Estados Unidos amenaza a sus socios en el Golfo Pérsico

Alejandro López | Descifrando la Guerra
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Si los árabes se niegan a concederle un espaldarazo que le sitúe mejor de cara a una posible nueva oleada de ataques contra Irán, Trump puede culparles de haber tenido que reducir sus compromisos militares en Oriente Medio.

Todos en el punto de mira. Donald Trump ha comenzado una nueva estrategia de presión sobre sus aliados y socios en Oriente Medio y Asia Meridional que recuerda a la ejercida sobre sus homólogos europeos. La estrategia del chantaje que tantos réditos le ha ofrecido en el Viejo Continente ante unas élites desesperadas por conservar el favor de Estados Unidos se está extendiendo a todo el globo.

Sin embargo, parece poco probable que los países vecinos de Irán apliquen el mismo seguidismo que los europeos han demostrado con la firma del acuerdo comercial para ofrecer concesiones a Estados Unidos a cambio de frenar una guerra comercial que sigue escalando por vías políticas.

La última pretensión de la Casa Blanca pasa por la normalización de relaciones de países como Arabia Saudí, Catar y Pakistán con Israel; una situación claramente insostenible para sus gobiernos en relación con el sentir popular o, al menos, con el sentir de los ciudadanos que interesan en sus respectivas capitales.

Y es que una gran parte de la población del Golfo Pérsico no tiene ciudadanía ni derechos políticos, pero el segmento políticamente relevante dista ostensiblemente de asumir estas posiciones. Al menos, de hacerlo sin nada a cambio.

Kuwait ya ha emprendido una regresión en cuanto a la porción del poder que se va a compartir con la ciudadanía, siguiendo la línea trazada tras el autogolpe de Estado que dio el emir en el año 2024. Baréin ha endurecido la persecución política contra la población simpatizante con Irán o crítica con la élite gobernante. Y Emiratos Árabes ha redoblado la apuesta por Israel y Estados Unidos mientras rompe su unidad de acción con los vecinos, especialmente con Arabia Saudí.

Pero Omán, Catar y Arabia Saudí han mostrado un importante grado de disposición a cooperar con Irán durante los últimos años. Aunque la guerra actual ha truncado la relación normal, la geografía y el pragmatismo mandan. Los tres países son conscientes de que una vez termine el conflicto, la República Islámica de Irán seguirá ahí. El estrecho de Ormuz ha pasado a estar bajo el control directo de Teherán, y las capitales árabes lo saben.

Varios miembros de la Administración Trump han presionado para que se produzca la ansiada firma entre los países árabes e Israel, idea reflotada recientemente por Trump de forma explícita citando a Kuwait, Catar y Arabia Saudí. Pero ni Riad ni Doha se han mostrado proclives a asumir tal compromiso por el momento. Sí ha habido rumores en el pasado en torno a las opciones que podría ofrecer un acuerdo con Kuwait, pero nada se ha llegado a confirmar nunca.

En sus declaraciones, el presidente republicano ha señalado que estos países deberían ofrecer más compromisos en su relación con Israel a través de los Acuerdos de Abraham, alabando el papel que cumplió Emiratos Árabes en el éxito de los mismos. Para dar este paso, Emiratos dejó fuera de la mesa la cuestión sobre si debería existir un Estado palestino.

Catar ha colaborado con Irán en la gestión de la mayor reserva gasística del mundo desde antes del bloqueo que sufrió Doha por sus vecinos en el año 2017. Arabia Saudí normalizó sus relaciones con Irán en el año 2023 a través de la mediación china y dejó a Emiratos Árabes como el único gran actor beligerante con Irán y el islam político que representaba Turquía en aquel momento.

A día de hoy todos estos países han aunado fuerzas en la crítica al papel de Israel salvo Emiratos Árabes. De hecho, Omán no solo ha funcionado como un mediador aceptable para Irán en el contencioso nuclear hasta el estallido bélico de febrero de 2026, sino que se ha mostrado abierto a hablar sobre el futuro del Estrecho de Ormuz incluso después de que Irán anunciase que pretendía obtener rédito económico por el tránsito bajo diferentes conceptos.

Ante este panorama Trump ha planteado que quizá no debería firmar ningún acuerdo con Irán ya que sus socios árabes y Pakistán no están dispuestos a firmar sus respectivos acuerdos con Israel. El presidente ha señalado que los negociadores Steve Witkoff y Jared Kushner ya estarían manos a la obra para lograr este acercamiento. Aunque tal y como lo expresó Trump en su comunicado la firma debía ocurrir de manera obligatoria.

Ante la posible negación de tal éxito diplomático para Trump, el republicano podría suavizar el coste político de la exigencia iraní para retirar tropas o bases militares estadounidenses del Golfo Pérsico. Por lo tanto esta demanda también entra en el doble juego por el que Trump pretende que el acuerdo con Irán no le suponga un coste político tan desmesurado como Teherán pretende.

Si los árabes se niegan a concederle un espaldarazo tan importante que le sitúe mejor de cara a una posible nueva oleada de ataques contra Irán, Trump puede culparles de haber tenido que reducir sus compromisos militares en Oriente Medio.

Y con respecto a Omán, las amenazas proferidas han sido del calibre de un ataque contra el Sultanato. Desde la Casa Blanca se considera que el único escenario aceptable sería la apertura completa del Estrecho de Ormuz, sin nadie que pueda controlarlo.

Mientras el secretario del Tesoro, Scott Bessent, apostaba por la amenaza sancionadora contra Omán y cualquier actor abierto a las posiciones iraníes, las palabras literales de Trump han sido “Omán se comportará como todos o tendremos que volarlos, eso lo entienden”. Desde luego, Estados Unidos se está acostumbrando a que todos tengan que entender este tipo de mensajes. Entre la soberanía y la sumisión.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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