
El representante del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas advirtió de que se corre el riesgo de “encender una cadena de eventos que nadie puede controlar en la región más volátil del mundo”
El reciente estallido bélico en Oriente Medio ha sacudido los cimientos del sistema internacional. Israel y Estados Unidos han iniciado una guerra contra Irán y han asesinado a Alí Jamenei, el Líder Supremo iraní, un hecho que marca un punto de inflexión casi sin precedentes.
Masoud Pezeshkian, presidente de la República Islámica, comunicó entonces que consideraba un deber y derecho legítimo el “derramamiento de sangre y la venganza contra los autores de este crimen”. A ello respondió Donald Trump amenazando con emplear “una fuerza que nunca antes se ha visto” si Teherán cumplía sus palabras.
Ante esta situación, las reacciones internacionales ante la guerra contra Irán no se han hecho esperar. Algunos han solicitado rebajar las tensiones, otros han alentado la contienda regional, varios han celebrado los acontecimientos y más de uno se ha mantenido en un silencio cauteloso.
Las reacciones ante la guerra en Irán
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró una reunión de emergencia en la que António Guterres, su secretario general, advirtió de que se corre el riesgo de “encender una cadena de eventos que nadie puede controlar en la región más volátil del mundo” y añadió que “se debe hacer todo lo posible para evitar una mayor escalada”.
En el Congreso de Estados Unidos, algunos miembros del Partido Demócrata e incluso varios republicanos han criticado la decisión del presidente de iniciar los ataques sin el consentimiento de la Cámara de Representantes. Sostienen que es necesaria la aprobación del poder legislativo antes de emprender un acto de guerra.
Por el contrario, miembros del Partido Republicano como John Thune han defendido la medida alegando “una amenaza inaceptable para los militares estadounidenses, los ciudadanos de la región y muchos de nuestros aliados”.
Lindsey Graham incluso criticó a Francia, Alemania y Reino Unido cuando pidieron volver a las negociaciones, afirmando que “es muy triste ver cómo las democracias occidentales pierden su pasión por la justicia y el sentido del bien y del mal”.
En Europa, las críticas a Irán han destacado por encima de las desaprobaciones a las acciones de Estados Unidos e Israel. El presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores ha señalado la “opresión del régimen iraní contra su pueblo” y sus “actos malignos a través de sus aliados”. Kaja Kallas, por su parte, ha celebrado que ahora “hay un camino abierto hacia un Irán diferente, uno que su gente pueda moldear con mayor libertad”.
Posturas similares han adoptado otros líderes europeos. La más dura en sus palabras fue Maud Bregeon, portavoz del gobierno francés. Según ella, “Jameneí fue un dictador sediento de sangre que oprimió a su pueblo [y] por lo tanto solo podemos estar satisfechos con su desaparición”. El ministro de Exteriores, Jean-Noel Barrot, incluso comunicó que París está dispuesto a “participar en la defensa” de los países del golfo Pérsico.
El gobierno español ha sido uno de los pocos que ha rechazado por igual tanto las acciones iraníes como las de Estados Unidos e Israel. Además, Madrid ha prohibido el uso de sus bases para la ofensiva, por lo que Trump ha llegado a declarar que podría “cortar todo el comercio” con España.
Un tono muy diferente mantuvo Vladímir Putin, quien se mostró condoliente por el asesinato del Líder Supremo y lo calificó como una “cínica violación de todas las normas de la moralidad humana y el derecho internacional”. La cancillería rusa considera la ofensiva como “un acto de agresión armada no provocada contra un Estado soberano e independiente”.
Semejante fue la línea seguida por el Ministerio de Asuntos Exteriores de China, que ha expresado su enérgica condena a la violación de la soberanía y la seguridad de Irán, así como de los principios de Naciones Unidas, y ha pedido el cese de las hostilidades y la apertura del estrecho de Ormuz.
Por último, otros Estados como Australia, Canadá, Argentina y Ucrania, más próximos a Estados Unidos, han respaldado la decisión de Trump alegando la existencia de una amenaza nuclear. En cambio, Brasil y Cuba han condenado los ataques y han pedido contención. Venezuela, de forma paradigmática, ha optado por una posición de cautela y ha jugado a dos bandas.
