Brasil se asoma al abismo de un colapso nacional de las UCI por casos de coronavirus
Por: El País
Marzo 2021
Fotografia: DIEGO VARA / Reuters

Los científicos advierten sobre el peligro de que el país se convierta en incubadora de mutaciones y la OMS teme una explosión regional de casos

 

La √ļnica buena noticia que han recibido esta semana los brasile√Īos es que Pel√© ya ha recibido la primera dosis de la vacuna del coronavirus; el cantante Caetano Veloso, tambi√©n. Eso y los mensajes en redes sociales de nietos e hijos que muestran aliviados el instante en que sus mayores reciben la inyecci√≥n son un rayo de luz en medio de un panorama sombr√≠o. Porque en todo Brasil el virus mata y contagia como nunca. Ninguna semana ha sido tan dura como la √ļltima, con 1.910 muertos el mi√©rcoles (el r√©cord en un d√≠a). Y la perspectiva es nefasta porque la vacunaci√≥n avanza lenta.

Cascavel, una ciudad del Estado de Paran√°, es uno de los casos m√°s dram√°ticos que se conocieron la semana pasada. Gran centro urbano de una zona de poblaci√≥n dispersa, tiene las unidades de cuidados intensivos al 99%. ¬ŅConsecuencias? Pacientes intubados en pasillos de hospitales, ambulancias convertidas en camas... Hasta lanzaron un SOS al zool√≥gico local, que les prest√≥ nueve bombas de infusi√≥n y un respirador de los que usan para tratar animales, seg√ļn la prensa brasile√Īa. La crisis es grave no solo en ciudades poco conocidas en el extranjero. S√£o Paulo, la urbe m√°s rica y poblada de Am√©rica Latina, anunci√≥ el viernes un nuevo hospital de campa√Īa y pide "voluntarios para la guerra". Pero, como alertan los especialistas, aumentar camas sin frenar los contagios es un apa√Īo temporal. Los secretarios estatales de Salud temen un "inminente colapso nacional de la red sanitaria p√ļblica y privada" sin un toque de queda nacional y, en las zonas m√°s afectadas, confinamiento. Cientos de enfermos necesitan una cama hospitalaria; decenas han fallecido en la espera.

La grave situaci√≥n brasile√Īa contrasta con pa√≠ses que empiezan a ver alguna luz a medida que avanza la vacunaci√≥n y disminuyen los casos. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se declar√≥ este viernes en Ginebra "muy, muy preocupado" a causa de Brasil. Teme que propicie una explosi√≥n de casos tambi√©n fuera de sus fronteras. "Si Brasil no se lo toma en serio, seguir√° afectando a la regi√≥n y m√°s all√°", seg√ļn Ghebreyesus.

Un a√Īo dura ya esta contienda contra un virus que ha infectado a 10 millones de brasile√Īos y causado 260.000 muertes en el pa√≠s. Una batalla que aqu√≠ se libra sin un mando unificado, m√°s bien como una guerra de guerrillas -no siempre coordinadas- de la mano de 26 gobernadores y un ej√©rcito de alcaldes. Y con un presidente, Jair Bolsonaro, empe√Īado en sabotear cualquier esfuerzo que coloque la salud p√ļblica como prioridad. En una estrategia que le desgasta menos de lo que se podr√≠a sospechar. Todas las semanas exhibe su desprecio ante la alarmante situaci√≥n: "Basta de quejicas, ¬Ņhasta cu√°ndo vais a seguir llorando?", dijo horas despu√©s del √ļltimo r√©cord de muertes.

Gobernadores y alcaldes han decretado nuevos toques de queda y restricciones que quedan lejos de las tres semanas de confinamiento nacional que reclaman algunos cient√≠ficos. S√£o Paulo cerrar√° durante dos semanas las actividades no esenciales. En R√≠o de Janeiro habr√° restaurantes a media jornada y veto a los vendedores ambulantes en las playas. Ochenta ciudades del Estado de Minas Gerais est√°n confinadas. La Liga de f√ļtbol sigue adelante, aunque sin p√ļblico.

