¿El puerto más grande de Brasil está ganando la batalla contra los traficantes?

Insight Crime
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puerto de Santos Brasil

A medida que las autoridades comenzaron a incautar toneladas de cocaína en Santos, los flujos de droga en Brasil no se detuvieron, se desplazaron. Brasil comparte frontera con los tres mayores productores de cocaína del mundo —Colombia, Perú y Bolivia— y cuenta con decenas de puertos conectados a mercados internacionales de consumo, lo que lo establece como un país de tránsito crucial.

Una lancha policial parece diminuta frente a los gigantescos buques de carga que atraviesan el canal del puerto de Santos, en Brasil. En lo alto, una docena de enormes grúas juegan al Tetris con contenedores, apilándolos sobre cada embarcación. Dos pescadores en una pequeña lancha —del estilo de las que suelen utilizarse para introducir cocaína de contrabando en barcos portacontenedores— lanzan su red a la sombra de un casco colosal. Más allá del canal, a pocos metros de la terminal privada, algunas viviendas precarias se alinean a lo largo de la costa.

Las bulliciosas rutas internacionales de Santos y sus vías navegables entrecruzadas lo convierten en el puerto más grande de América Latina. Pero también es uno de los más importantes del mundo para el tráfico internacional de cocaína: solo en 2019, se incautaron allí más de 27 toneladas de la droga.

Pero algo cambió.

Las autoridades comenzaron a decomisar menos cocaína. Para 2025, la cantidad total incautada en Santos había descendido a 7,4 toneladas. Mientras los puertos europeos continuaban interceptando cargamentos masivos de cocaína, rastreaban los contenedores contaminados para mapear las rutas del tráfico. Cada vez menos envíos de droga salían desde Santos.

El puerto abarca 16 kilómetros de canales que atraviesan la región de San Pablo conocida como la Baixada Santista, donde la mayor organización criminal de Brasil, el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC), tiene un bastión. El grupo se ha infiltrado en los barrios marginados que se tambalean sobre los límites de los muelles de carga y los utiliza para ocultar las toneladas de cocaína que introduce en estos colosos de carga. Sus socios internacionales —la ‘Ndrangheta y mafias balcánicas, por ejemplo— esperan en Europa para recibir la droga y distribuirla en sus zonas de control. Los altos precios de la cocaína y su creciente popularidad han generado una fortuna para el PCC.

Aunque se trata de un negocio de alcance internacional, el tráfico de cocaína está provocando problemas locales en Brasil, particularmente en los barrios donde el PCC se oculta.

“Nos han disparado cuando pasamos por esas comunidades”, dijo Marcia Meng, comisionada del Servicio de Ingresos Federales de Brasil (Receita Federal do Brasil, RFB), entidad que analiza información de inteligencia sobre el narcotráfico internacional. “Hay mucha gente buena, pero siempre hay algún infiltrado”.

¿Qué cambió?

Las autoridades unieron fuerzas y endurecieron los controles. Incrementaron la vigilancia y reforzaron el escaneo de contenedores. También comenzaron a analizar nueva información de inteligencia y datos para entender cómo los traficantes lograban evadir los controles y sorprenderlos en flagrancia.

La complejidad de los canales y muelles entrelazados de Santos hace que la coordinación entre distintas ramas de seguridad sea clave para que la aplicación de la ley resulte efectiva. Mientras la Policía Federal (Polícia Federal, PF) está a cargo de las detenciones e incautaciones, la RFB se ocupa de la inteligencia y la prevención, y la autoridad portuaria concentra sus esfuerzos en la supervisión.

Las empresas privadas que operan en Santos también deben sumarse al esfuerzo y compartir información. Para acceder a la vasta red internacional de terminales del puerto, una compañía privada debe contar con la certificación del gobierno brasileño. No hay acceso a las áreas restringidas sin credenciales, y estos espacios están cercados y vigilados con cámaras las 24 horas. Todo contenedor con destino a Europa o África debe ser escaneado.

El intercambio de información entre el sector público y el privado desempeña un papel clave en la labor de inteligencia de la RFB. La entidad combina imágenes del monitoreo por CCTV y de los escáneres con otros recursos para detectar cargamentos sospechosos y desmantelar las redes criminales detrás del tráfico internacional de cocaína.

Las autoridades brasileñas capacitan a las empresas privadas, y pueden revocarles el acceso si permiten que un contenedor pase sin ser escaneado o si no instalan cámaras en los puntos ciegos.

Como la mayor parte de la cocaína tenía como destino Europa, las autoridades concentraron inicialmente sus controles en los contenedores que se dirigían hacia allí. Pero el crimen organizado encontró rutas alternativas para despistarlas.

“Los traficantes comenzaron a utilizar África, el continente vecino [de Europa], porque allí había una ventana abierta, completamente abierta. Entonces usaban África como destino, pero las drogas, al menos la gran mayoría, no se quedaban en África. Se volvían a introducir en contenedores, en barcos, etcétera, y seguían rumbo a Europa”, explicó Edson Patrício, jefe de seguridad de la PF en Santos, durante una visita de InSight Crime al puerto.

