
La captura de Sebastián Marset, uno de los individuos más buscados de Suramérica, ejemplifica por qué la caída de grandes líderes debe ser solo una parte de un enfoque más amplio para enfrentar el tráfico de drogas.
Marset fue arrestado el 13 de marzo de 2026 en Bolivia en una operación conjunta entre la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) y la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (US Drug Enforcement Administration, DEA). Casi de inmediato fue trasladado a Estados Unidos donde se lo acusa de conspirar para cometer lavado de dinero.
“Esto es un golpe grave”, dijo a InSight Crime Nicolás Centurión, analista de crimen organizado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). “Vamos a ver si […] hay más arriba de los que no conocemos, pero digamos, al nivel de Marset, han caído todos los importantes”.
La lista de colaboradores capturados es extensa y de alto perfil. Federico Santoro Vasallo, quien ya se declaró culpable y fue condenado a 15 años de prisión en Estados Unidos en julio de 2025, lavó millones de dólares provenientes del tráfico de drogas a través de bancos estadounidenses por órdenes de Marset, según la acusación en su contra.
El senador paraguayo Erico Galeano fue condenado por lavado de dinero y asociación ilícita, y el empresario paraguayo Alberto Koube Ayala fue condenado por lavado de dinero, tras una amplia operación del gobierno contra presuntos colaboradores de la red en Paraguay conocida como A Ultranza PY.
Otros esperan juicio en Paraguay como Miguel Ángel Insfrán, acusado de liderar la red criminal junto a Marset; el exlegislador Juan Carlos Ozorio; y Gianina García Troche, madre de los hijos de Marset.
En su Uruguay natal, detenciones clave en 2025 sacaron de juego a sus principales contactos, según el ministro del Interior de Uruguay, Carlos Negro. Entre ellos se encontraban varios lugartenientes de alto perfil, como Fernández Albín y Betito Suárez, señaló el ministro durante una conferencia de prensa tras la captura de Marset.
¿Cómo operaba la red?
Fiscales señalan que Marset actuaba como intermediario, enviando cargamentos de cocaína producida en Bolivia a mafias en Europa, mientras aseguraba los pagos por vía electrónica.
Su principal fortaleza probablemente fueron sus conexiones criminales, que habría construido durante su paso por prisión por tráfico de marihuana en Uruguay. Tras su liberación en 2018, Marset se trasladó a Bolivia, donde el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) mantiene desde hace tiempo vínculos con productores de cocaína.
Luego comenzó a construir una de las mayores estructuras de tráfico de la región. Según las autoridades, Marset coordinaba vuelos de cocaína desde Bolivia hacia Paraguay. Posteriormente, la droga era trasladada a través del país hasta la hidrovía Paraguay-Paraná, antes de ser enviada por barco hacia África y Europa.
Según fiscales de Estados Unidos y Paraguay, Santoro Vasallo coordinaba, bajo órdenes de Marset, los pagos mediante dinero lavado a través de sistemas financieros y casas de cambio, distribuyendo porcentajes entre los involucrados.
Las redes resilientes de múltiples intermediarios
Intermediarios como Marset desempeñan un papel clave en el tráfico internacional de cocaína. Pero su salida del escenario criminal solo puede interrumpir las cadenas de suministro de manera temporal.
De hecho, ya había señales de que otros estaban tomando las rutas de tráfico de Marset incluso antes de su captura. En septiembre de 2024, Erland Ivar García López, alias “El Colla”, quien espera juicio por presuntamente organizar vuelos de cocaína y lavado de dinero en Bolivia para Marset, fue baleado en múltiples ocasiones, pero sobrevivió. La policía boliviana cree que el ataque se debió a una disputa por el control de aviones y pistas de aterrizaje. En un video de octubre de 2025, Marset redobló sus amenazas contra El Colla y otros.
“Estamos preparados para hacer guerra con el que sea, el Colla, la policía no me importa nadie”.
A medida que el negocio de las drogas ilícitas ha crecido, el tráfico ha pasado a estar cada vez más controlado por redes de actores criminales, en las que suele haber múltiples operadores en cada nivel. Esto hace que las cadenas de suministro sean más resistentes cuando figuras clave como Marset son capturadas.
“Sabemos que debemos estar alerta para ver cómo se comportan y hacia dónde se derivan las consecuencias de esta captura”, reconoció el ministro del Interior de Uruguay, Carlos Negro. “Sabemos también que las organizaciones se adaptan a las nuevas circunstancias y buscan suplir liderazgos por otros”.
Esto ya ha ocurrido. El PCC, por ejemplo, dependió durante mucho tiempo de Gilberto Aparecido Dos Santos, alias “Fuminho”, para intermediar acuerdos internacionales. Amigo de la infancia del principal líder del PCC, Fuminho construyó redes de contacto para facilitar el tráfico de cocaína y armas en nombre de la organización. Probablemente fue quien se reunió con Domenico Pelle, jefe del clan Pelle de la ‘Ndrangheta, para ayudar a establecer la alianza del PCC con esta mafia alrededor de 2016. Sin embargo, el arresto de Fuminho en 2020 en Mozambique, donde intentaba ampliar sus contactos internacionales, hizo poco por frenar el crecimiento del PCC como uno de los principales actores del tráfico de cocaína en el continente.
La ‘Ndrangheta tiene un modus operandi similar. Además de Pelle, Nicola Assisi y Rocco Morabito han actuado como intermediarios, principalmente en Brasil. Su estructura se basa en la flexibilidad y la independencia. Y, pese a la captura de Morabito en 2017 y de Assisi en 2019, la ‘Ndrangheta mantuvo su poder en el mercado europeo de la cocaína.












