Una vista de la contaminación de los últimos días del valle de iglesias que dejó el Padre Sebastián Obermaier en la ciudad de El Alto. Como ecologista y amante de la vida, no puedo dejar pasar mi texto sin hacer un comentario a la voraz quema de bosques en diferentes sitios del país. Resulta incomprensible que personajes inescrupulosos e ignorantes nos estén metiendo al cuchillo en la garganta con está funesta actitud.
Todos sabemos que los incendios son provocados por manos oscuras que no piensan en el daño que están provocando a la población humana, a los animales, a toda la vegetación, como también a los mismos ríos contaminándolos con basura cósmica de consecuencias muy peligrosas. Los ambientalistas ya pronostican que en muy pocos años no sólo no lloverá, sino que no habrá agua para beber, ni la población inocente, ni los mismos que provocan estas catástrofes.
El lento accionar de autoridades es realmente reprochable para amainar el siniestro y castigar a los causantes de estos atentados criminales a la vida. A esté desastre ambiental, no se escapan las iglesias y templos que son receptoras de impurezas que dañan los edificios, cuadros y obras de arte severamente con partículas que no son biodegradables.
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