Desde la República: La mirada puesta en el mar
Edición "Dat0s 182"
Por: Cayo Salinas
Septiembre 2015

La naturaleza de la controversia con Chile, tanto en el plano diplomático como legal, ha pasado a constituirse en el hilo conductor que ha permitido esbozar una  auténtica Política de Estado. Es difícil y hasta extraño hablar de ellas en un país donde muchas cosas se las han hecho (en el pasado) y se las hacen al calor de la improvisación, del discurso de plazuela y de intereses de orden partidario. Muy pocas, por lógica consecuencia, responden a estrategias que estén sujetas a una visión nacional donde la planificación y el consenso hacen la diferencia. Prima la óptica hegemónica de quienes ejercen el poder en desmedro de ideales nacionales que no siguen una hoja de ruta a lo largo del tiempo y sí, más bien, se acomodan a la mirada de corto plazo.

La buena noticia es que contrariamente a lo que generalmente sucede, la contienda con Chile entablada no sólo en el terreno de la diplomacia sino en ámbitos de la justicia del Derecho Internacional Público, ha servido para clarificar algo que los gobernantes de turno no quieren entender: la única forma de construir país en términos de viabilidad, sostenimiento y unidad, pasa por edificar políticas comunes, proyectadas a mediano y largo plazo, con el concurso de partidos de oposición y sociedad civil, y sin la mala costumbre de buscar empoderamientos, hegemonías raciales e imposiciones. Esa mirada y esa conducta la ha asumido Chile de antaño, sino, reparen en las últimas declaraciones de Insulsa respecto a desentenderse de puntos de vista que habría exteriorizado a Evo cuando era Secretaria General de la OEA apoyando un acceso soberano al Pacífico.

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