La Administración de Trump encara en el mercado de deuda su gran batalla financiera

El País
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  • La deuda de EEUU superó los 40 billones de dólares la semana pasada, el 124% del PIB, y el déficit previsto para este año es del 5,8%, sin perspectivas de corrección.
  • Aunque el bono americano es referencia mundial, el Tesoro tiene competencia para venderla: desde Europa hasta Japón, pasando ahora por los gigantes tecnológicos, el mundo emite cada vez más deuda.
  • Además, sin acuerdo de paz con Irán, el petróleo sigue por encima de los 90 dólares. El mercado cree que queda inflación para rato (3,4%), por lo que los inversores exigen más rendimiento para compensarla.

Hace ya 34 años que un grupo de hábiles tiburones de las finanzas lograba la inverosímil hazaña de ganar por fuerza bruta al Banco de Inglaterra. Apostaron contra la libra esterlina y lograron que los mercados dieran la espalda al Banco de Inglaterra. La libra soltó amarras con el Sistema Monetario Europeo y nació un mito: George Soros, el especulador que derrotó al ex imperio. Hoy, uno de los cerebros que planeó aquella operación, Scott Bessent, es secretario del Tesoro, gurú económico de Donald Trump (pese a que Soros es un supervillano del universo Maga) y general en jefe de otra gran guerra financiera, al mando esta vez de los funcionarios. El campo de batalla es la deuda de Estados Unidos, y el objetivo, contener la subida de sus intereses.

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¿Por qué los tipos de la deuda de EE UU han subido a máximos?

El bono a 30 años llegó la semana pasada al 5,33% (máximo desde 2007) y el de 10 años rozó el 4,75%, cerca también del récord de décadas. El motivo principal es el desequilibrio de las cuentas públicas de EE UU. La deuda del país superó los 40 billones de dólares la semana pasada, el 124% del PIB, y el déficit previsto para este año es del 5,8%, sin perspectivas de corrección. El expresidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, solía asegurar públicamente que el déficit de EE UU no es insostenible; su camino sí lo es. Además, sin acuerdo de paz con Irán, el petróleo sigue por encima de los 90 dólares. El mercado cree que queda inflación para rato (3,4%), por lo que los inversores exigen más rendimiento para compensarla. Y aunque el bono americano es referencia mundial, el Tesoro tiene competencia para venderla: desde Europa hasta Japón, pasando ahora por los gigantes tecnológicos, el mundo emite cada vez más deuda.

¿Es esto importante para Trump?

Mucho. A poco más de dos meses para las elecciones legislativas (midterms), los tipos de interés impactan sobre una ciudadanía que ya soporta una inflación elevada. Las hipotecas en EE UU se fijan de acuerdo con la deuda a 30 años, y han pasado del 6% previo a la guerra de Irán al 6,65%. La mejora del coste de la vida, el control de los tipos de interés de la deuda y el reequilibrio presupuestario eran tres grandes objetivos de política económica para el presidente, y ninguno se está cumpliendo. Tras decretar la guerra arancelaria en abril de 2025, los intereses de la deuda forzaron la tregua. Ahora, la Casa Blanca se ha vuelto a topar con el mercado de bonos: “La posibilidad de perder el control sobre los tipos a largo plazo dejó al Tesoro estadounidense sin más opción que sorprender a los mercados”, explica el banco de inversión Edmond de Rothschild.

¿En qué ha consistido la intervención?

El miércoles pasado anunció un cambio en su estrategia en el mercado para duplicar las recompras de deuda pública de largo plazo. El giro pilló por sorpresa a los inversores, pues apenas dos semanas antes el Tesoro había anunciado sus objetivos para este tipo de operaciones, y tuvo efecto inmediato: la deuda se recortó. Pero el impacto ha sido limitado; poco después los tipos han vuelto a acercarse a los niveles de máximos previos al anuncio.

¿Qué opinan los analistas?

