Los drones teledirigidos de Washington

Por Redacción dat0s con El País (España)      
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Cualquier argumento puede hacer explotar por los aíres, en tierra o por mar a los jefes de organizaciones criminales.

En el reciente ampliado de las federaciones de la hoja de coca del Chapare, el líder cocalero Evo Morales incitó a sus bases con frases tomadas de los periódicos resaltando algunas pronunciadas por altos funcionarios de la administración estadounidense. Una de ellas de Donald Trump donde convoca a los soldados del Comando Sur a usar teledirigidos para matar a los capos del narcotráfico. Un día después, un vídeo tomado desde el aire, muestra una construcción modesta de techo verde en un claro de la selva del sureste de Venezuela. Y, como en las decenas de grabaciones que Donald Trump ha difundido en el último año de supuestas narcolanchas saltando por los aíres en el mar del Caribe, una casa se desintegra de un misilazo. La columna de humo negro se levantó sobre los árboles, visible a kilómetros de distancia. Diez segundos es lo que se necesitó para matar a Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, de 42 años, el jefe del Tren de Aragua, la banda criminal más poderosa de Venezuela y que durante años operó con la complicidad de las autoridades.

La operación fue anunciada el viernes por la noche, pero hacía tres días que en Venezuela no se hablaba de otra cosa. El martes, las fuerzas de seguridad venezolanas habían desplegado un opaco operativo sobre las minas de oro del estado de Bolívar, territorio controlado por el Tren de Aragua. Los vídeos grabados por los vecinos mostraban helicópteros —aparentemente venezolanos— sobrevolando la zona, lanzando ráfagas o dejando en tierra a decenas de agentes. Mostraban también a cientos de hombres huyendo por el barro de las minas a cielo abierto, enormes cicatrices en la selva.

El Gobierno no dio explicaciones y en ese silencio creció la teoría que aún sostienen muchos: que detrás de la operación estaban los intereses de Washington sobre el oro venezolano. La operación policial-militar sigue siendo misteriosa, pero fuentes oficiales en Caracas aseguran que tenía un único objetivo, neutralizar a Guerrero, y que fue el resultado de meses de búsqueda. Una persecución que comenzó, dicen antes de la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Celia Flores. El pasado tres de enero.

Las autoridades venezolanas, sostienen fuentes conocedoras del operativo, llevaban nueve meses buscando al Niño Guerrero. Sabían que había estado refugiado en la vecina Colombia y que ahora estaba instalado en el sur del país, intentando apoderarse del millonario negocio minero de esa zona fronteriza con Brasil y Guyana.

El Niño Guerrero cayó en esa casucha en mitad de un claro y pasaron días hasta que, el viernes por la mañana, las autoridades venezolanas pudieron comprobar que era él. “Lo encontraron cerca de la casa y lo identificaron por un tatuaje que tiene en la pierna”, explica una fuente con detalles sobre el operativo. Trump se adelantó a Caracas y el viernes por la noche se atribuyó la muerte en una operación conjunta con “nuestros amigos de Venezuela”. El Comando Sur de Estados Unidos, escribió en su red social Truth, había matado al “infame líder” del Tren de Aragua en un “ataque militar rápido y letal”.

The Washington Post cita a “una persona familiarizada con el ataque” que afirma que fueron fuerzas del Comando Conjunto de Operaciones Especiales las que lanzaron el misil, y que la CIA trabajó con las fuerzas venezolanas sobre el terreno. Pero fuentes conocedoras de la operación en Caracas aseveran que “nunca” hubo “presencia militar estadounidense” en territorio venezolano para esa operación. La colaboración con Estados Unidos, sugieren, fue sobre todo tecnológica, pero la operación sobre el terreno “fue completamente dirigida y trabajada” por Venezuela. Ante la pregunta de quién ejecutó el disparo y de quién era el arma, silencio.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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