El tráfico de pieles de caimán afecta al 85% de las especies en Bolivia

El País
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caimán en peligro de extinción bolivia

Cuatro de las seis clases registradas en el país presentan algún grado de amenaza según la más reciente edición del Libro Rojo de los Vertebrados

La piel de caimán está detrás de gran parte de la ropa y accesorios de los pequeños centros urbanos levantados alrededor de la Amazonia. En Bolivia, se puede ver en sombreros de vaquero, cinturones, carteras, bolsos, botas o cualquier tipo de marroquinería. Gracias a un programa de aprovechamiento y la legislación boliviana que controla la caza del reptil, su vulnerabilidad se ha reducido en algunas poblaciones después de que casi alcanzara la extinción en la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo, la caza furtiva y la vulnerabilidad de estos animales están lejos de desaparecer. Así lo refleja la más reciente edición del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia, publicado en junio pasado después de un silencio editorial de 17 años. Cuatro de las seis especies del orden Crocodylia registradas en el país presentan algún grado de amenaza. “Es un 85 % del total”, aclara uno de sus autores, el herpetólogo Oliver Quinteros.

La imagen que difundió en octubre de 2025 un comunario de una pila de cadáveres de caimanes en descomposición y sin piel abrió la herida de una sociedad que todavía aprende a cuidar su fauna. Los cuerpos pertenecían sobre todo a la especie yacaré (Caiman yacare), ampliamente distribuida por el territorio amazónico y que ha ido mejorando su estado de conservación progresivamente, hasta llegar al actual: “preocupación menor”. Es uno de los mejores resultados de los planes de manejo impulsados en la década de 1990 para frenar su caza furtiva. “Se asignan cupos a ciertas áreas protegidas o comunidades originarias que solicitan permiso a las autoridades gubernamentales para poder aprovechar el caimán”, explica Quinteros. El reglamento prohíbe, por ejemplo, cazar ejemplares juveniles o hembras y determina ciertas épocas del año permitidas para esta práctica.

La caza controlada ha permitido que el caimán yacaré sea uno de los dos de la especie, junto al Caiman crocodilus, que no presenta ningún grado de amenaza. Pero no ha sido tan rápida la recuperación del caimán negro (Melanosuchus niger), considerado uno de los mayores depredadores de la Amazonia y que en 2009 bajó de categoría “en peligro” a apenas “vulnerable”. Pudiendo alcanzar los seis metros de longitud, nocturno y habitante de pantanos, bosques húmedos y lagunas, el cuero de su negruzco dorso tiene un alto valor en el mercado informal. “Está siendo rescatado de a poco. Sufre mucho la presión de la caza ilegal, a pesar de la veda general”, sostiene Quinteros.

En 1990, se promulgó mediante un decreto la veda general e indefinida de fauna silvestre, que prohibía el acoso, captura, acopio y acondicionamiento de animales silvestres y sus productos derivados en Bolivia. A la veda, le siguió años después, en 1997, un reglamento específico para el caimán llamado Programa Nacional de Conservación y Aprovechamiento Sostenible del Lagarto, que se actualiza cada cinco años para determinar cuántos ejemplares pueden ser destinados a la explotación, en base a un estudio de población. El problema es el control para el cumplimiento de la norma, argumenta Quinteros, quien trabajó con poblaciones de la selva en la implementación del aprovechamiento sostenible. “En las curtiembres en las cuales entregábamos los cueros, encontrábamos varios negros que los llevaban ilegalmente”. Por un cuero de caimán negro de dos a tres metros, señala, se pagan más de 100 dólares, el doble que por el de un caimán de otro tipo.

Durante la pandemia del coronavirus, además, se sumó otra presión a los reptiles: la de la creencia de que la grasa de este animal podría servir como un tónico para los pulmones y las enfermedades de las vías respiratorias.

La variedad más amenazada, según presenta el Libro Rojo, es el Caiman latirostris o caimán overo. Se encuentra “en peligro”, la segunda categoría más alarmante detrás de “en peligro crítico”. Su capacidad para colonizar ambientes alterados por el hombre, como presas para ganado y embalses de centrales hidroeléctricas, lo hace un blanco recurrente para la cacería indiscriminada. Otra amenaza que menciona el libro es la fragmentación de sus poblaciones por la pérdida de hábitat y el cambio climático, que, con los periodos prolongados de la estación seca, está afectando significativamente los ecosistemas acuáticos.

La caza furtiva de caimanes no solo tiene el fin de explotar sus pieles; los más pequeños son capturados para ser comercializados como mascotas o para uso taxidérmico (disecarlos). El tipo más afectado es el Paleosuchus trigonatus o caimán corona, el segundo cocodriliano más pequeño del mundo, cuyo tamaño oscila entre los 1,70 y 2,30 metros de longitud. Es la única especie que ha subido un nivel de alerta: de “casi amenazada” de la pasada edición del Libro Rojo a “vulnerable” en la última actualización. Es un grupo complejo de estudiar por la poca información que existe de él en el país, teniendo que recurrir los investigadores a pesquisas internacionales.

Las reediciones del Libro Rojo buscan llenar esos vacíos de información, priorizar acciones de conservación y orientar una gestión sostenible de los recursos naturales por parte de los mismos habitantes de la selva y comunidades. “Lo más importante es el comanejo entre especialistas biólogos y las comunidades. Son ellos los que viven en la zona y son los vecinos de estas especies: los tienen en sus ríos y lagos. Si bien los biólogos tenemos conocimiento científico, son ellos los que las conocen”, apunta Quinteros.

Ante la falta de personal especializado o el número reducido de ellos para vigilar vastas extensiones de territorio, las poblaciones indígenas y campesinas se alzan como la mejor opción para velar por su propia fauna. La mejor forma de orientación sobre los beneficios de las especies y su gestión, asegura Quinteros, es a través de la socialización del Libro Rojo y las actividades de educación ambiental. Con ellos involucrados, se podrán mitigar los impactos en la especie y la degradación de su hábitat.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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