Quien se enoja pierde, ¿qué quiere decir?

Mikio Obuchi
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hinchas de Bolivia eliminatorias mundial 2026

Aquí va una idea ¿innecesaria? de alguien a quien no le interesa mucho el tema, estas semanas he visto una serie de arranques fuertemente emocionales (incluyendo santificación de jugadores), desbordes en torno al fútbol, a la selección. Esto me parece curioso. ¿Qué mueve a tantos corazones para que se unan en torno a algo que solamente ofrece la oportunidad de estar orgulloso y ser parte del colectivo por apoyar de distintas maneras a la selección?

“Mi selección ha metido un gol somos los mejores”. Es un hecho que es la selección del país y naciste ahí, hay una pertenencia, pero qué tanto: ¿entrenaste para meter ese gol? A un jugador se le paga por jugar y ¿a ti? De sobra sabemos la respuesta. La otra parte de la respuesta tiene un tinte emocional: “Es que Yo apoyo incondicionalmente porque es mi selección” “me trae alegrías”. Quedan bonitas para película épica, pero ¿no es un componente de una actitud similar a cuando se sobreprotege a un niño? ¿No es necesario ser más crítico y menos fanático? ¿Hasta qué punto somos corresponsables de mantener la cabeza fría de esa selección? ¿Cuánto le ganamos a la selección de…?

Entiendo que algo que se dice es tuyo exija una inversión de emoción, de cumbias épicas sobre equipos que ganan “a pesar de…”, es imposible negar que produzca una sensación de unidad, ¿hasta dónde la sensación de unidad es unidad? ¿Hasta dónde nos apropiamos de un equipo?

Pienso que una selección, si bien requiere inversión material y económica, también requiere del hincha cierta corresponsabilidad. No solo es destrozarse la garganta gritando vivas o adelantes o siendo absurdamente optimista (el pensamiento mágico no patea ni oxígeno). Querer algo implica el beneficio de la duda, contener la emoción y actuar de forma más inteligente. ¿El hecho de que dejes de alabar a algo tuyo por un rato no te hace menos apasionado ni lo hace menos tuyo? ¿La emoción piensa o empuja y si empuja para dónde lo hace?

La emoción en un cuadro amplio se la puede identificar como impulso, ¿pero el impulso sirve de algo sin la dirección? Y es que conmoverse es fácil, se genera de forma sencilla, pero se diluye rápido, se va encogiendo y se pierde hasta el siguiente partido. La trampa es que se siente vivo, ¿pero no se está vivo a cada momento? Recordemos que no se gana por apoyar algo hasta el estreñimiento, ni se pierde por falta de la energía de tu público. A menos que seas Goku.

¿Qué me produce apoyar a algún equipo? ¿En qué se invierte el desgaste emocional? El poder decir mi país es campeón ¿sirve de currículum? Salir con la frente en alto porque ganamos reconocimiento ¿Asegura la estabilidad nacional? ¿Por cuánto? ¿Hasta dónde es importante pertenecer? ¿Sí se deja de ser? Nos gusta vivir la intensidad, es un hecho. ¿Pero intensidad es vivir o sólo una parte de la vida? Lo que es un hecho es que da visibilidad a nuestros jugadores (no sé por qué me vino esa sensación de hacendado…”nuestros”), quizás abra espacios para nuestros talentos, pero ¿abren espacio para nuestra vida? No lo sé. ¿Ganar está bien? ¿Perder está bien? ¿Empatar está bien? ¿Por qué? ¿Se trata de dejar de participar o de modular nuestra forma de participar?

Y muchos dirán: “no te gusta. No lo entenderías” lo que es cierto, no lo entiendo, ¿eso me hace menos perceptivo a lo que pasa? ¿Me hace menos ciudadano? Ver grandes despliegues de emoción no me hace más ni menos ciudadano, pero eso sí me hace responsable. Además, si no lo entiendo toca preguntar y por eso toda esta cascada de preguntas de artículo. ¿O qué crees? ¿Cómo hinchas ayudamos?


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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