El impacto del arresto de Maduro en las dinámicas criminales de Venezuela

De acuerdo al portal especializado en crimen organizado InSight Crime, todo apunta a que la captura de Maduro provocará pocos cambios sustanciales en las dinámicas criminales.
Nuevo liderazgo, el mismo sistema
Más pragmática y eficaz que Maduro, Rodríguez es una operadora política formidable con credenciales socialistas incuestionables. Su padre fue un guerrillero marxista que murió bajo custodia estatal en la década de 1970. Durante la presidencia de Hugo Chávez, su hermano Jorge ocupó cargos de alto nivel y ella pronto siguió su camino. Sin embargo, fue bajo el gobierno de Maduro cuando alcanzó el círculo más estrecho del poder.
Tras una carrera en la política exterior venezolana y varios años como canciller, Rodríguez asumió la vicepresidencia en 2018 y posteriormente ocupó puestos clave en el área económica. Desde ahí ayudó a Maduro a sortear algunos de los desafíos más graves de los últimos años, como la crisis económica y las sanciones internacionales. Junto con su hermano Jorge —convertido en el principal asesor político de Maduro— encarnan el rostro civil del régimen.
Mientras tanto, las Fuerzas Armadas, que son el pilar central de la estabilidad chavista, siguen bajo el control del ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino López, quien está en el cargo desde 2014. Otra figura clave, Diosdado Cabello —quien participó como teniente en el fallido golpe de Estado de Chávez— permanece intacto y continúa como ministro de Relaciones Interiores.
La oposición ha quedado marginada. Está encabezada por la ganadora del Premio Nobel María Corina Machado, quien, pese a estar inhabilitada para las elecciones presidenciales de 2024, logró un respaldo masivo. Su compañero de partido, Edmundo González, quien se postuló en su lugar, habría obtenido alrededor del 60% de los votos, según las actas que la oposición logró recopilar.
Trump calificó a Machado como “una mujer muy agradable”, pero sostuvo que no cuenta con el “respeto dentro del país” necesario para gobernar —es decir, carece de influencia sobre las Fuerzas Armadas y la maquinaria chavista—. En Washington parece haber conciencia de que, por ahora, mantener a un líder chavista en el poder es la única vía para evitar el caos o un conflicto civil. Trump no ha mostrado interés en procesos de construcción institucional, y es poco probable que su base política respalde un despliegue prolongado de tropas estadounidenses en Venezuela o la utilización de recursos para apuntalar a un gobierno no chavista.
En una conferencia de prensa el 3 de enero, Trump anunció que Estados Unidos “administrará” temporalmente Venezuela y afirmó que Rodríguez ya había aceptado acatar sus órdenes. “Ella dijo: ‘Haremos lo que necesiten’”, aseguró Trump. “Fue bastante amable, pero en realidad no tiene opción”. No obstante, esto parece más una expresión de deseo que una realidad. Rodríguez ha calificado la detención de Maduro como un secuestro y ha exigido su liberación.
Nuevos cargos criminales
Tras la captura de Maduro y su esposa, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, anunció una nueva acusación formal que incluye cargos adicionales. El documento difiere notablemente de la acusación de 2020, en la que Maduro aparecía, junto con Diosdado Cabello, como líder del Cartel de los Soles.
En esta ocasión, Cilia Flores es mencionada por primera vez en relación con el narcotráfico, al igual que el hijo de la pareja, Nicolás Ernesto Maduro. Diosdado Cabello vuelve a figurar en la acusación y, por primera vez, se vincula directamente a Nicolás Maduro con el jefe del Tren de Aragua, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”.
El Tren de Aragua surgió como una banda carcelaria en Venezuela y se expandió por la región a raíz del éxodo masivo de venezolanos, no del narcotráfico. Hasta ahora, hay escasa evidencia de que el grupo participe en el tráfico de drogas a gran escala.
Llama la atención que la nueva acusación omita a Padrino López, quien ha encabezado las Fuerzas Armadas durante más de una década y ha supervisado su creciente involucramiento en el narcotráfico. El general ya enfrenta una acusación independiente y el Departamento de Estado ofrece una recompensa de US$15 millones por su captura.
Posibles repercusiones
El tráfico de cocaína y buena parte de las dinámicas criminales en Venezuela están estrechamente ligados a Colombia.
La acción de Estados Unidos contra Maduro sacudió a ese país. Desde que asumió el cargo, Trump ha sostenido una confrontación pública con el presidente colombiano Gustavo Petro. Amenazó con suspender la ayuda a Colombia —el aliado histórico más cercano de Washington en la región en la llamada guerra contra las drogas— y sancionó a Petro retirándole la visa estadounidense.
Durante la conferencia sobre la operación contra Maduro, Trump reiteró sus advertencias al gobierno colombiano, calificando a Petro como “un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos”.
Sin embargo, es poco probable que el conflicto vaya más allá del intercambio verbal. Colombia atraviesa un año electoral y Petro dejará el poder en agosto. Lo que sí podría ocurrir es un intento de Trump por influir a favor de sectores de derecha, como ya ocurrió en Honduras.
En el plano criminal, han surgido versiones de que el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el principal grupo insurgente colombiano y con fuerte presencia en Venezuela, estaría trasladando combatientes hacia Colombia por temor a ataques estadounidenses.
Hoy, el ELN es una organización colombo-venezolana. Mientras en Colombia actúa como grupo guerrillero, en Venezuela ha funcionado como fuerza paramilitar afín al régimen y ha brindado apoyo directo a Maduro. Ese respaldo probablemente continuará mientras un chavista gobierne el país. Y aunque el Ejército venezolano ha mostrado una capacidad limitada para enfrentar a las fuerzas estadounidenses, el ELN ha resistido durante décadas la ofensiva del Estado colombiano respaldado por Washington.
Todo apunta a que la captura de Maduro provocará pocos cambios sustanciales en las dinámicas criminales. Colombia sigue produciendo cantidades récord de cocaína; el Ejército venezolano y figuras chavistas de alto nivel continúan regulando el tráfico de drogas a través del país; y los acuerdos entre el chavismo y grupos armados como el ELN permanecen intactos.
Rodríguez deberá balancear con cautela las exigencias de Estados Unidos y las presiones de los sectores chavistas más radicales, reacios a cualquier gesto de subordinación frente a Washington. Es probable que intente contener o encubrir las actividades de los elementos más corruptos del régimen. Y mientras la flota estadounidense permanezca en el Caribe, una de las principales rutas del narcotráfico desde Venezuela seguirá limitada. Pero el negocio de las drogas es extraordinariamente adaptable. Ya había comenzado a ajustarse antes de la captura de Maduro. Y hasta ahora, pese a las afirmaciones de Trump, hay poca evidencia de que el flujo de cocaína hacia Estados Unidos se haya interrumpido, y mucho menos detenido.












