Presidente Bukele, negocie con las pandillas de El Salvador (pero de otro modo)
Por: √ďscar Mart√≠nez/ The New York Times
Septiembre 2020
Fotografia: Jose Cabezas/Reuters

Una investigaci√≥n period√≠stica present√≥ pruebas de que funcionarios del actual gobierno salvadore√Īo han entablado di√°logos con la MS-13. Pactar con las pandillas no debe rechazarse, pero debe hacerse de manera eficiente y con transparencia.

 

El gobierno de Nayib Bukele est√° negociando con la Mara Salvatrucha (MS-13) en El Salvador. Con ello ha puesto al pa√≠s al borde de un abismo de muerte que ya conocimos en 2015, el a√Īo m√°s violento de nuestra historia.

Para ese a√Īo ya hab√≠an fracasado tanto el pacto de 2012 del gobierno de izquierda con las pandillas como las negociaciones de los dos principales partidos pol√≠ticos -el izquierdista FMLN y el derechista Arena- de cara a las elecciones presidenciales de 2014. Ahora, Bukele tiene posibilidades de intentar otra f√≥rmula y transparentar el di√°logo para lograr la pacificaci√≥n de El Salvador, pero sin exigir favores pol√≠ticos ni apoyo electoral a cambio. A√ļn puede hacerlo y no seguir el camino del fracaso que otros pol√≠ticos marcaron. Pero, de momento, nada apunta a que lo har√°.

El 3 de septiembre, el equipo de investigaciones especiales de El Faro public√≥ un reportaje que revela, con oficios y otros documentos oficiales, las negociaciones que funcionarios del gobierno de Bukele han tenido con l√≠deres de la MS-13 encarcelados en los penales de m√°xima seguridad. Las p√°ginas, algunas de ellas con sello y firma de empleados p√ļblicos que reportaron los encuentros, describen un di√°logo en curso en el que el gobierno del actual presidente ofreci√≥ beneficios carcelarios a cambio de reducci√≥n de homicidios y apoyo electoral en 2021, cuando se elige una nueva Asamblea Legislativa.

Los emisarios del gobierno dijeron ser de un "partido nuevo", en referencia a Nuevas Ideas, el partido creado alrededor de la figura de Bukele. Aseguraron a los pandilleros que buscan su "bienestar", quienes respondieron que van a "apoyar" a este "partido nuevo". Los primeros documentos encontrados son de junio de 2019; y los √ļltimos, de agosto de este a√Īo. Si El Salvador sigue con su tasa de homicidios actual, se encamina a ser el a√Īo menos violento del que se tenga registro en la historia reciente. Pero el costo de negociar con las pandillas puede ser un futuro derramamiento de sangre, como ya ocurri√≥ en 2015 tras el fracaso de la tregua del gobierno del FMLN.

La idea de pactar con las pandillas no es nueva. Los mismos periodistas que descubrimos las recientes negociaciones publicamos en 2012 la revelaci√≥n de que el gobierno de izquierda negoci√≥ el mismo intercambio con los pandilleros, sin incluir la ayuda electoral. Con los a√Īos, El Faro tambi√©n document√≥ con videos y otras pruebas que los dos grandes partidos que se alternaron el poder despu√©s de la guerra civil -que termin√≥ con un acuerdo de paz en 1992- ofrecieron dinero y algunos beneficios a las diferentes pandillas del pa√≠s a cambio de ayuda para ganar los comicios presidenciales. Todos intentaron hacerlo en secreto. Todos fracasaron.

Las negociaciones con pandilleros han seguido un patrón: hacerlo en secreto, incluir el elemento electoral, negarlo tras ser descubiertos y cancelar el pacto con los criminales cuando las elecciones se acercaron y lo acordado se convirtió en un lastre de cara a los votantes.

Bukele va por el paso tres. √Čl y algunos de sus funcionarios han reaccionado como el manual del fracaso indica: negaron, amenazaron, se burlaron en redes sociales y montaron espect√°culos en penales que pretend√≠an desvirtuar los hallazgos. Ignoraron las pruebas y atacaron a los periodistas y al medio. (El congresista estadounidense Eliot L. Engel y otros 11 legisladores del Partido Dem√≥crata escribieron una carta a Bukele en la que expresan su preocupaci√≥n por el ataque a la prensa salvadore√Īa tras la publicaci√≥n del reportaje).

