caldo de cultivo para la violencia.
Desde que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, inauguró su famoso Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) hace tres años, varios líderes de América Latina han intentado seguir sus pasos con la esperanza de replicar el éxito salvadoreño en la represión de las pandillas.
El CECOT es una de las piedras angulares de la política de mano dura de Bukele contra el crimen organizado en El Salvador. La prisión está ubicada en Tecoluca, a unos 70 kilómetros al este de San Salvador, y tiene capacidad para 40.000 reclusos.
La prisión, construida en tan solo siete meses, fue inaugurada en febrero de 2023 en medio de un gran despliegue mediático que dejó videos dramáticos de reclusos tatuados y sin camisa corriendo hacia enormes pabellones; guardias fuertemente armados patrullando frente a filas de hombres sentados muy juntos y con la cabeza agachada; e imágenes aéreas de los extensos terrenos del complejo. Todo el material fue cuidadosamente producido y ampliamente difundido en redes sociales por el gobierno de Bukele. El gobierno de Bukele ha encarcelado a casi el 2% de la población del país en el CECOT y en otros centros penitenciarios.
La campaña del presidente salvadoreño comenzó en marzo de 2022, después de que una masacre perpetrada por pandillas dejara 86 muertos. En respuesta, Bukele decretó un régimen de excepción que suspendió numerosos derechos constitucionales y flexibilizó las reglas para realizar detenciones por cargos de crimen organizado. El régimen de excepción, que desde entonces ha sido renovado durante 52 meses consecutivos, llevó a la captura de decenas de miles de presuntos pandilleros y colaboradores. También dio lugar a numerosas denuncias de abusos contra los derechos humanos, desde detenciones arbitrarias hasta torturas.
Los esfuerzos sostenidos de Bukele lograron debilitar a la Mara Salvatrucha (MS13) y a Barrio 18, las pandillas que otrora aterrorizaron a El Salvador, tras décadas de intentos fallidos de otros gobiernos.
Múltiples líderes de América Latina intentan imitar la estrategia de Bukele, incluida la construcción de sus propias “megacárceles”. Durante su mandato como presidenta de Honduras, Xiomara Castro anunció planes para construir una megacárcel con capacidad para 20.000 reclusos. Rodrigo Chaves en Costa Rica y Dina Boluarte en Perú anunciaron proyectos similares durante sus presidencias. Los gobiernos de Daniel Noboa en Ecuador, José Raúl Mulino en Panamá y Bernardo Arévalo en Guatemala ya han comenzado a construir este tipo de prisiones. El recién elegido presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, dijo en campaña que planea construir 10 nuevas megacárceles durante su mandato. Sin embargo, muchas de estas iniciativas funcionan más como gestos políticos que como cambios sustanciales de política pública.
Propuestas para construir nuevas megacárceles en la región
Desde la inauguración del CECOT en 2023, gobiernos de 10 países de la región han propuesto construir 16 megacárceles.
Varias de estas prisiones no han pasado de la fase de propuesta, o su construcción fue suspendida poco después de su inicio. Los planes para construir una prisión en las Islas del Cisne, en el Caribe hondureño, fueron descartados por motivos de protección ambiental. Una propuesta para construir un centro penitenciario con capacidad para 30.000 reclusos en Ananea, en el departamento de Puno, al sur de Perú, ni siquiera fue aprobada. Aunque otros proyectos en Panamá, Ecuador y Perú ya recibieron autorización, su construcción aún no ha iniciado.
Ecuador
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, ha sido uno de los principales defensores del enfoque de mano dura. Al igual que Bukele, Noboa declaró un conflicto armado interno contra los grupos criminales del país en enero de 2024, cuyo uso de la violencia se disparó en medio del aumento de los flujos de cocaína. Desde entonces, ha propuesto la construcción de varias prisiones. “Para todos los Bukele lovers, es una cárcel igualita”, afirmó al anunciar sus planes penitenciarios.
Una de ellas ya está en funcionamiento, el Centro de Privación de Libertad Santa Elena N.º 1, también conocido como “El Encuentro”, en la provincia de Santa Elena, en el occidente de Ecuador. En noviembre de 2025 se anunció otro centro con capacidad para 15.000 reclusos, aunque aún no se han divulgado más detalles.