La cuarta ola de contagios est√° siendo la m√°s virulenta. Empez√≥ a gestarse hacia Nochevieja, a finales del a√Īo pasado. Los casos comenzaron a aumentar y desde entonces la tendencia se ha acelerado. Ese incremento, unido a otros factores, ha cebado una bomba de relojer√≠a.

La tasa de transmisi√≥n es alta hace tiempo y el virus circula sin control, de modo que facilita mutaciones como la variante brasile√Īa P1 y aumenta el riesgo de nuevas cepas. Son much√≠simas las familias en las que varias generaciones conviven hacinadas en un min√ļsculo espacio. Desde que en enero acab√≥ la paga del coronavirus, millones de personas salen a la calle a ganarse la vida, el personal m√©dico est√° agotado, abunda la desinformaci√≥n... Y todo ello agravado por la politizaci√≥n. La gesti√≥n de la pandemia es un campo de batalla pol√≠tica desde el d√≠a uno. El presidente, adem√°s proclamar que no piensa decretar un confinamiento ni vacunarse (su madre s√≠ fue inmunizada), causa aglomeraciones todas las semanas, culpa de los da√Īos econ√≥micos a gobernadores y alcaldes, ha cambiado tres veces de ministro de Salud y siembra dudas sobre la eficacia de vacunas y mascarillas mientras dedica personal y dinero p√ļblico a fabricar medicamentos cuya eficacia contra la covid-19 no est√° demostrada.

El biólogo y divulgador científico Atila Iamarino sostiene, en declaraciones a BBC Brasil, que existe "una estrategia genocida para que la gente se mueva libremente y desarrolle inmunidad (colectiva). No es casualidad que aquí surgiera una de las variantes más peligrosas".

"El pueblo todav√≠a se cree que esto es una broma. Hasta que a la gente no le toca, no entiende lo grave que es", se quejaba este viernes Luciana Trinidade, de 45 a√Īos, que vende panetoni en un pasillo subterr√°neo de Luz, una c√©ntrica estaci√≥n de metro en S√£o Paulo. Sabe de lo que habla porque el virus agarr√≥ a su familia. "Mi hijo, con 23 a√Īos, tuvo secuelas. Le atac√≥ a la m√©dula, perdi√≥ la movilidad de las piernas, tuvo una trombosis y casi se muere. Ahora se est√° recuperando", explica mientras una marea de viajeros hace transbordo a paso ligero. Recalca que el joven Trinidade no es de ir a fiestas, pero, como tantos brasile√Īos, es obeso e hipertenso.

"No me quito la mascarilla, no dejo de usar gel desinfectante, y, en cuanto llego a casa, me quito la ropa y me pego una ducha", recalca la vendedora, que estuvo 40 días sin olfato. Pero tomar precauciones no disipa su inquietud: "Ahora dicen que te puedes volver a contagiar. Y yo aquí, en medio de esta multitud".

La pandemia también brinda anécdotas como la causada por un funcionario del Ministerio de Salud que se despistó o no se sabe el alfabeto. Envió al Estado de Amapá 78.000 vacunas que correspondían al vecino Amazonas, adonde mandó las 2.000 que Amapá esperaba.

Existen otros problemas m√°s all√° de la incompetencia o el sabotaje. Incluso en S√£o Paulo, donde las autoridades han exhibido voluntad pol√≠tica para combatir la epidemia, la distancia entre las normas y su aplicaci√≥n es amplia. Casi 8.500 personas fueron apercibidas por las autoridades de esta ciudad de 12 millones de habitantes a causa de la mascarilla, seg√ļn Fiquem Sabendo, una agencia informativa especializada en transparencia. Ni una sola fue multada.

 

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