Las reaperturas marcan una nueva fase: el 'ensayo y error' global
Por: Max Fisher / The New York Times
Mayo 2020

A medida que los países relajan las reglas del confinamiento, sociedades enteras se están convirtiendo en conejillos de indias de lo que funciona y de aquello a lo que están dispuestas a renunciar.

 

El mundo está entrando en un periodo de experimentación de alto riesgo, en el cual ciudades y países sirven como laboratorios al aire libre para saber cómo poner fin a la cuarentena con mayor seguridad y eficacia en medio del coronavirus.

Los gobiernos, incapaces de esperar indefinidamente a que la ciencia responda a cada enigma sobre qué hace que las infecciones se disparen en algunas circunstancias y no en otras, están impulsando políticas basadas en una comprensión creciente pero imperfecta del virus.

Y con poco consenso sobre la mejor manera de equilibrar la salud p√ļblica y las necesidades sociales y econ√≥micas, las sociedades se abren camino con ayuda de soluciones intermedias, que ser√≠an desgarradoras incluso con mejor informaci√≥n sobre los posibles costos de cualquier pol√≠tica en las vidas y el modus vivendi.

"Estamos en medio de un periodo de ensayo y error a nivel mundial para tratar de encontrar la mejor solución en una situación muy difícil", explicó Tom Inglesby, director del Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins.

La primera ola de reaperturas, principalmente en Asia y Europa, nos da atisbos de lo que podría convertirse en un proceso continuo de experimentación y recalibración.

Cada política, como el distanciamiento de los estudiantes en las escuelas danesas o los controles de temperatura en los restaurantes de Hong Kong, si bien se basa en el conocimiento científico y en la relación costo-beneficio calculada, también es una prueba de lo que funciona, de lo que vale la pena y de lo que la gente aceptará.

Aunque la experiencia adquirida en la vida convertir√° algunas inc√≥gnitas en conocimientos, muchas preguntas pueden quedar sin respuesta durante la que se espera que sea una crisis de uno a dos a√Īos.

Eso incluye la que puede ser la pregunta m√°s dif√≠cil, pero la m√°s urgente de todas: ¬Ņcu√°l es el valor de una vida salvada?

Los pa√≠ses no tienen m√°s remedio que adivinar los c√°lculos √©ticos que les revuelven el est√≥mago. ¬ŅCu√°ntas vidas deber√≠an arriesgarse para salvar a mil personas del desempleo? ¬ŅPara evitar que una generaci√≥n de ni√Īos se atrase en la escuela? ¬ŅPara salvaguardar una sensaci√≥n de normalidad?

Aunque Inglesby enfatiz√≥ que "hay muchos principios basados en la salud p√ļblica y el sentido com√ļn" que les sirven como gu√≠a, "no hay un plan de acci√≥n para esto".

Muchos países han modelado sus políticas, en parte, con base en la forma en que sortean las lagunas de conocimiento sobre el virus.

Por ejemplo: ¬Ņestar al aire libre limita dr√°sticamente la transmisi√≥n?

Lituania, en la creencia de que así es, está cerrando las calles de la capital para permitir que los restaurantes y bares abran sus puertas para dar servicio solo al aire libre.

Otros están poniendo a prueba esta hipótesis con mayor moderación. Bangkok está reabriendo los parques, pero prohíbe la mayoría de las actividades colectivas. Sídney reabrió las playas para nadar y surfear, pero no para tomar el sol ni socializar.

Otro misterio: ¬Ņcon qu√© facilidad y amplitud transmiten los ni√Īos el virus?

Algunos pa√≠ses est√°n reabriendo las escuelas, tomando un riesgo calculado con base en los indicios de que los ni√Īos podr√≠an estar relativamente seguros, mientras imponen restricciones para los casos en que no lo est√©n.

Dinamarca abri√≥ las escuelas a los ni√Īos m√°s peque√Īos, quienes se cree que corren menos riesgo, pero con restricciones en cuanto al n√ļmero de alumnos por grupo.

Alemania, mientras tanto, est√° invitando a volver a la escuela a los ni√Īos mayores que, seg√ļn se piensa, podr√≠an presentar un mayor riesgo de transmisi√≥n pero que cumplir√°n mejor con las normas sobre el uso de cubrebocas y distanciamiento.

Hay otro conjunto de incógnitas: aquellas relacionadas con el comportamiento de las personas.

El gobierno de Corea del Sur está apostando por ciudadanos que observan voluntariamente una letanía de pautas sobre interacciones cotidianas, como inclinarse en lugar de abrazarse en los funerales.

En otras √°reas es menos confiado, y se aplican multas y monitoreo digital para hacer cumplir las cuarentenas obligatorias a aquellos que se cree tuvieron contacto con una persona infectada.

California permitirá que algunos negocios ofrezcan servicios en los que los clientes podrán recoger los productos en las aceras, con la esperanza de que suficientes trabajadores y consumidores lo acepten y con la suficiente seguridad como para detener la caída libre de la economía sin el resurgimiento de infecciones.

Georgia, mientras tanto, levantó las restricciones a las empresas solo para descubrir que los clientes no estaban dispuestos a regresar.

Cualquier medida de reapertura tiene como objetivo "equilibrar al menos tres cosas distintas", dijo Ezekiel J. Emanuel, presidente del Departamento de √Čtica M√©dica y Pol√≠tica Sanitaria de la Universidad de Pensilvania.

Estas son: mantener bajas las infecciones para evitar la saturación de los servicios de salud; mantener bajas las muertes, lo que implica detener las infecciones de mayor riesgo, y controlar las cargas económicas y sociales.

Sin embargo, incluso si esperamos que una política determinada mejore una medida y empeore otra, las lagunas en el conocimiento sobre el coronavirus hacen que no sepamos por cuánto.

