Un director de lujo

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Las confesiones de Pep

“No he tomado la decisión en dos días. Es mía, no se le debe imputar nada al club. No he escuchado ninguna oferta del Barça, pero me consta su interés por renovarme. No sé si es el mejor momento para hacer pública mi decisión, pero algún día tenía que hacerlo, y me siento liberado.” Ese mediodía, previa reunión con el presidente del club, Josep Guardiola anunció su alejamiento. Era 11 de abril de 2001 y el mediocampista, a la sazón capitán del equipo, se iba al Brescia, de Italia. La historia se repitió, cuando Guardiola, ya entrenador, anunció que se iba otra vez del Barcelona. Dijo: “Cuatro años en un club tan grande es una eternidad y desgastan mucho. Me he desgastado, me he vaciado y necesito llenarme”.

La pregunta es: ¿por qué el arquitecto del mejor equipo del mundo, si no de la historia, no quiso seguir? Para ir más lejos: ¿por qué no se quiso convertir en el Alex Ferguson del Barcelona?

El porqué de la decisión. Desde que asumió a mediados de 2008 en el Barcelona, Guardiola no dio una entrevista exclusiva y, en consecuencia, es complicado adentrarse en su pensamiento para entender por qué no sigue. Pero no imposible: dejó pistas. “Lamento la incertidumbre sobre mi continuidad, pero siempre he querido contratos muy cortos, porque la exigencia del Barça es mucha. Es un error que asumo, porque pareció que me estaba haciendo rogar”, apuntó en la conferencia de prensa.

En una publicidad televisiva del Banco Sabadell, que se llamó “Conversaciones sobre el futuro”, Guardiola dialogó con el cineasta Fernando Trueba. Allí, Guardiola confió: “Soy incapaz de planear algo a más tiempo que medio año, un año. Me canso. Me es imposible”. Prosiguió: “No hay día en que no piense que mañana me voy. Cuando uno dirige algo, siempre tiene que estar con la idea de que mañana se puede ir. Trabajo mejor pensando que tengo la libertad de elegir mi futuro. Y los contratos esos de estar mucho tiempo ligado… y de que tú estando a disgusto te tienes que seguir estando, me angustia. Me angustia mucho.”

Nada nuevo bajo el sol: cuando se alejó en 2001 del Barcelona, Guardiola, de treinta años, no estaba, ni por asomo, en las últimas como futbolista. Sin embargo, con ganas de afrontar un desafío que lo volviera a motivar, firmó con el Brescia, de la Serie A de Italia. Aventurero, quería sentir lo que era jugar extramuros: pasó, también, por la Roma (el entrenador Fabio Capello apenas si lo tenía en cuenta), por el Al Ahli de Qatar y por los Dorados de Sinaloa.

Otra pista: en abril de 2011, la RAI lo entrevistó a cuento del rodaje de un documental por los cien años del Brescia. Ya en off the record, se le preguntó por su continuidad en el Barcelona, y respondió: “Mi tiempo acá se está acabando. Estaré un año más, que ya va a ser el cuarto. Tú tienes que entender cuándo es el momento de irte. Cuando se está en un gran club, no puedes perpetuarte: los jugadores se cansan del entrenador, el entrenador de los jugadores, los periodistas del entrenador y el entrenador de los periodistas. Te cansas de ver las mismas caras, de escuchar las mismas preguntas. Me pasa lo que me pasó cuando era futbolista: hubo un momento en que comprendí que debía irme”. La RAI rompió el off the record y emitió la entrevista.

Ya en octubre, según contó el mismísimo Guardiola, le había avisado al presidente del club, Sandro Rosell, que se podía llegar a alejar del club. “Pero -justificó- no se lo podía comunicar a los jugadores y por eso todo ha sido tan largo. No es una cuestión de capacidad, sino de alta exigencia. Tengo que recuperarme y para eso debo alejarme.” Un secreto que no se filtró: en una entrevista con Catalunya Radio, Valentí, su papá, dijo que se había noticiado de la decisión apenas un día antes. “Cuando hablaba con él sobre si iba a seguir o no, no me decía nada. Lo único que le pedí es que si se iba, me lo dijera antes de enterarme por la prensa”.

Por lo demás, Guardiola dirigió su último partido el 25 de mayo, cuando el Barcelona se enfrentó por la final de la Copa del Rey al Athletic de Bilbao donde entrena su admirado Bielsa (“Creo que sería un buen sustituto. Tiene capacidad para ser entrenador del Barça”, deslizó en una conferencia de prensa).

Después se irá: una paradoja, de última, que el futbolista más expulsado en la historia del Barcelona, se vaya sin que lo echen. Por segunda vez.