Y el candidato dice: “¡Gooooool, en tu cara!

Mikio Obuchi
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Voy a pecar de inocente. Estos últimos días he estado viendo publicaciones, memes y comentarios sobre el debate de candidatos a las subnacionales. Podría seguir por televisión esos intensos debates donde un grupo de personas discuten para pulir sus programas de gobierno. ¿O no? Pero lo cierto es que no me gusta el fútbol. ¿Por qué?  Veamos de dónde sale este “pero”.

Como decía, estaba viendo publicaciones sobre los debates y hallé títulos como: “Quién ganó el debate…”. Me puse a pensar, ¿cómo es un debate para que deba ser ganado? ¿No debería ganar el votante? Pero al leer ese desborde creativo de títulos me repito una intuición que exploré en un texto anterior sobre el empate  ¿El debate es fútbol?

Ahora sí, lo prometido seré inocente: Pienso que, si bien un debate es una contienda, lo es más por la fricción que provoca el choque de ideas, esto permite perfeccionar los programas de gobierno o ideas de los candidatos. Es una suerte de crítica agresiva en torno a un programa o a alguno de sus temas. Al final, quien debe ganar es el colectivo de los votantes y no un partido en particular, por más que el que salga elegido sea un frente. ¿Dónde entra en el programa de gobierno si el candidato tomó café o sultana? ¿No se discuten ideas? ¿Qué inocente no?

Lo que he podido observar en ya varias contiendas electorales es una mecánica futbolera, misma que a pesar de su fuerte apasionamiento: ¿nos ha dejado en un lugar mejor? Pienso que esta mecánica victoria y derrota se configura como la principal pobreza de nuestro pensamiento (pero tampoco creo que sea innecesaria). Así que cuando leo: “Quién ganó el debate”. Pienso en la intención interrogativa de la sentencia, pero… ¿Qué se puede leer? ¿Sin los signos de interrogación (que para mí son vitales) no es una forma de dudar muy segura? ¿Tiene algo de malo dudar sin duda? No lo sé.

Algo es notable. Muchos de estos títulos (¿o el mismo título en muchas publicaciones?) funcionan como un atractor espectacular de lectores. Qué hincha desinformado no hace esa pregunta después de un partido de fútbol. Quizás lo más interesante es que como electorado estamos más preocupados por la victoria y la derrota de un partido. ¿Acaso lo importante no son nuestras condiciones de vida? ¿A eso le llamamos política?

Esa famosa frase: “¡Hay que ponerse la camiseta!” Es más vigente que nunca, pero ¿esa frase es profundamente democrática? O sea, asumo (inocentemente de nuevo) que las elecciones requieren más de un pensamiento crítico que evalúa programas, los analiza y decide más allá del impulso contencioso de la cancha.

Claro que, ante este cuadro de pensamiento aparentemente colectivo, decir: “Tiene razón, es de derecha”, “Tiene razón, es de izquierda”, “¡Gooooool, en tu cara!” equivale a decir: “Cuánta verdad en tan pocas palabras”. Como si se tratara de hablar de “verdad” y no de vivir lo mejor que se pueda.

Pero como dije, quiero ser inocente: ¿Qué es ganar? ¿Gobernar no es sostener la tensión de un empate permanente? ¿Son propuestas distintas o ejercicios de estilo de una propuesta? ¿Quién debe ganar? Quizás este texto sea un detalle muy simplón, pero nuestra realidad electoral: ¿no se ha vuelto demasiado binaria para el votante? …  Sé que esta columna es una simplificación de lo que es un debate o la misma contienda electoral, pero se puede preguntar, ¿No? Y el fútbol no me gusta porque me parece muy aburrido.

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"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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