"Es evidente que encontrar el equilibrio correcto es el principal problema. Es muy difícil", comentó Emanuel.

Por ejemplo, los funcionarios alemanes que reabrieron parcialmente las f√°bricas no tienen forma de prever cu√°ntas personas se enfermar√°n ni cu√°ntos empleos se salvar√°n como resultado.

La √ļnica manera de saber con seguridad si los beneficios de una pol√≠tica valen sus costos es, en muchos casos, ponerla a prueba y observar lo que sucede.

Entonces, cada paso hacia la reapertura también es un conjunto de experimentos con sociedades enteras que sirven como conejillos de indias o, si lo prefieren, como exploradores que se adentran audazmente en lo desconocido. De cualquier manera, pocos esperan que el proceso sea inocuo.

"Creo que es poco probable que consigamos el equilibrio correcto al principio, ya que es la primera vez que hacemos algo así", explicó Inglesby.

Por supuesto, las cifras de contagios de Alemania aumentaron, aunque de manera lo suficientemente modesta para que el pa√≠s contin√ļe su lenta reapertura.

India, en cambio, experimentó un aumento más marcado después de que se levantaron algunas restricciones, lo cual aumentó la posibilidad de regresar al cierre, como ya ha sucedido en algunas ciudades chinas.

Incluso los experimentos fallidos pueden ofrecer lecciones duramente ganadas permitiendo, en teoría, que cada reapertura sea más segura que la anterior.

"¬ŅHay un resurgimiento de casos a partir de patrones particulares de flexibilizaci√≥n del distanciamiento social?", pregunt√≥ Inglesby. "¬ŅDescubrimos que hay casos que ocurren en el transporte p√ļblico? ¬ŅFuncionan las medidas que Hong Kong est√° implementando con los restaurantes?".

Pero hay un inconveniente: las ciudades y naciones tienden a cambiar varias cosas a la vez, y eso dificulta aislar lecciones específicas. Una política puede parecer fracasar en algunas circunstancias y ser exitosa en otras, lo que hace más lenta la capacidad de los países de aprender de otros.

Incluso si el mundo pudiera cuantificar con certeza en qué medida afecta una política determinada tanto al virus como al bienestar social, no existe una fórmula para equilibrar ambos elementos.

Eso ha obligado a los l√≠deres mundiales a enfrentar una interrogante con la que los especialistas en √©tica han luchado durante a√Īos: ¬Ņcu√°nto debe la sociedad estar dispuesta a sacrificar para salvar una vida?

En otras palabras, ¬Ņcu√°ntas personas deber√≠an quedarse sin trabajo para salvar una vida, sabiendo que el desempleo prolongado est√° asociado con la reducci√≥n de la esperanza de vida? ¬ŅCu√°ntas muertes deber√≠an permitirse si con ello una comunidad puede mantener la f√°brica local en funcionamiento?

"Una de las cosas que es nueva aquí es el sacrificio del futuro a largo plazo de la gente", comentó Emanuel, especialista en ética médica.

Sin fórmulas o respuestas fáciles, dijo: "Alguien tiene que hacer esos sacrificios. No sé qué más hacer".

Para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump -m√°s que para cualquier otro l√≠der hasta ahora-, las ventajas de la reapertura superan incluso el riesgo m√°s extremo: tambi√©n se encuentra entre los pocos l√≠deres que presionan para reabrir a medida que los casos contin√ļan al alza en muchas partes del pa√≠s. Eso, advierten los expertos, podr√≠a traer m√°s da√Īo que alivio econ√≥mico.

Otros cursos de acción exigen sopesar la vida humana contra las libertades civiles, la inequidad social e incluso el valor cultural.

Corea del Sur est√° tomando medidas para reiniciar su liga de b√©isbol, que es tanto un negocio como una fuente de diversi√≥n para millones. Hong Kong est√° permitiendo alg√ļn acceso a las bibliotecas.

Y los estadounidenses ya están debatiendo si hay un punto en el cual la aplicación del distanciamiento social, a través del monitoreo, multas o coerción directa, conlleva costos inaceptables a la libertad individual.

Las que en un principio son cuestiones econ√≥micas o de salud p√ļblica se convierten r√°pidamente en cuestiones de filosof√≠a y valores, pues no hay otras maneras de responderlas.

¬ŅQu√© tan agresivas deben ser las escuelas en la reapertura? Los nuevos brotes podr√≠an poner en peligro a los adultos mayores o a las personas con enfermedades preexistentes. Pero un a√Īo de escuela perdido puede rezagar a un ni√Īo de por vida.

¬ŅEl valor de reabrir parcialmente un sitio cultural como Broadway se mide solo en t√©rminos econ√≥micos, o tambi√©n en t√©rminos de la felicidad que trae a los espectadores y su contribuci√≥n a la cultura? ¬ŅEs eso suficiente para poner vidas en riesgo?

Las concesiones en la libertad y la privacidad, que ya se están haciendo en la individualista Corea del Sur, quizá perduren después de que la pandemia haya terminado. Las decisiones que se tomen podrían sumarse a las sociedades reconfiguradas en torno a los valores que las informaron.

A medida que las consecuencias de esas elecciones aumenten, los costos de la lucha contra la pandemia se har√°n m√°s claros cada semana.

"Va a ser un acto de equilibrio muy difícil", afirmó Inglesby.

 

 

Max Fisher es un reportero internacional y columnista que reside en Nueva York. Ha reporteado desde cinco continentes sobre conflicto, diplomacia, cambio social y otros temas. Escribe The Interpreter, una columna que explora las ideas y el contexto detr√°s de los grandes sucesos mundiales. @Max_Fisher ‚ÄĘ Facebook

 

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