Las tres guerras comerciales entre Estados Unidos y China

Ingrid Urgelles | Diario Red
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La denominada “guerra de aranceles”, impulsada durante ambos mandatos de Donald Trump, persigue tres objetivos principales: contener el crecimiento de China, proteger sectores estratégicos de la economía estadounidense y presionar a otros países para que abran sus mercados y renegocien acuerdos comerciales.

No es la primera vez que China enfrenta una guerra comercial desatada por Trump. En su mandato anterior, la imposición de aranceles buscó afectar la capacidad exportadora industrial del país asiático, aunque sin mayores consecuencias si se considera el crecimiento sostenido que ha experimentado China en los últimos años.

Para Renato Balderrama, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas de México y especialista en sistemas de gobierno en Asia-Pacífico, si bien Estados Unidos sigue siendo la economía y potencia militar número uno del mundo—es decir, ningún país tendría la capacidad de vencerlo por sí mismo—, su economía se ha financiarizado y ha perdido competitividad industrial. Ante esta crisis, el gobierno de Joe Biden intentó recuperar la capacidad industrial del país con la política “Build Back Better” de 2020 y 2021, enfocada en construir infraestructura, fortalecer la industria automotriz a nivel mundial, invertir en innovación y tecnología de semiconductores, y avanzar en agricultura sostenible. Sin embargo, este proyecto no logró revertir la desindustrialización. Con la llegada de Donald Trump, la estrategia tomó un giro radical: imponer aranceles para obligar a las empresas a retornar a territorio nacional. Según Balderrama, esto no constituye una política industrial efectiva y, en cambio, provocará un aumento en los costos de los insumos tanto para consumidores como para empresas.

Desde la perspectiva de Trump, es necesario aprovechar el poder económico actual de Estados Unidos para reafirmar su supremacía y forzar la reindustrialización del país

A corto plazo, esta estrategia podría no generar grandes inconvenientes, dado que Estados Unidos sigue siendo una potencia económica. En 2024, se estima que su PIB ascendió a casi 29 billones de dólares, superando ampliamente a China, la segunda economía mundial. No obstante, a largo plazo, si las condiciones actuales se mantienen, China podría desbancar a Estados Unidos y ocupar el primer lugar en la economía global. De no implementar políticas disruptivas, Estados Unidos podría perder su hegemonía.

Las tres guerras

Balderrama explica que entre Estados Unidos y China existen actualmente tres frentes de confrontación: la guerra arancelaria, la guerra financiera y la guerra por la innovación tecnológica.

La guerra arancelaria, que lleva ya varios años, se ha caracterizado por la reciprocidad. Cada sanción económica impuesta por Estados Unidos ha sido respondida por China con una medida equivalente. En este sentido, China ha dirigido sus sanciones hacia productos sensibles para la base electoral de Trump, como la agroindustria, productos lácteos y cárnicos.

La guerra financiera es crucial para Estados Unidos, ya que su dominio económico radica en el sector financiero. China, por su parte, ha buscado alternativas para debilitar la hegemonía occidental, promoviendo una moneda alternativa al dólar dentro de los BRICS, articulando sistemas bancarios alternativos a los centrales europeos y estadunidenses, y desarrollando un yuan digital. Cabe recordar que China es el mayor tenedor de deuda estadunidense.

La competencia más importante entre ambos países es por la innovación tecnológica. Según Balderrama, este es el verdadero motor de las medidas adoptadas por Donald Trump. En cada sector donde Estados Unidos ha mostrado fortaleza, China ha logrado alcanzarlo e incluso superarlo. Ejemplos de ello son el 5G, Huawei, TikTok, Deepseek y, recientemente, la industria automotriz, donde BYD ha superado a Tesla en el mercado.

Las explicaciones occidentales sobre estos avances suelen centrarse en acusaciones de robo de tecnología, dumping mediante subsidios o espionaje industrial, ignorando que Occidente también ha recurrido a estrategias similares. Incluso Elon Musk y suss empresa han recibido subsidios estatales, a pesar del modelo capitalista estadunidense.

¿Por qué una segunda guerra comercial?

Desde la perspectiva de Trump, es necesario aprovechar el poder económico actual de Estados Unidos para reafirmar su supremacía y forzar la reindustrialización del país. Sin embargo, Balderrama señala que intentar lograr en cuatro años lo que China ha construido en tres décadas es una tarea imposible.

Estados Unidos trasladó su capacidad industrial al Sur Global, primero a México y luego a China. Este proceso se formalizó en 2001 cuando China ingresó a la OMC con el beneplácito estadunidense. Europa siguió un modelo similar, asumiendo que los países “subdesarrollados” nunca alcanzarían la capacidad de innovación tecnológica. Se equivocaron: China logró industrializarse y desarrollar tecnología propia.

Desde antes de Trump, el gobierno de Obama intentó contener el ascenso de China. El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), firmado en 2016, fue un intento deliberado de frenar al gigante asiático al excluirlo del pacto comercial y transferir el poder económico en Asia-Pacífico hacia Estados Unidos. No obstante, la medida no dio los resultados esperados.

Medidas de China ante la guerra arancelaria

Frente a las restricciones impuestas por Estados Unidos, China ha implementado varias estrategias de contención:

  1. Refuerzo de la cooperación con el Sur Global, incluyendo el sudeste asiático, África y Sudamérica.
  2. Impulso del yuan como moneda digital y su convertibilidad en los mercados internacionales.
  3. Fortalecimiento de los BRICS.
  4. Creación de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo comercial que busca eliminar el 90% de los aranceles entre sus miembros en un plazo de 20 años.
  5. Cooperación trilateral entre China, Corea del Sur y Japón para generar acuerdos comerciales y actuar como un bloque frente a los aranceles de Trump.
  6. Implementación de la estrategia nacional Hecho en China 2025 (MIC 2025), creada en 2015 y que busca liderar sectores clave como inteligencia artificial, robótica y energías renovables.

El futuro de Estados Unidos

Balderrama considera que, salvo que Trump logre prolongar su proyecto económico, su estrategia no tendrá éxito. E incluso si lo lograra, lo más probable es que este plan fracase. La reindustrialización forzada mediante aranceles es inviable y costosa. Solo desplazar una planta que se encuentre en México de vuelta a Estados Unidos puede tomar de cinco a seis años. Eso, sin considerar la ausencia de una mano de obra a los costos de operación que hay en México.

El plan arancelario tiene un carácter más simbólico que práctico, alineándose con la visión de Trump de restaurar la idea de un Estados Unidos invencible, capaz de superar cualquier dificultad. Aunque fue la industria 3.0 la que impulsó su llegada a la Casa Blanca, en su toma de protesta estuvo rodeado de representantes de la industria 4.0: las grandes empresas tecnológicas. Son estas compañias las principales beneficiarias de estas medidas proteccionistas, ya que les permitirá expandirse y generar riqueza. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en un verdadero desarrollo económico para el país, pues no conlleva la creación de nuevos empleos.

Mientras tanto, China sigue consolidándose como el posible triunfador en esta guerra económica.

 

 

"Todo intelectual tiene la obligación moral de poner en discusión las decisiones que emanan del poder político"

Jean Paul Sartre
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