“Intentar poner techo a las rentabilidades en el entorno actual es como tratar de subir por una escalera mecánica que baja”, señala de forma gráfica Warren Hyland, de la gestora Muzinich. La medida tiene más de señal política que efectos reales: el volumen de nuevas recompras es inferior al de una subasta de deuda estándar, y las operaciones se financian con más deuda, pero de corto plazo. “El intento del Tesoro no ha hecho más que llamar aún más la atención sobre el problema subyacente”, resume por su parte ING. Lazard prevé que los déficits de EEUU superen el 6% del PIB cada año durante la próxima década, y la deuda podría alcanzar el 140% del PIB en 2036. Pimco, la mayor gestora de deuda del mundo, no espera una crisis de deuda, pero sí episodios de volatilidad. “Aunque los flujos de capital y los tipos de cambio podrían actuar como válvula de escape, la reducción del déficit es el único ancla duradera. Observamos poco interés por la austeridad fiscal”.

¿Puede el Gobierno de Trump intervenir el mercado por otras vías?

Ya lo ha hecho, hace pocas semanas. Bajo el acuerdo con Japón a principios de mes para frenar la caída del yen, Bessent pactó también una poco habitual línea de financiación en dólares para que el Banco de Japón, cuando quiera comprar yenes, no venda bonos del Tesoro de Estados Unidos. Una medida preventiva (Japón es de los mayores tenedores de deuda de EE UU) que ya apuntaba la preocupación de Washington. La Administración de Trump ha dado ya repetidas muestras de un intervencionismo directo en el mercado: desde el acoso a Jerome Powell a los aranceles de quita y pon, pasando por el préstamo milmillonario a la Argentina de Milei o los vaivenes en el golfo Pérsico al ritmo del brent. Ahora bien, mover el mercado de bonos, de 32 billones de dólares de volumen y dominado por inversores profesionales (los llamados bond vigilants) es otro nivel. “No descartaríamos el posible impacto de nuevas medidas, sobre todo teniendo en cuenta que los responsables políticos han manifestado ahora una mayor disposición a intervenir si las condiciones del mercado se deterioran”, advierte UBS.

¿Qué efectos tiene en el conjunto del mercado?

El mercado de deuda tiende a ser más estable que la Bolsa, pero cuando se mueve, sus efectos son mayores, algo de lo que pueden dar fe ministros de finanzas de cualquier tendencia política. La deuda a 10 años de Estados Unidos es el activo libre de riesgo de referencia global: los bancos centrales, los bancos comerciales y los grandes inversores que quieren dejar su dinero a buen recaudo lo colocan en esta deuda americana. Por eso, si suben sus tipos de interés (y baja su precio), los efectos resuenan en todo el mundo: descuadra los precios relativos de los activos, reduce la tolerancia al riesgo y eleva el coste de financiación para gobiernos y empresas.

De momento, la Bolsa mantiene el tipo, pero algunas ondas de choque ya son patentes, como la debilidad del dólar que, según el consenso de los analistas, es de momento el gran perjudicado, tanto por ser un reflejo de las preocupaciones fiscales como por la incertidumbre que puedan suponer nuevas medidas del Tesoro. En línea con lo ocurrido en 2025, la debilidad del dólar ha venido de la mano con la subida del oro, puesto que los inversores cambian un activo de referencia por otro.

¿Qué papel puede jugar la Fed?

La tormenta llega poco antes de que arranque Jackson Hole, la principal convención de banqueros centrales del mundo y donde la Fed acostumbraba a marcar algún tipo de hoja de ruta. Pero el nuevo presidente ha optado por no dar pistas al mercado. Así, la expectación es máxima, al igual que la incertidumbre. “Esperar grandes señales de política monetaria podría resultar decepcionante e incluso aumentar las tensiones en el tramo largo de la curva de tipos”, advierte la gestora francesa Natixis. No lo ve así Bank of America: “Esperamos que el presidente Warsh modifique su discurso para ayudar a contener el tipo de interés de los bonos. Si no lo hace, nos preocuparía la posibilidad de que el tipo de interés de los bonos subiera hasta el 5,5%”, indica.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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