A partir de entonces, también comenzaron a escanear los contenedores con destino a África.

Sin embargo, este refuerzo de la seguridad exigía un delicado equilibrio. Una desaceleración del tráfico portuario por el aumento de la vigilancia representaría un golpe para la economía brasileña y podría llevar a las empresas a trasladar sus operaciones a otros lugares.

“Cerca de un tercio de la economía nacional circula por aquí, y debemos ser cuidadosos para proteger el flujo de carga y garantizar que el comercio internacional brasileño continúe sin —o con mínima— intervención de organizaciones criminales”, afirmó Patrício.

La tecnología, junto con el uso de perros detectores, ha ayudado a las autoridades a mantener ese frágil balance. “Hay casos en los que la radiografía no es concluyente, y los perros suelen encontrar exactamente dónde [está la droga]”, explicó Alan Towerley, auditor de la RFB, mientras en el fondo se escuchaba el sonido amortiguado de disparos en el polígono contiguo, donde los agentes se preparaban para una misión.

Las autoridades brasileñas también han intensificado la recolección de inteligencia lejos de la costa, interceptando cargamentos antes de que lleguen al puerto. Con una franja costera que se extiende por casi 7.500 kilómetros y fronteras terrestres que superan los 16.800 kilómetros, vigilar cada punto resulta imposible. Pero como la droga se dirige solo a un puñado de puntos estratégicos —ya sea para el mercado interno o para puertos internacionales— las autoridades han identificado los principales cuellos de botella que deben supervisar.

“Cuando queremos obstaculizar una nueva operación, lo hacemos en la carretera. Es mucho más fácil vigilar una de estas dos o tres rutas de las que no pueden escapar que vigilar a todo el mundo”, señaló Towerley a InSight Crime.

Una hidra de cocaína

Desmantelar una industria criminal internacional que mueve miles de millones de dólares no es tan sencillo como reforzar los controles en un gran puerto. A medida que las autoridades comenzaron a incautar toneladas de cocaína en Santos, los flujos de droga en Brasil no se detuvieron, se desplazaron.

El PCC sigue siendo uno de los principales actores del tráfico de cocaína desde América Latina hacia Europa y ha estado abriendo nuevas rutas para esquivar el endurecimiento de la seguridad en Santos. Brasil comparte frontera con los tres mayores productores de cocaína del mundo —Colombia, Perú y Bolivia— y cuenta con decenas de puertos conectados a mercados internacionales de consumo a lo largo de su costa, lo que lo establece como un país de tránsito crucial.

Mientras las incautaciones disminuían en Santos, grandes cargamentos comenzaron a aparecer en otras partes del país. En Salvador, en el estado nororiental de Bahía; en Paranaguá, en el estado sureño de Paraná; y en la frontera del estado norteño de Roraima, las autoridades empezaron a decomisar volúmenes cada vez mayores de cocaína.

El desplazamiento de las rutas ha traído consigo expansión criminal y violencia. En Bahía, el PCC forjó alianzas con grupos como Bonde do Maluco (BDM) para aumentar su capacidad de envío de cocaína a través del puerto de Salvador, considerado un sustituto de Santos. Mientras el BDM y sus rivales se disputan el control del negocio, Bahía se ha convertido en uno de los lugares más violentos de Brasil.

El PCC ya controlaría una terminal portuaria en Paranaguá y, según denuncias, estaría intentando establecer operaciones en Maceió, capital del estado nororiental de Alagoas.

Ahora las autoridades buscan responder con operativos similares en otros puertos brasileños. Pero a medida que Brasil endurece la seguridad, sus vecinos podrían verse cada vez más incorporados a las rutas del narcotráfico.

En 2024, el mayor decomiso de cocaína del mundo se realizó en Ecuador, con 22 toneladas que tenían como destino Europa y Estados Unidos. Además, el puerto de Guayaquil, en la ciudad más grande del país, se ha convertido en uno de los principales puntos de salida de cocaína en la región, con un aumento paralelo de la violencia. Las masacres se han vuelto frecuentes en la ciudad, y Durán —puerta de acceso al puerto y una de las urbes más violentas del país— registró un nuevo récord de homicidios en 2025.

En Uruguay, el puerto de Montevideo se ha consolidado como una ruta cada vez más relevante para el envío de cocaína hacia Europa. Grupos criminales han comenzado a utilizar el país para almacenar grandes cargamentos de droga  e incluso a amenazar a las autoridades que los incautan. Y el PCC podría estar ya activo en Montevideo.

Con niveles récord de producción de cocaína en los países vecinos y un amplio mercado interno de consumo, Brasil difícilmente podrá erradicar por completo la infiltración del crimen organizado que mueve droga a través de su infraestructura. Santos sigue siendo el puerto más grande de América Latina y, pese a los recientes avances en materia de seguridad, probablemente continuará desempeñando un papel clave en el engranaje criminal del PCC.

Las autoridades reconocen que frenar el comercio de cocaína es una trabajo de Sísifo. “Las [políticas de seguridad] quizá no resuelvan el problema [de los narcotraficantes]”, afirmó Towerley. “Pero al menos los incomodamos”.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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