El meme se hace mayor y ayuda a entender este mundo en llamas

El País
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meme apocalíptico

Las bromas que nacen y mueren en internet se han convertido en píldoras que explican desde lo más banal hasta lo más profundo.

Los memes se han convertido en el lenguaje más nítido y directo de la cultura digital: fragmentos condensados de realidad que sintetizan la complejidad del presente y circu­lan a la misma velocidad de una sociedad rendida a la hiperestimulación. Desde el Dancing Baby de los años noventa hasta las plantillas infinitas de X (antiguo Twitter), Instagram o TikTok, los memes han evolucionado de simples bromas efímeras a auténticos sistemas de descodificación del mundo, cápsulas semióticas que permiten procesar lo político, lo social y lo íntimo con ironía, humor y una suerte de lucidez colectiva.

“Como cualquier tipo de arte, los memes reflejan los sentimientos y perspectivas de quienes los crean. Pero también muestran cómo se sienten las audiencias que les dan ‘me gusta’, los comparten o los reenvían”, explica Aidan Walker, escritor e investigador de cultura digital. Su Substack se llama How to do Things with Memes (cómo hacer cosas con memes). “No siempre se trata de hacer reír. Los memes son formas de comunicación rápidas, pero nos permiten ver cómo se organiza la atención y cómo se expresan identidades colectivas”.

Eudald Espluga, filósofo y periodista especializado en cultura digital, observa que los memes siempre llevan un marco valorativo: “No los veo tanto como síntoma de crisis de la atención, sino como una expresión de cómo el capitalismo de plataformas segmenta y predefine aquello a lo que prestaremos atención”. Señala que los memes transforman el malestar social en humor, pero su función depende del contexto: “El mismo meme puede servir para concienciar sobre el acceso a la vivienda como un problema colectivo, si lo crea el Sindicato de Inquilinas, o para vender más alitas de pollo si lo publica KFC”.

Los memes que expresan fatiga o cinismo —los llamados memes apocalípticos— funcionan como señales de alarma colectiva, redirigen la atención hacia nuestra capacidad de actuar ante problemas como la crisis climática o el mercado de la vivienda. “El ejemplo perfecto es el meme de This is Fine, que originalmente era un meme del artista KC Green, de nombre Question Hound, que dibujó como una forma crítica de representar el estado anhedónico inducido por antidepresivos”, recuerda Espluga. “Cuando se resignificó como meme apocalíptico, se perdió el resto del cómic: el momento en que el perro se levantaba de la silla, dejaba su café y empezaba a gritar que nada estaba bien, que debíamos hacer algo para cambiar las cosas”.

Así pues, los memes también desempeñan un papel social y político. Paolo Gerbaudo, profesor de política digital y director del Centre for Digital Culture del King’s College de Londres, apunta que “permiten construir identidades colectivas, especialmente en comunidades marginadas. Activan debates que de otro modo serían inaccesibles”. La observación conecta con la idea de Walker: algunos son propaganda; otros informan y comentan acontecimientos actuales. “Lo ideal sería que periodistas y medios aprendieran a trabajar con comunidades de creadores para informar mejor al público”, concluye.

Walker añade que los memes son también espacios de juego colaborativo y encuentro transnacional: “Personas de distintos países, procedencias y pensamientos se encuentran a través de los memes”. Pero también subraya sus límites, ya que “muchos aspectos de la realidad quedan fuera de la lógica de la memificación. A menudo se trata de cosas que son menos fáciles de compartir o comunicar, más abstractas y ambiguas. Además, tienden a sobrerrepresentar los sentimientos de quienes pasan mucho tiempo en internet, y eso no representa a todo el mundo”.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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