Keir Starmer dimite como primer ministro tras quedarse sin apoyos dentro del Partido Laborista

Reino Unido vive instalado en la inestabilidad política desde que se iniciara el proceso del Brexit. Desde que David Cameron presentara su dimisión, el 13 de julio de 2016, todos los primeros ministros que le han sucedido se han visto forzados a renunciar al cargo de forma abrupta. Starmer es la prueba de que esta dinámica afecta por igual a los laboristas y a los conservadores.
Keir Starmer ha presentado la dimisión como primer ministro de Reino Unido, tras meses de presiones internas y con su imagen pública en caída libre. Starmer se une así a la lista de dirigentes británicos que, desde los tiempos del Brexit, se han visto obligados a abandonar su cargo.
De los anhelos de cambio a la decepción
En las elecciones generales que se celebraron en Reino Unido en julio de 2024 los laboristas obtuvieron una clara victoria, haciéndose con 411 de los 650 escaños en la Cámara de los Comunes. Este éxito electoral contrastó con la debacle que vivieron los conservadores, una de sus peores derrotas electorales en décadas.
Starmer se convirtió en primer ministro entre anhelos de cambio y pasar página a la turbulenta era post-Brexit. Sin embargo, el éxito electoral fue engañoso: bajo Starmer los laboristas obtuvieron 9,7 millones de votos.
Cinco años antes, bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, habían obtenido algo más de 10,2 millones de sufragios. Una señal de que Starmer no contaba con la plena confianza del electorado laborista.
Desde bien pronto se hizo evidente que Starmer no era una figura adecuada para afrontar los problemas que azotan a Reino Unido desde hace años. Ni él, ni tampoco su gobierno, que se ha visto afectado por la inestabilidad. Apenas un año después de haberse formado el gabinete, la vice primera ministra, Angela Rayner, se vio obligada a dimitir tras verse envuelta en un escándalo.
La economía del país tampoco ha mejorado sensiblemente en el período que Starmer ha sido inquilino del número 10 de Downing Street. De hecho, el primer ministro promovió algunas políticas de austeridad y recortes para tratar de frenar el déficit público, algo que no gustó nada entre sus electores.
Por ejemplo, la pretensión de suprimir una ayuda para calefacción a los jubilados generó tal impopularidad que al final el gabinete dio marcha atrás y renunció a aplicar esta medida. Pero el daño ya estaba hecho. Aquello significó el divorcio de muchos electores con Starmer y su gabinete.
Un largo descenso a los infiernos
Para el verano de 2025 se había hecho evidente el desencanto de muchos electores con el gobierno laborista. Tras la caída de su vice primera ministra, Starmer llevó a cabo un reajuste de gabinete, cambiando a varios ministros. Sin embargo, de poco le sirvió este lavado de cara, pues su popularidad siguió descendiendo en picado.
Los escándalos de diversa naturaleza han sido una dinámica habitual y han contribuido a enrarecer el ambiente político. A eso se ha sumado la persistencia de los problemas de tipo socioeconómico heredados de la etapa conservadora. En ese contexto, la formación derechista Reform UK comenzó a destacar en las encuestas y en la esfera pública.
En septiembre de 2025, apenas unos días después del reajuste de su gabinete, estalló un nuevo escándalo. El embajador británico en Washington, Peter Mandelson, se vio obligado a renunciar de su cargo tras salir a la luz su relación con el millonario estadounidense Jeffrey Epstein.
El caso Mandelson es con diferencia el que más ha afectado a Starmer, en parte también por la deficiente gestión que el primer ministro ha hecho del mismo, con numerosos cambios de versión y una cascada de dimisiones que el propio dirigente británico ofrecía en sacrificio para saciar el malestar de la opinión pública.
Las presiones internas para que Starmer dimitiera llegaron a su punto culminante en febrero de 2026, pero el jefe del gobierno logró resistir en su puesto. Posiblemente, no tenía ninguna voluntad de engrosar la lista de primeros ministros que han caído en desgracia desde el comienzo del proceso del Brexit.
Sin embargo, el fracaso clamoroso del Partido Laborista en las elecciones locales celebradas el 7 de mayo puso en marcha una cuenta atrás de la que Starmer no ha podido evadirse.
La rebelión interna esta vez se materializó con una cascada de renuncias entre sus propios ministros. Finalmente, el 22 de junio Starmer tiraba la toalla y anunciaba su dimisión como jefe del gobierno y del Partido Laborista.
Reino Unido vive instalado en la inestabilidad política desde que se iniciara el proceso del Brexit. Desde que David Cameron presentara su dimisión, el 13 de julio de 2016, todos los primeros ministros que le han sucedido se han visto forzados a renunciar al cargo de forma abrupta. Starmer es la prueba de que esta dinámica afecta por igual a los laboristas y a los conservadores.
Los sucesivos fracasos de los gabinetes británicos desde hace una década evidencian un creciente desencanto de las clases media y trabajadora de Reino Unido con los dos principales partidos del sistema. Un desencanto del que se están beneficiando Nigel Farage y el partido que lidera, Reform UK.
El alcalde de Manchester, Andy Burnham, se vislumbra como el más posible sucesor de Starmer. Paradójicamente, hace apenas unos meses fue uno de los pocos apoyos públicos que tuvo Starmer, que llegó a respaldar que continuara en el cargo.












