
Así condicionan nuestra vida y la democracia milmillonarios como Musk, Bezos o Zuckerberg
La riqueza se concentra cada vez en menos manos. Los mayores patrimonios del planeta transforman su dinero en influencia política para moldear a su gusto la sociedad y el sistema democrático.
Juntas las siete compañías magníficas como se las conoce detentan más de la cuarta parte de los ingresos planetarios. Su red de influencia no se discute en absoluto, aunque han comenzado a escucharse voces críticas en Europa que depende casi íntegramente de sus conexiones que la hace dependiente, irrita y molesta tan crucial dependencia.
Mientras en gran parte de Europa los padres de la clase media ven cada vez más difícil que sus hijos igualen su calidad de vida, los milmillonarios del mundo han sumado nuevos súper poderes para torcerle el brazo a la política.
Quiere el lector leer algunos ejemplos. El poder de decidir la suerte militar de un país concediendo o no acceso a sus satélites (el Starlink de Elon Musk es el más palpable ejemplo); el contribuir o no a propagar desinformación que atenta contra la convivencia democrática (los casos de Facebook y X, por ejemplo); o el de revolucionar el mundo del trabajo y la comunicación con la IA sin que varios países acuerden probar regulación. Son algunos ejemplos de miles que añadidos al bozal impuesto entre la juventud que disfruta la banalización, destaca los vasos conductivos; el apetito de estos plutócratas en la que su ambición se vuelve demasiado obvia, puede acabar socavando los pilares donde radica su poder.