Por un lado, afirmó que “lamenta que, en un contexto en el que se desarrollaban esfuerzos diplomáticos y negociaciones en curso, se haya optado por la vía militar”. Por otro, calificó la respuesta iraní como “indebida y condenable”, al tiempo que expresó una profunda consternación por los ataques contra instalaciones civiles iraníes.
De esta manera, Caracas evita realizar una crítica frontal tanto a su aliado tradicional –Irán– como a su nuevo socio, si se le puede considerar así –Estados Unidos–, y procura no avivar tensiones con ninguno de los dos.
Críticas y ataques en Oriente Medio
En la región de Oriente Medio, la República Islámica amenazó en su momento con atacar a los países del golfo Pérsico si ayudaban a Estados Unidos en la ofensiva. Ahora, los Estados de la región han condenado los ataques recibidos por parte de Irán y han defendido su derecho a adoptar las medidas necesarias. Catar, por ejemplo, ha afirmado haber derribado dos aviones militares iraníes.
El presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, criticó los “flagrantes ataques” que han posicionado a Abu Dabi como uno de los países más castigados por los bombardeos iraníes.
En Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán pidió en un primer momento un “regreso a la mesa de negociaciones”. Sin embargo, los últimos ataques contra su país –incluidos aquellos dirigidos contra infraestructuras energéticas– han llevado al reino saudí a amenazar ahora con represalias militares si continúa siendo agredido.
En Baréin, la población chií –generalmente más favorable a Irán– se está enfrentando a la policía del país, que actúa bajo las órdenes de la élite suní gobernante. Y es que, en este Estado, la rama del islam mayoritaria es el chiismo, al igual que en Irán.
Uno de los hechos más sorprendentes se ha producido en Omán. En los días previos a la operación, el sultanato había intermediado en las negociaciones entre ambas partes, lo que hacía pensar que Irán no lo atacaría como gesto de reconocimiento.
Pues nada más lejos de la realidad: ya se han producido ataques contra el puerto de Duqm y contra barcos petroleros. Sin embargo, el sultanato no ha criticado directamente a la República Islámica por la agresión; se ha limitado a condenar los hechos sin señalar explícitamente a Teherán, que rechaza su autoría.
¿Y el Eje de la Resistencia?
Lo más llamativo es la ausencia de una respuesta contundente por parte de algunas milicias del Eje de Resistencia respaldadas por Irán. Los hutíes de Yemen han criticado la “brutal agresión estadounidense-israelí […] para permitir que el enemigo sionista controle la región” y logre consumar el “Gran Israel”. No obstante, por ahora no han comunicado acciones bélicas, aunque podrían estar a la espera de iniciar un bloqueo de Bab el-Mandeb.
En Palestina, grupos como los Muyahidines, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), el Frente Democrático por la Liberación de Palestina (FDLP) o Hamás han condenado la operación de Israel y Estados Unidos, pero tampoco han anunciado su intención de sumarse en apoyo a Teherán, probablemente como consecuencia del desgaste acumulado desde el inicio de su guerra en 2023.
En cambio, la Resistencia Islámica de Irak ya avisó a sus combatientes poco antes del estallido del conflicto para que se prepararan para una “guerra de desgaste”. Por ahora, han llevado a cabo ataques contra la embajada y otras posiciones de las fuerzas estadounidenses.
En Líbano, Hezbolá ha iniciado ataques contra el norte de Israel y contra las bases soberanas británicas en Chipre, a lo que Tel Aviv ha respondido con bombardeos y ampliando la invasión ya existente en el sur del país, dejando decenas de fallecidos.
El presidente libanés rechazó las acciones de la milicia chií y afirmó que tomarían “las medidas necesarias para detener a los responsables” y proteger a la población, aunque por ahora estas declaraciones no han tenido efecto.
Chipre, por su parte, se ha quejado ante Londres por el controvertido uso de sus bases, mientras Grecia, Francia y también Reino Unido han enviado fragatas, cazas y otro tipo de apoyo a la isla para defenderla “de todas las formas posibles”.












