Tres claves de la geopolítica del 2026

Eduardo García | Diario Red
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Una de las claves que ha definido la (no tan) nueva geopolítica del año 2025 ha sido la victoria —al menos, por ahora— de las tesis del secretario de Estado Marco Rubio en el seno del ejecutivo de Donald Trump. Cuando el magnate republicano señaló al senador anticomunista de ascendencia cubana como su hombre fuerte para la política exterior, estaba en realidad adelantando sus variables: en primer lugar, que la agresividad norteamericana contra China persistiría, pues Rubio ha sido siempre un halcón anti-Pekín; en segundo lugar, que América Latina iba a tener un peso mayor durante su segundo gobierno.

El repliegue hemisférico

Indudablemente, lo segundo se ha cumplido. Tal es así que, a punto de cumplirse los primeros doce meses de la segunda experiencia MAGA en la Casa Blanca, ya puede hablarse de un repliegue hemisférico americano, que se refleja directamente en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Washington.

Esta dinámica se profundizará con toda probabilidad a lo largo de 2026 a través de dos vectores complementarios. De un lado, Estados Unidos buscará afianzar la sumisión de los gobiernos afines en la región, ofreciendo concesiones económicas inmediatas a cambio del alineamiento geopolítico y militar. Panamá ya renunció a su acuerdo con China por la Nueva Ruta de la Seda y facilitó que Washington retomara de facto el dominio del Canal de Panamá, al tiempo que Ecuador y Argentina han abierto la puerta al establecimiento de bases militares norteamericanas en sus territorios o al desarrollo de los ejercicios militares conjuntos. Otros nuevos gobiernos como el del chileno Kast o el del boliviano Paz podrían ser los siguientes.

Del otro lado, el gobierno de Donald Trump buscará —está por ver por qué vías— la caída de los dos grandes “díscolos” que todavía existen en la región: la República Bolivariana de Venezuela y la Cuba del Partido Comunista. Bajo diversas narrativas como el narcotráfico y la abstracta lucha por “la libertad”, es esperable que la Casa Blanca estudie estrategias militares contra ambos países, si bien el temor a una suerte de Vietnam latinoamericano podría disuadir o retrasar unas operaciones que llevan meses siendo preparadas. Es también probable que Washington profundice sus ya de por sí crecientes lazos con actores afines en el Caribe, como Granada o Trinidad y Tobago, dispuestos a contribuir en eventuales ataques contra Venezuela a cambio de concesiones de diversas índoles.

En este renovado marco injerencista contra América Latina, en el que las estrategias armadas vuelven a ser una opción realista, tres gobiernos no alineados apuntan a ser decisivos: México, Colombia y Brasil. Colombia irá a elecciones presidenciales el 31 de mayo; Brasil lo hará el 4 de octubre.

Taiwán y la guerra arancelaria

Las relaciones entre la República Popular de China y el gobierno autoproclamado de la isla de Taiwán no levantan cabeza desde que el Partido Progresista Democrático accedió al gobierno en 2016. La renovada injerencia impulsada por el gobierno de Trump, así como el distanciamiento defendido primero por la presidenta Tsai Ing-wen y, ahora, por su sucesor Lai Ching-te, imposibilitan la reducción de las tensiones.

Como respuesta a la postura de Taipei y a su amistad militar de facto con Estados Unidos, Pekín realiza ejercicios militares en los alrededores de la isla que comprometen las rutas comerciales de Taiwán y amenazan su sostenibilidad en caso de un conflicto abierto. No parece garantizado (más bien todo lo contrario) que la isla pudiera sobrevivir más de unos pocos meses en el caso de que China impusiera un bloqueo aéreo y naval y Estados Unidos decidiera soltar la mano a Taipéi.

Desde finales del mandato de Joe Biden, China ha elevado ostensiblemente el volumen de sus vuelos militares alrededor de la isla, reafirmando su soberanía sobre el territorio y reivindicando su principio de Una Sola China. Además, las fuerzas armadas chinas han mejorado su interoperabilidad, involucrando una gama más amplia de activos, desde cazas hasta drones y helicópteros, y fortaleciendo la coordinación entre la Armada, la Fuerza Aérea y otras agencias como la Guardia Costera.

No está claro qué va a hacer China en 2026, pero nada indica que vaya a reducir sus presiones en torno a Taiwán, especialmente considerando que Washington persiste en considerar a la isla como un enclave para presionar a Pekín. A su vez, la guerra arancelaria que Trump y su secretario del Tesoro Scott Bessent desataron contra China no fue eficaz, pues fueron a grandes rasgos derrotados por Li Chenggang, Wang Wentao y el resto del equipo chino que diseñó la estrategia de respuesta a las presiones arancelarias. Esto podría empujar a la Casa Blanca a considerar escenarios de presión más duros, no comerciales. En este hipotético escenario, Taiwán, en tanto tablero potencialmente bélico, adquiriría un peso notable.

La guerra de posiciones en Oriente Medio

Oriente Medio es el otro gran escenario hacia el 2026. El desgaste de la imagen internacional del proyecto colono-genocida del Estado de Israel limita —que no imposibilita— el retorno a la forma cruda y explícita del horizonte de exterminio que Tel Aviv siempre ha reservado para los palestinos en Gaza.

Lo cierto es que el proyecto imperial sionista no solo abarca Gaza, sino que tiene muchos otros nodos de interés. En Cisjordania, el gobierno de Benjamin Netanyahu buscará con toda probabilidad continuar su acelerado plan de usurpación y ocupación, al tiempo que trata de reconstruir algunos de los lazos —dañados, pero no rotos— con el mundo “occidental”. A su vez, probablemente buscará consolidar su peso regional, consciente de que la estrategia de fondo de Trump en Oriente Medio es redibujar su mapa de poder siguiendo las premisas fundacionales del proyecto sionista.

En este sentido, no sería descabellado imaginar que Israel dedique buena parte de sus esfuerzos en 2026 a mejorar su posición de fuerza a escala regional. Para ello, buscará seguir agrietando la unidad interna y las capacidades efectivas del Eje de la Resistencia, ahondando en las heridas que ha sabido infligir especialmente a la República Islámica de Irán y a Hezbolá en el Líbano. A su vez, buscará revertir los pasos atrás dados desde el 7 de octubre de 2023 en su normalización frente a numerosos Estados árabes.

Por último, Israel buscará mejorar su posición relativa a otro gran competidor regional, Turquía, para lo cual ya ha comenzado a moverse en el Cuerno de África reconociendo en Somalilandia, tratando a su vez de garantizarse un mayor poder en torno al decisivo estrecho de Bab al-Mandab.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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