Transferencia de guerra: drones, Ucrania y la mutación militar del narcotráfico mexicano

Jorge Luis Sierra | Diario Red
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Los cárteles mexicanos están aprovechando el momento para aprender nuevas tecnologías y prácticas de combate en contextos de guerra avanzada de otros lugares del mundo.

Una fotografía despertó el interés de la inteligencia militar mexicana. Se trataba de un grupo de personas, la mayoría con uniforme de camuflaje y boinas que portaban la bandera nacional mexicana y otra manta con la figura de un charro armado.

Los personajes de la foto no sólo tenían en común su identificación con México, sino también su condición como integrantes de las brigadas de combatientes internacionales involucradas en los frentes del ejército de Ucrania contra la invasión rusa. El interés específico de esos combatientes era el aprendizaje y experiencia de uso de los drones con vista de primera persona (PPV).

Según Intelligence on line, un servicio de información francés, la inteligencia militar mexicana sospechaba algo más: que algunos de esos combatientes internacionales eran en realidad integrantes de los cárteles del narcotráfico mexicanos que lograron infiltrarse en las escuelas militares ucranianas que enseñaban la manufactura de drones, el enmascaramiento térmico, las misiones de reconocimiento, los vuelos de baja altitud y el uso de armas de guerra electrónica.

La misión de esos combatientes era la de entrenarse en los campos de batalla más álgidos y cruentos para luego aplicar su aprendizaje en el enfrentamiento con carteles rivales y con las fuerzas policiales y militares mexicanas.

Preocupados, los agentes de inteligencia mexicanos informaron a sus contrapartes de la SBU (Sloujba bezpeky Oukrayiny, el servicio de inteligencia nacional de ese país) y de la GUR, la inteligencia militar ucraniana, y solicitaron su colaboración para obtener más información.

La inteligencia ucraniana identificó a un grupo de integrantes de la Legión Extranjera de origen mexicano y colombiano. Entre ellos sobresalía un mexicano que entró a Ucrania con un pasaporte salvadoreño.

El mexicano, conocido como Águila-7, había sido integrante de los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales que destacó por tener habilidades ya previamente desarrolladas para el uso de tecnología militar avanzada, principalmente drones.

El informe de Intelligence on Line reporta la supuesta participación de dos agencias de seguridad privada en la facilitación del traslado y expedición de visas para los combatientes latinoamericanos en la guerra de Ucrania. Las empresas mencionadas se ubican en Naucalpan, estado de México, y Cancún, Quintana Roo.

Aunque ningún reporte público ha dado cuenta precisa del retorno de los mexicanos entrenados en Ucrania, observadores internacionales han dado cuenta del surgimiento de unidades especiales de pilotaje de drones en el cartel de Sinaloa, el Golfo y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Los ataques con drones se han multiplicado en Baja California, Chihuahua y Michoacán.

Las organizaciones criminales mexicanas no sólo usan drones en ofensivas contra los carteles rivales o las unidades militares, sino también contra comunidades desprotegidas.

Según un reporte de Raichaili, un medio nativo digital independiente con sede en Chihuahua capital, unidades del cartel conocido como los Hermanos Salazar emplearon recientemente drones con explosivos para provocar el éxodo masivo de comunidades indígenas enteras, dedicadas a la minería de pepitas de oro en la sierra tarahumara.

La extensión del uso de drones por parte de los grupos criminales mexicanos hacia la frontera norte ha creado la movilización de unidades combinadas del Pentágono y el Departamento de Seguridad Interna para levantar flotillas de drones para defensa y contraataque contra los intentos de penetración del espacio aéreo estadounidense por medio de estos aparatos.

Según informes de oficiales de este último departamento, cada día ocurren más de 300 incursiones con drones en una franja de 500 metros al interior del territorio estadounidense.

La iniciativa de las organizaciones criminales refuerza la perspectiva estadounidense que sostiene que los carteles son grupos de carácter terrorista y que la única solución para detenerlo es la participación directa del ejército de Estados Unidos en los reductos de los narcotraficantes en suelo mexicano.

Aunque México está haciendo todo lo posible para alejar el fantasma de una operación militar directa en territorio nacional, los cárteles mexicanos están aprovechando el momento para aprender nuevas tecnologías y prácticas de combate en contextos de guerra avanzada de otros lugares del mundo.

Con estas nuevas capacidades, las organizaciones criminales mexicanas están diluyendo las fronteras que separan a la criminalidad organizada de la guerra irregular.

Para la seguridad nacional mexicana el riesgo mayor no proviene tanto de las nuevas capacidades del narcotráfico sino de la forma en la que el gobierno de Estados Unidos usa estos patrones criminales emergentes como pretexto para intervenir y aplicar fuerza militar directa en México.

 


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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