Por encima de cualquier alianza y de cualquier derecho

Por Redacción datos
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Bombardeos en Venezuela 3 enero 2026 y declaraciones del canciller boliviano

La matriz estratégica de la diplomacia boliviana para moldear la voluntad de ciertos niveles de la actual administración.

El gobierno de Bolivia ha sido secuestrado por los antecedentes previos, la visita de una delegación a la cabeza del presidente Paz Pereira a los EE.UU. para encontrarse con alguna de las cúpulas influyentes del gobierno de Donald Trump y el imperativo de revertir la crisis que según algunos portavoces del régimen tocó fondo, no excluye una serie de compensaciones que no deben leerse simplemente al calor de las extraviadas declaraciones del canciller boliviano; mencionar “transición democrática” fijando la ruta crítica ni siquiera mencionada por Trump y el restablecimiento de un supuesto componente humanitario de un Estado en guerra.

Si uno lee esas declaraciones sorprende el lenguaje atípico empleado por un funcionario de alto nivel diplomático, típico de una oficina de los organismos internacionales de donde proviene, el uso y acentuación en contenidos de narrativa inclusiva en primera persona como mereciendo la aprobación de todos y todos esa borrascosa interpretación binaria que nace del escrutinio de la cooperación, sin ser este el caso reviste una lamentable esfera de preconceptos y el abuso de calificativos tales como “narcoestado” y el peor empleado “organización criminal”.

En cualquier caso, la operación estadounidense ya demuestra que la administración no tratará de basar su acción en ningún principio del derecho internacional derivado de la Carta de las Naciones Unidas, como ha señalado el canciller Aramayo hasta el cansancio en una conferencia de prensa que convocó como dijo él mismo a insistencia de los medios. Era preferible no hacerlo.

El problema es que la visión de Trump para Venezuela no se basa en una reconstrucción paciente de la sociedad civil y el fortalecimiento de las capacidades democráticas —la palabra «democracia» no se mencionó ni una sola vez durante su discurso—. Lo que se propone es más bien un chantaje: inversiones extranjeras directas de la industria petrolera estadounidense a cambio de un acceso privilegiado a las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

Trump y Rubio han sido explícitos: cualquier nuevo gobierno venezolano, independientemente de su composición, deberá mostrarse conciliador y comprender que Estados Unidos no tolerará ningún retorno a la era Chávez y a la nacionalización.

Todo esto significa que la transición podría no ser en absoluto una intervención a corto plazo.

Estados Unidos no había declarado la guerra a Venezuela antes del ataque militar y solo ha aportado muy pocas pruebas —aparte de acusaciones unilaterales— de que el régimen de Maduro representara un peligro claro e inmediato para la seguridad nacional estadounidense.

Todo esto ya no tiene importancia hoy en día para Maduro y su esposa Cilia Flores, que están siendo procesados en el distrito sur de Nueva York.

Para los aliados —hemisféricos o no— la intervención unilateral de Estados Unidos en un tercer país no es, por supuesto, algo sin precedentes.

América Latina ha sido escenario de 41 intervenciones de este tipo en el pasado, desde la República Dominicana hasta Panamá.

Lo que ha cambiado es que Estados Unidos se centra ahora más en sus propios intereses —al menos tal y como los define la actual administración— y se preocupa mucho menos por los intereses y deseos colectivos de sus aliados, siendo Israel quizás la única excepción en la actualidad.

Canadá y los aliados europeos de Washington se enfrentan, por tanto, a un difícil dilema.

Invocar el derecho internacional y pidiendo «moderación» no tiene ningún efecto en la administración de Trump. De hecho, es interesante señalar que la primera declaración de la Unión, realizada por Kaja Kallas, se refería a la seguridad de sus propios ciudadanos en Venezuela como la máxima prioridad, en lugar de a las normas y estándares jurídicos internacionales.

A nivel nacional, al menos por ahora, hay muy pocos indicios de que los contrapoderes en Washington D. C. puedan tener alguna eficacia.

Es difícil imaginar una condena por parte de los aliados de la OTAN.

 


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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