La pandemia de la soledad
Por: √Ālvaro Santana-Acu√Īa / The New York Times
Junio 2020
Fotografia: Diario Córdoba

Miles de personas alrededor del mundo han descubierto durante la crisis del coronavirus que la peste del olvido que castigó a Macondo, el pueblo ficcional de Gabriel García Márquez, es también el relato presente de nuestras vidas.

 

La peste lleg√≥ al pueblo cuando una ni√Īa enferma se mud√≥ a casa de unos parientes. D√≠as despu√©s, su mal hab√≠a contagiado a la familia y luego infect√≥ a toda la poblaci√≥n. Comenz√≥ entonces una dura cuarentena que transform√≥ el estado de emergencia en cosa natural. El pueblo solo se cur√≥ cuando un visitante llamado Melqu√≠ades trajo un remedio contra la enfermedad. Esta es, en resumen, la historia de la peste del insomnio que enferm√≥ a los habitantes de Macondo, el pueblo protagonista de Cien a√Īos de soledad, la novela cl√°sica de Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Como miles de personas alrededor del mundo han descubierto durante la pandemia de la COVID-19, la historia de la peste de Macondo es tambi√©n el relato presente de nuestras vidas.

En estos tiempos, cuando parece que vivimos en un Macondo global, muchos lectores acuden a Cien a√Īos de soledad como si fuese un libro de profec√≠as para comprender el mundo en el que vivimos y sobre todo en el que viviremos tras la pandemia. Rodrigo Garc√≠a, hijo del escritor, cont√≥ en una carta a su padre que no pasa un solo d√≠a sin cruzarse con una referencia a la peste del insomnio o alguna de sus variantes. Como toda obra cl√°sica, esta novela tiene un poder camale√≥nico para resonar entre sus lectores en toda clase de circunstancias.

El confinamiento f√≠sico es tambi√©n para millones una cuarentena emocional. Un doble encierro que a muchos nos ha arrojado a esa soledad que aquejaba a los habitantes de Macondo. De ah√≠ que las lecciones de la peste del insomnio est√©n no solo en lo que se nos cuenta, sino adem√°s en c√≥mo Garc√≠a M√°rquez pudo lograr cont√°rnoslo desde la soledad que vivi√≥ mientras escrib√≠a la novela. Ni en los momentos m√°s fatales de la peste, los habitantes de Macondo se quedaron solos. Se reun√≠an. Se contaban historias. Se hac√≠an compa√Ī√≠a. Ayudaban a su comunidad.

El cortometraje La peste del insomnio de Leonardo Aranguibel, creado durante cincuenta días de encierro, es un hermoso homenaje a la novela y además una prueba poderosa de que en tiempos de pandemia, mientras esperamos a que el Melquíades de nuestros tiempos descubra el remedio contra la enfermedad, la primera cura es la esperanza.

Las pestes existen desde que la humanidad camina sobre la Tierra. En Par√≠s, la ciudad donde viv√≠ el confinamiento y los s√≠ntomas iniciales de la COVID-19, ya han visitado otras pandemias, como la peste negra, el c√≥lera y la gripe espa√Īola. Este a√Īo, en mi ruta al trabajo, caminaba a diario al lado de la iglesia quemada de Notre Dame. D√≠as antes del inicio de la cuarentena, miles de turistas la segu√≠an fotografiando, ignorantes de que junto a la iglesia est√° uno de los hospitales m√°s antiguos y heroicos del mundo, el H√ītel-Dieu, fundado en el a√Īo 651 y al que esta nueva pandemia parisina ha rescatado del olvido.

Tan antiguas como las pestes son sus efectos sociales. El miedo que roza el pánico, la desinformación sobre lo que pasa en realidad, la discriminación hacia los enfermos y quienes los cuidan, la incompetencia de las autoridades para contener la enfermedad, las diversas teorías de la conspiración sobre el origen y la naturaleza de la pandemia, la incertidumbre colectiva que crece con el paso de los días, el brusco aumento de la pobreza y sobre todo la avalancha macabra de muertos.

