
Una larga conversación sigue el inquietante viaje a San Lorenzo de Moxos, población (islote en época de lluvias) difuminada en las aguas que conforma un gigantesco bolsón que llegan del río Tijamuchi en la provincia Moxos del departamento del Beni. Cristófalo (nombre ficticio) es un activo ganadero impulsor de proyectos en la zona. Él ha dispuesto en persona a un equipo para que atienda y haga de guía del grupo de producción que partirá a la zona en una avioneta Cessna que hace vuelos a las provincias en el departamento del Beni.
Todos escuchan atentamente las consideraciones de Cristófalo en el lobby de uno de los hoteles de Trinidad, un día antes del viaje. El plan inicial consiste en filmar desde una de las alas del monomotor la llegada a la pista de San Lorenzo encharcada por las lluvias de los últimos días. El equipo se propone producir un documental en torno a la rica cultura de Moxos y su conocimiento de ingeniería hidráulica que abarca gran parte de la geografía del departamento, sedimentada en el origen de su población milenaria donde se cree vivieron alrededor de seis millones de personas que hablaban 18 lenguas originarias de las que apenas se conservan cuatro.
La charla normal (con Cristófalo) estaría disponiendo el desplazamiento de las cámaras, los equipos de producción y la realización del documental. Se han contabilizado más de 1.600 canales de navegación, un significativo número de lagos artificiales que dieron formación a una de las culturas milenarias que vivieron en los años 1.500 antes de Cristo. Es inexplicable la forma como los antiguos pobladores de estas calientes tierras de la selva amazónica podían transportar toneladas de tierra para construir lomas y plataformas en las que vivían para evitar ser alcanzados por el torrente de las caudalosas aguas en la época de la crecida de los ríos (las inundaciones tan comunes en el Beni); la comunicación abarcaba una expectante capacidad de orientación y sobrevivencia para consolidar estas impresionantes obras de infraestructura. Se calcula que se construyeron más de 20.000 lomas en la provincia de Moxos.
El significado de las lomas
Las lomas eran lugares semi sagrados consagrados al agradecimiento de su cosmovisión que abarcaba el respeto a los elementos de la naturaleza: árboles, animales, plantas medicinales y a la fertilidad de la tierra que producía arroz, yuca, banano en general y otras plantaciones comestibles y medicinales. En las lagunas que bañaban estos promontorios de tierra orientaron la crianza de una infinita variedad de peces (pacú, sábalo surubí, raya, piraña, tucunaré, dorado y otros), su principal alimento.
La idea de la producción
El equipo de producción quiere comenzar el recorrido mostrando la transición de esta rica cultura en la vida que hoy llevan los habitantes de San Lorenzo; si se mantienen vivas las costumbres de recorrido en canoas (cascos), si la pesca y la comunión con la naturaleza que abarca la experimentación chamánica con hierbas alucinógenas (ayahuasca) siguen enraizadas en su vida cotidiana. Hay dos maneras de saberlo: viajando desde Trinidad en una avioneta Cessna o saliendo a través de una extenuante travesía por la inmensidad de sus ríos hasta alcanzar el islote como por la encantada mano de Dios. Un viaje 80 kilómetros hasta San Ignacio de Moxos que toma cinco largas horas de viaje por una carretera anegada de barro.

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“No es una buena idea llegar con cámaras”
Cristófalo reflexiona de entrada sobre una realidad que la producción debe saber. El hombre de alrededor 50 años, hace señas complacientes a la introducción y los motivos que han traído al equipo de producción hasta el Beni, pero cuando comienza su exposición advierte que no es una buena idea llegar con cámaras encendidas al “aeropuerto” de San Lorenzo. El pueblo que hace pocos años vivía enclaustrado en el ostracismo que permitía escenas alucinadas viendo caer peces del cielo en la época de lluvias (los huevos se elevan por efecto de la vaporización), lagartos cruzando sus calles y solazarse con las historias misteriosas contadas por los abuelos, hoy es un punto de aprovisionamiento de combustible y carga del narcotráfico.
“No es una buena idea llegar con cámaras encendidas”, simplifica Cristófalo. Recomienda bajar del avión con todos los cuidados para no llamar la atención de quienes apoyan esta actividad ilegal que ha crecido en el Beni y que para los terruños es “algo normal”. “He dispuesto a mi gente que se los esperare mañana en el ´aeropuerto´ a su llegada -dice Critófalo-; hemos hecho correr la voz de que su llegada tiene que ver con motivos de una producción de cine”.
Hacer correr la voz se considera una estrategia de sinceramiento que abona un componente adicional de adrenalina al viaje y reduce los riesgos de llegar por sorpresa exhibiendo equipos de filmación.
Efectivamente, en el “aeropuerto” insigne de San Lorenzo dos bandos se reparten la responsabilidad del recibimiento. Por un lado, la gente de Cristófalo y, por otro, un grupo de jóvenes expectantes en motocicletas que observan en silencio los movimientos del equipo de producción. Es un secreto a voces (figura que conforma el aglomerado idiomático de la zona) que las avionetas que llegan a la pista de San Lorenzo se abastecen de combustible para seguir vuelo con dirección a Brasil y Paraguay, no pueden transportar más de 500 kilos (media tonelada) en el mejor de los casos si quieren llegar a destino.
La estadía en San Lorenzo sigue las consideraciones dispuestas en el guion de la producción: tomas áreas (limitadas), entrevistas con pescadores, la conexión chamánica, un par de imágenes de la población anegada de las aguas que suben y bajan a riesgo de dejarnos en playa, de no ser, esta estacional actividad milenaria de construir lomas para seguir existiendo los embates de la increíble voracidad de la naturaleza.

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