“Los bombardeos y ataques de EEUU ilegales contra Venezuela, la injerencia militar y el secuestro de Maduro y su esposa constituyen un claro crimen de agresión, en términos de derecho internacional.
Es otra grave violación del derecho internacional en un contexto de consolidación del brutalismo militar, de la ley del más dispuesto a usar la fuerza bruta, sin reglas.
EEUU quiere el petróleo de Venezuela, un dominio estratégico sobre la energía, las rutas comerciales y las alineaciones regionales. Busca controlar flujos y precios del petróleo, reforzar el papel central del dólar en los mercados energéticos, y más vía libre -sin consecuencias en los suministros- para actuar contra Irán de diversos modos.
Que después de la invasión ilegal de Irak en 2003 y del genocidio en Gaza tengamos que volver a leer/escuchar que esto va de defender la democracia y la libertad, con Trump al frente, es un insulto a la inteligencia colectiva, al periodismo y a los hechos.
Estamos en la era de la impunidad, en la que se agita la bandera de la guerra como medio -para acceder a materias primas y a rutas estratégicas- y como fin en sí mismo, para dar fuelle a la industria armamentística y, con ello, a un sistema económico con un ritmo y un reparto insostenible para el planeta y para los pueblos del mundo.
Ante ello, la UE sigue estando con EEUU, con un servilismo que lleva a Europa al abismo, en contra de sus propios intereses, formando parte de la normalización de la destrucción del derecho internacional a manos de aliados como EEUU e Israel, sin acción ni reacción a la altura ante crímenes internacionales que han modificado el mundo”.
Esta publicación d
e Olga Rodríguez, reconocida periodista española especializada en información internacional, Oriente Medio y Derechos Humanos, a pocas horas de conocerse la intervención de EEUU en Venezuela plantea puntos clave que, en el transcurso de las siguientes horas y días fueron cobrando mayor sustento.
1. Plantea la violación al derecho internacional, se supone vigente, pero que a todas luces luce anacrónico, nadie mejor que ella lo sabe, que viene denunciando el genocidio, el segregacionismo y limpieza étnica que ejecuta Israel sobre Palestina antes, durante y después del “Acuerdo de Paz” propiciado por Trump hace pocos meses. Aún así, lo invoca y reivindica el derecho internacional porque es el único instrumento que en algún momento algo hizo por frenar los abusos de poder dentro del sistema capitalista mundial en el que fue creado y llegó a ser protagónico generando cierto grado de resguardo de los derechos humanos y ordenamiento internacional.
2. Denuncia que la intervención norteamericana sobre Venezuela no tiene nada que ver con libertad y democracia, sino con el dominio energético, de recursos naturales y de rutas comerciales en el hemisferio occidental, y el control del flujo y precios del petróleo, vital para EEUU. Pocas horas después de la intervención y secuestro de Maduro, el propio Trump se encargó de corroborar eso y decir que todo va de petróleo y de prósperos negocios para hacer mucho dinero que genere retorno por todos los gastos incurridos, punto. Y, como estocada final, anunció que la líder de oposición venezolana y -nunca más deslucida- nobel de la paz no tenía ni el respeto ni capacidad para gobernar Venezuela y que EEUU ya sostenía conversaciones con Delcy Rodríguez, la nueva cabeza del mismo gobierno chavista.
A ello podríamos añadir, que en el primer día del juicio a Maduro, el departamento de justicia de EEUU dijo que el Cartel de los soles no es real, no existe, puf y ya. Es decir, la acusación por narcoterrorismo no solo a Maduro sino a toda la élite del chavismo, el eje principal del ataque, se cae y queda una acusación por corrupción. Lo importante es que la construcción de ese relato sostenido por años sin prueba alguna ha cumplido su misión (igual que el relato de que Irak tenía armas nucleares que nunca tuvo) y ahora es irrelevante para la administración Trump; sin embargo, la historia fue replicada y alimentada con entusiasmo por gobernantes y medios de todo el globo hasta hace muy poquito y hoy no atinan a cómo manejarlo.
3. Por último, cuestiona el papel de una Europa servil a EEUU que comete una y otra vez crímenes internacionales, pero Europa los normaliza. En estos movidos días para el mundo, vuelve a la palestra otro de los objetivos a la vista de Trump: Groenlandia, que formalmente es parte de Dinamarca, un país miembro de la Unión Europea y además, de la OTAN del que Trump es el principal representante. Pareciera que Europa repite la vieja práctica de darle carne al tigre a ver si así no se lo come.