Paraguay
El Centro de Reinserción Social de Minga Guazú, en Alto Paraná, Paraguay, es la otra megacárcel de la región que ya está en funcionamiento, aunque es mucho más pequeña que el CECOT de El Salvador. Construida para albergar a poco más de 1.300 reclusos de alta seguridad, comenzó a recibir traslados masivos en agosto de 2025.

Argentina
Rosario, la tercera ciudad más grande de Argentina, se ha convertido en los últimos años en uno de los principales focos de violencia y tráfico de drogas del país. A menos de 16 kilómetros de la ciudad avanza la construcción del Centro de Reclusión para Internos de Alto Perfil (CERIAP), apodado “El Infierno”.

Una megaobsesión con un modelo defectuoso
El término “megacárcel” se ha convertido en una palabra de moda entre los líderes de la región que buscan proyectar políticas de mano dura contra el crimen. Sin embargo, hasta ahora, y pese a replicar el libreto de Bukele, ninguno ha obtenido los mismos resultados.
Aunque el tamaño por sí solo no explica el éxito del CECOT, la mayoría de los centros propuestos son considerablemente más pequeños, pese a que se promocionan como megacárceles.
Pero maximizar la capacidad penitenciaria no es una fórmula confiable para alcanzar el éxito.
La historia ha demostrado que encarcelar a grandes cantidades de personas no es una política eficaz contra el crimen. Las prisiones con poco personal y escasos recursos son un caldo de cultivo para la violencia. Los reclusos forman grupos para protegerse y comienzan a competir por territorio y negocios dentro de las cárceles.
Algunos de los grupos criminales más poderosos de la región surgieron en prisiones hacinadas. Entre ellos se encuentran el Tren de Aragua, que nació en la cárcel de Tocorón, en Venezuela, y en pocos años se convirtió en una de las mayores amenazas criminales de la región; los principales grupos criminales de Brasil, el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) y el Comando Rojo (Comando Vermelho, CV); así como Los Choneros, Los Lobos y los Tiguerones en Ecuador. En El Salvador, las prisiones también funcionaron durante años como sedes de facto de las pandillas.
Haber surgido tras las rejas hizo poco para frenar el crecimiento de estos grupos. La mayoría terminó controlando las cárceles que ocupaba y utilizándolas como centros de operaciones para sus actividades criminales, fuentes constantes de reclutamiento y plataformas para expandirse en las calles.
El CECOT es una excepción debido a su enfoque en el encarcelamiento de por vida y a sus condiciones extremadamente restrictivas. Los reclusos no pueden tener contacto con sus familias ni con el mundo exterior. Permanecen confinados en celdas hacinadas y sin ventanas. La mayoría no tiene acceso a asistencia jurídica y los reclusos pueden ser sometidos a aislamiento por cualquier presunta falta de conducta. Estas condiciones por sí solas violan los derechos humanos de los reclusos. Además, se han denunciado abusos físicos y psicológicos sistemáticos. En juicios masivos contra cientos de reclusos al mismo tiempo, las autoridades dictan condenas colectivas de cientos o hasta miles de años. Si bien el sometimiento extremo logró doblegar a las pandillas en El Salvador, la oposición política, la resistencia ciudadana y las restricciones financieras dificultan que otros países repliquen el modelo.
Las megacárceles abordan los síntomas del crimen organizado, no sus causas. En Panamá, la pobreza impulsa el crecimiento de las pandillas. En Costa Rica, los narcotraficantes han aprovechado las vulnerabilidades de los puertos para ganar terreno. En Guatemala, la corrupción generalizada debilita los esfuerzos de seguridad y permite que las pandillas prosperen.
El aumento de la producción y el tráfico de cocaína desde Colombia y Perú, y a través de Ecuador, continúa impulsando la competencia y el crecimiento de los grupos criminales en esos países y en toda la región. En el mejor de los casos, las megacárceles son una respuesta parcial a problemas arraigados en condiciones sociales, políticas y económicas mucho más profundas.
Fuentes y metodología
Esta investigación fue construida a partir de una revisión de declaraciones gubernamentales, comunicados oficiales, informes y otras fuentes disponibles públicamente. La información proveniente de reportes de medios de comunicación fue verificada con múltiples fuentes independientes. También se emplearon imágenes satelitales para confirmar la ubicación, la construcción y el estado de algunos de los centros penitenciarios.