Afortunadamente, durante la pandemia de Macondo, no murió nadie. Así nos lo recuerda el corto de Aranguibel. El director venezolano ha reunido un elenco de 31 actrices y actores de América Latina, quienes leen los fragmentos más importantes de la vida en Macondo durante la peste. En estos tiempos de incertidumbre pandémica, el corto busca transmitirnos un mensaje de solidaridad y esperanza para la región, juntando, para lograrlo, la fuerza de las imágenes del presente y las palabras proféticas de García Márquez.

La narraci√≥n se mezcla con im√°genes asombrosas de la vida actual en ciudades de cinco pa√≠ses de la regi√≥n. Se trata de ciudades vaciadas en su mayor√≠a de humanos; los pocos que vemos llevan mascarillas. En otras im√°genes salen personas en casa. En la soledad de la cuarentena, se despiertan a una nueva ma√Īana sin saber en qu√© d√≠a de la semana est√°n, teletrabajan solitarios frente a una pantalla o tratan de mantener su comunidad en l√≠nea para no olvidar lo que somos, seres de contacto f√≠sico.

Para saber lo que somos, Garc√≠a M√°rquez no tuvo que vivir una cuarentena global. Y sin embargo vivi√≥ una personal. Al escribir Cien a√Īos de soledad se someti√≥ a un confinamiento de m√°s de un a√Īo. Us√≥ su encierro como una mina creativa de la que sac√≥ experiencias y recuerdos personales que, m√°s de medio siglo despu√©s, permiten al escritor llegar a sus lectores de hoy como si fuese un cronista de nuestra pandemia actual.

Cuando Garc√≠a M√°rquez escrib√≠a las p√°ginas sobre la peste del insomnio llevaba casi veinte a√Īos tratando de terminar esa novela. Hab√≠a intentado hacerlo de mil maneras: por las noches despu√©s del trabajo o durante sus vacaciones, cuando vivi√≥ en Par√≠s, Barranquilla y Caracas. En el oto√Īo de 1965 descubri√≥ que esa novela solo podr√≠a escribirla si abandonaba su trabajo, sus amistades y se aislaba en un cuartito para trabajar desde la ma√Īana a la noche. As√≠ lo hizo.

En los momentos más duros de su confinamiento, cuando las deudas acorralaban a su familia, García Márquez confesó en una carta que nunca en su vida se había sentido tan solo. Pero el aislamiento dio sus frutos. En octubre de 1965, le envió una carta al escritor Carlos Fuentes diciéndole emocionado que ya tenía el título para la novela. Un mes más tarde, le detalló al crítico Luis Harss que Macondo sería azotada por una peste. Desde entonces, escribió casi sin parar.

Los vecinos de García Márquez recuerdan que apenas salía de casa. A veces, cruzaba la puerta, se sentaba en la acera a fumar un cigarrillo y volvía a su encierro. Sus amigos también lo recuerdan confinado. Pero nunca lo dejaron solo. Le llamaban por teléfono, le escribían cartas, a menudo le visitaban en casa y así la solidaridad de sus amigos le ayudó a terminar la novela.

Garc√≠a M√°rquez se aisl√≥ del mundo, pero su mundo vino a √©l para acompa√Īarlo mientras escrib√≠a Cien a√Īos de soledad. Narrada por las voces del corto de Aranguibel, la peste en esta novela parece m√°s que nunca escrita en el lenguaje del presente. Y acaso lo sea porque de su cuarentena personal el escritor aprendi√≥ que la solidaridad entre las personas es la verdadera cura para esa otra pandemia que infecta a millones y que a√≠sla en su lecho de muerte a las v√≠ctimas de la COVID-19: la pandemia de la soledad.

√Ālvaro Santana-Acu√Īa es autor de Ascent to Glory: How 'One Hundred Years of Solitude' Was Written and Became a Global Classic.

 

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