El peligro narcisista y maligno del presidente sobrehumano

Por Redacción dat0s
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Sanae Takaichi y trump

El debate sobre la salud mental de Trump

Pocos presidentes, en la historia de los Estados Unidos, se ha ganado en tan poco tiempo rótulos que ponen en duda el prestigio de una gestión con señales apocalípticas; si este es el caso, refuerza la descomunal abreviatura de los tiempos de la globalización, ya ni siquiera la nomenclatura líquida que había planteado el filósofo inglés Sigmund Baumann al describir la combinación fragmentada de la comunicación, el comportamiento de las instituciones en el apogeo de la edad tecnológica.

Nadie podría negar el significado antropológico de la metamorfosis que se respira en la órbita terrenal; las guerras que han impuesto un rigor mortis en esta fase aparentemente avanzada de la civilización como prueba de prestigio que pretende extender un manifiesto de bienestar. En los hechos esa asignatura ha dejado de ser un punto resuelto.

Frente a quienes alertan de que el jefe de Estado de los Estados Unidos sufre “trastornos” agravados por una supuesta demencia, los médicos de la Casa Blanca subrayan su buen estado de salud y su entorno achaca sus salidas de tono a una personalidad iconoclasta. Si vemos las líneas encima descritas, la señal de los tiempos modernos o el ciclo de época refuerza la pesadumbre que se respira en la lontananza. Las palabras verdaderas han sido cambiadas por mentiras y así avanza el mundo desprevenido de lo que podrá ser el mañana.

Trump es el intrépido, el iconoclasta perfecto, el representante del maligno en el planeta. Cuenta un corresponsal de la Casa Blanca que la semana pasada durante la visita de la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, a EE.UU. un reportero japonés le preguntó al presidente “por qué no avisó a sus aliados del ataque a Irán”, el del jopo amarillo en tomo de broma le contestó “¿Quién sabe más sobre sorpresas que Japón? ¿Por qué no me informó sobre Pearl Harbor? ¿Verdad?”.  Trump, el pulverizador es quien puede darse el lujo de mandar por el tubo a todos, periodistas, mandatarios y a una cáfila de personalidades que deben tragarse sapos como cuando les dijo a los presidentes latinoamericanos “que jamás aprendería un idioma de mierda”.

Para sus simpatizantes estos ejemplos y una decena de otros que produce con hilaridad extrema es prueba de su personalidad, de alguien que no repara en las proporciones ni en el tamaño de una nación empeñada en morder el polvo de una actitud que le podría causar un mal profundo.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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