El modelo masculino de la elite financiera mundial

Por El Gran Continent con Edición dat0s
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El primer caso de la globalización que sacude todas nuestras representaciones.

Es más que una simple noticia: es un acontecimiento excepcional que perturba e interrumpe la rutina de nuestra vida colectiva. Por definición, los escándalos siempre violan normas profundamente arraigadas. Pero sería engañoso creer que solo son rupturas. En realidad, pueden violar las normas morales y, al mismo tiempo, poner de relieve las continuidades y las líneas de fuerza de una estructura profunda subyacente de la sociedad en la que estallan.

Si el escándalo de los Epstein Files es tan inquietante es porque saca a la luz los engranajes invisibles de mundos sociales cuyo funcionamiento suele estar oculto y que se despliega a escala mundial.

En este sentido, Jeffrey Epstein no era un «desviado». Representaba la forma paradigmática del éxito en el capitalismo financiero globalizado.

La gran convergencia: los Epstein Files como escándalo de la globalización

La lista de personas ricas y famosas que gravitaban en diversos grados alrededor de Epstein es vertiginosa: Bill Clinton, Noam Chomsky, Donald Trump, Les Wexner, Steve Bannon, Leon Black, Larry Summers, el príncipe Andrés, la duquesa de York, Mick Jagger, Alan Dershowitz, Larry Summers, Kevin Spacey, Peter Thiel…, por citar solo algunos nombres conocidos y más o menos prestigiosos.

Al consultar esta lista, encontramos a algunas de las personas más poderosas del planeta en los ámbitos político, económico y cultural. Aún más fascinante es el alcance geográfico mundial de la red de Epstein, desde Rusia hasta Estados Unidos, desde África hasta Europa, y en particular París.

Ya sabíamos que las élites económicas y políticas se reunían en Davos, que las estrellas de cine se reunían en Cannes y los académicos en conferencias internacionales en las grandes universidades de todo el mundo. Sin embargo, menos conocida es la gran burbuja social que forman las élites políticas, económicas, intelectuales y culturales —nuevas y antiguas— que viven en todos los rincones del mundo, pero que son capaces de reunirse e interactuar de manera fluida y armoniosa en lugares prestigiosos. Si nuestras sociedades civiles están polarizadas, las élites globalizadas del caso Epstein parecen estar por encima de las divisiones políticas: beben champán y toman el sol juntos en diferentes continentes, intercambian información crucial y se ayudan mutuamente para sacar adelante sus proyectos en todo el mundo y, de vez en cuando, abusan sexualmente juntos de adolescentes en una isla alejada de todo.

El lingüista de izquierda Noam Chomsky se codea con el tiburón de las finanzas Jeffrey Epstein o con el spin doctor del movimiento MAGA Steve Bannon, y esa es la verdadera novedad del caso Epstein: muestra que Chomsky y Bannon están sociológicamente más cerca el uno del otro de lo que su ideología sugiere. Uno domina a los demás en el ámbito de los signos, las palabras y las ideas; el otro, por su influencia política. Ambos pertenecen a redes mundiales.

En esta sorprendente convergencia de elementos aparentemente divergentes se encuentra el núcleo del caso Epstein.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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