Juguemos a la política

Mikio Obuchi
0
237
niñas jugando a la guerra, londres 1940
Foto: Getty Images

Muchas veces tomamos muy a la ligera ciertas ideas por parecernos intrascendentes. Quizás simples. Una de estas es la del juego. Quizás por considerarlo infantil o por ser visto como simulacro, no lo sé, sin embargo, el juego no es una actividad a tomarse a la ligera, no está lejos de muchas actividades humanas y es que jugar es una actividad sumamente seria. El juego no niega la vida solo la suspende. ¿Les parece?

¿Qué tan serio juegan los niños? Visto desde afuera, quizás desde cierta soberbia adulta, parece que los niños toman distintos elementos al azar y los ponen sobre la mesa cuando se disponen a jugar. Pero si nos fijamos bien, ellos disponen sus medios bajo un campo casi sacro, sus reglas, algo sale de ese campo y se conforma en una falta grave, falta que muchas veces va acompañada de emociones (enojo, tristeza, etc.) ¿No es quizás un rudimento muy adulto establecer reglas para ser cumplidas (Constitución Política del Estado)?

Luego pienso en el fútbol, este juego maneja una dinámica interesante, dos equipos, una pelota y dos hinchadas, simplificando mucho, ambos equipos se enfrentan, tratan de vencer al equipo contrario marcando más goles en el arco rival, la hinchada apasionada apoya a sus equipos, etc. En resumen, se divide al público para administrar la emoción ante un juego o espectáculo deportivo, donde ganas pierdes o te hundes en el abismo existencial del empate. ¿No les parece similar al manejo electoral (izquierdas, derechas, delegar el juego a unos cuantos, incluso es más fácil señalar errores)?

La idea es que el juego no es algo que se deba tomar a la ligera. Como se puede ver, el juego no niega ni mucho menos superficializa la realidad, tan solo la pone entre paréntesis. Quien no recuerda que cuando niño una silla podía volverse un tren ¿nadie se molestó nunca porque su papá o su mamá o un adulto cualquiera se llevaba su tren para sentarse en él? Hay casos en muchos partidos de fútbol donde se han visto batallas campales con muertos y heridos porque un equipo ganó, ¿no suele pasar algo similar en elecciones?

Lo cierto es que el juego (y simplificando de nuevo) funciona como un simulacro. Como tal exige una seriedad y capacidad de involucrarse que no dista de la seriedad con la que atendemos problemas de Estado. Es algo que forma parte de nuestra manera de sobrevivir, de asentarnos en una realidad que dispone sus reglas. Y es que suena hasta inocente cuando alguien dice “los políticos no saben jugar ni conectar con las emociones de la gente”. Al final es el hombre el que juega y no una especie aparte. Por ello “Homo ludens.” Sólo muestra una parte del Homo Sapiens 😉. ¿O es que el juego no es parte de la vida y por ello parte de la política? ¿Jugamos para vivir?


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
Si quieres apoyar nuestro periodismo aporta aquí
Qr dat0s