La teoría de la “hidra nuclear” de tres cabezas nucleares que apuntan sobre Moscú

Por El Gran Continent con edición dat0s
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armas nucleares en el mundo EOM

Expertos próximos al Kremlin especulan que una «hidra nuclear» de tres cabezas apunta sus misiles contra Rusia desde París, Londres y Washington.

Los expertos rusos no se limitan a revisar la doctrina nuclear del país ni a anunciar en diversos periódicos y programas que un misil podría apuntar en cualquier momento al Reichstag: analizan minuciosamente hasta el más mínimo cambio en la disuasión nuclear europea para deducir de ello el margen de maniobra de la Federación Rusa.

En abril de 2026, la revista La vida internacional, editada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, publicó un análisis en profundidad de dos expertos en seguridad nuclear: Vladimir Orlov y Serguei Semionov. Ambos profesores de la prestigiosa Universidad Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, Orlov y Semionov son, sobre todo, expertos del centro PIR, del que el primero es fundador y director. Desde 1994, este think tank moscovita se ha consolidado como una de las principales organizaciones no gubernamentales en el ámbito de la seguridad internacional, especializada en el control de armamento y la no proliferación nuclear.

Sigue siendo difícil saber si la postura de los autores refleja la mentalidad de los responsables políticos rusos o si su publicación tiene precisamente por objeto llamar la atención del ministerio sobre las cuestiones que les parecen más cruciales. Sea como fuere, este artículo, publicado en una revista editada por el ministerio, puede considerarse un reflejo de las preocupaciones reales de Moscú. En este caso, Orlov y Semionov identifican tres grandes factores de riesgo para la seguridad nuclear rusa: el acercamiento franco-británico en el marco de la «disuasión avanzada» defendida por Emmanuel Macron; el posible acceso de nuevos Estados, en primer lugar, Polonia y Ucrania, a las armas nucleares; y un reenfoque de Europa hacia la OTAN que empujaría a Estados Unidos a dar garantías a sus aliados incluyéndolos más activamente en sus misiones nucleares.

Esta publicación no es una excepción a la norma que domina actualmente el ámbito de la opinión experta autorizada en Rusia: en ella se mezclan análisis basados en cifras, hipótesis estratégicas y elementos que no son más que pura propaganda de guerra.

Sin duda, los autores tendrían más motivos para afirmar que Estados Unidos toma decisiones contrarias a las disposiciones del Tratado de No Proliferación si Rusia no hubiera transferido armas nucleares a Bielorrusia. Del mismo modo, resulta más legítimo juzgar a Estados Unidos como infiel a los compromisos del Acta Fundacional Rusia-OTAN de 1997 cuando uno mismo no desencadena ni apoya la invasión militar de Ucrania. En cuanto a considerar cualquier reivindicación ucraniana en materia nuclear como un retorno al «bluff nuclear» y al «chantaje atómico» que condujeron a principios de la década de 1990 al Memorándum de Budapest, se trata de un calco de una interpretación putinista de la historia: es evidente que el apoyo que prestan hoy Estados Unidos y Reino Unido a Ucrania no guarda relación alguna con ese acuerdo de 1994, sino que es consecuencia directa de la guerra de agresión desencadenada por Rusia en 2022.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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