Bajo el mismo modelo que ahora sigue Bukele, más de media docena de políticos enfrentan juicios en la actualidad. Uno de ellos, el expresidente Mauricio Funes, asilado en Nicaragua.

Pero esa es la consecuencia menor. Todas las negociaciones previas ocurrieron antes de 2015. Para entonces, y tras las elecciones presidenciales del a√Īo anterior, todos recularon en sus promesas a las pandillas, negaron sus pactos en p√ļblico y, aquellos en el gobierno, recrudecieron las medidas antipandilleras en las c√°rceles. Los pandilleros, educados en pol√≠tica por esos hombres, entendieron que su activo de negociaci√≥n eran los cad√°veres. Y as√≠ lleg√≥ 2015: 103 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa m√°s brutal que ha tenido este pa√≠s acostumbrado durante este siglo a estar en el primer lugar del podio mundial de la muerte.

El presidente est√° frente a ese abismo. Seguir negociando en secreto es una f√≥rmula fallida y cancelar la negociaci√≥n para amortiguar el posible efecto electoral fue el elemento que caus√≥ ese ba√Īo de sangre.

Bukele puede hacerlo distinto. A√ļn faltan cinco meses para las elecciones legislativas y es el mandatario con mayor popularidad del continente. Adem√°s tiene el respaldo p√ļblico del embajador estadounidense Ronald Johnson, un poder f√°ctico en El Salvador, quien tras la m√°s reciente publicaci√≥n dijo que era mejor no fijarse en la raz√≥n, sino en que las cifras de homicidios est√°n bajas.

El presidente tiene sobre la mesa otro elemento que ninguno de sus predecesores tuvo antes. En una entrevista con El Faro en 2017, l√≠deres de la MS-13 ofrecieron por primera vez desarticularse si un gobierno le propon√≠a a la pandilla una mesa p√ļblica de di√°logo, con representantes internacionales que dieran fe de los acuerdos.

Todos los grandes grupos pol√≠ticos de poder han cre√≠do que para pacificar El Salvador es necesario dialogar con las pandillas, que re√ļnen, seg√ļn estimaciones, a m√°s de 60.000 miembros en este pa√≠s que roza los 7 millones de habitantes. La MS-13 lo sabe y ofreci√≥ su extinci√≥n.

Los políticos que antes negociaron no tenían esa alternativa ni mucho menos el apoyo popular que respalda a Bukele.

El presidente debe continuar su di√°logo con las pandillas si eso sirve para avanzar hacia la desarticulaci√≥n de ese grupo criminal que tanto da√Īo ha hecho a los salvadore√Īos. Pero primero debe reconocer p√ļblicamente que se encuentra en ese proceso e invitar a actores internacionales con experiencia en negociaciones con bandas criminales que acompa√Īen el di√°logo y garanticen su transparencia.

Hay antecedentes que Bukele podr√≠a explorar: el perfectible e inconcluso proceso de pacificaci√≥n de Colombia con las guerrillas de las Farc o el esfuerzo realizado en California -el lugar en el que surgi√≥ la MS-13-, donde desde hace a√Īos se ha convertido a expandilleros en interventores financiados con dinero p√ļblico que intentan resolver conflictos en las calles dialogando con miembros de pandillas.

Bukele gusta de utilizar en sus redes sociales el emoji del peque√Īo reloj de arena. Lo ha usado para tuitear que a sus opositores les queda poco tiempo y que su partido ganar√° la mayor√≠a de la Asamblea Legislativa en los comicios del pr√≥ximo a√Īo.

Ese reloj es una buena figura para describir su situación. Le queda poco tiempo al presidente para llevar adelante una negociación en los términos adecuados.

Si Bukele decide tomar otro camino y transparentar el di√°logo con los grupos criminales debe hacerlo antes de las elecciones. Despu√©s, ya todo ser√° como antes y su di√°logo con pandilleros se confirmar√° como una mera estrategia electoral. La arena cae y Bukele a√ļn no da se√Īales de querer hacerlo distinto.

 

√ďscar Mart√≠nez (@CronistaOscar) es editor de investigaciones especiales de El Faro, autor de Los migrantes que no importan y Una historia de violencia y coautor de El Ni√Īo de Hollywood, sobre la MS-13.

 

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