El corredor trumpista en América Latina: 9 gobiernos “MAGA” y 18 aliados en el Escudo de las Américas

Mapa de la posición de los gobiernos latinoamericanos en relación a Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump. |Fuente: Eduardo García / Descifrando la Guerra
Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.
Tras confirmarse casi definitivamente que Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Abelardo De La Espriella, de Defensores de la Patria, serán los presidentes de Perú y Colombia, respectivamente, Trump ha logrado asegurar una suerte de “mayoría simple” en lo que a gobiernos latinoamericanos se refiere.
Actualmente, más de la mitad de los Estados de la región están alineados con Washington, y una porción significativa tiene presidentes abiertamente trumpistas o cercanos ideológicamente al movimiento MAGA.
Tanto De La Espriella como Fujimori han afrontado escrutinios muy ajustados en sus respectivos ballotages contra la izquierda, a punto tal que, en Perú, el candidato Roberto Sánchez todavía no ha concedido el resultado.
Pero, sea como fuere, no parece probable que la izquierda peruana logre revertir el reconocimiento de la derecha y la extrema derecha regional, por lo que es esperable que Keiko Fujimori asuma eventualmente como nueva presidenta de Perú.
Las victorias de Trump en América Latina
El panorama regional ha cambiado significativamente desde enero de 2025, cuando Trump retomó la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, solo Argentina, Ecuador, Panamá y El Salvador podían considerarse aliados políticos directos del movimiento MAGA.
Un año y medio después, a ese grupo se han incorporado Chile, Perú, Colombia, Costa Rica y Honduras, de forma que ha pasado de 4 a 9. Mientras tanto, el bloque de gobiernos enfrentados a las ambiciones de Washington se ha reducido a Nicaragua y Cuba tras la los ataques contra Venezuela y las elecciones de Honduras, reduciéndose de 4 a 2.
Asimismo, los países que mantenían una posición independiente sin confrontar abiertamente con Estados Unidos han disminuido considerablemente. Si en enero de 2025 eran Chile, Bolivia, Brasil, Colombia y México, hoy la lista se limita a México y Brasil, con la incorporación del Uruguay de Orsi, que ganó las elecciones antes de que Trump asumiese, pero accedió a la presidencia después de su homólogo norteamericano. En términos demográficos, estos gobiernos ham pasado de representar el 64,6% de la población regional al 52%.
Además del secuestro de Nicolás Maduro, las revelaciones derivadas del caso Hondurasgate apuntan a que Estados Unidos habría intervenido de forma más o menos directa en al menos dos elecciones recientes. Entre ellas figura la de Colombia, donde una campaña de desinformación particularmente agresiva habría favorecido la llegada al poder de Abelardo De La Espriella. Honduras sería el segundo ejemplo señalado por la investigación.
Ambos casos, junto a la intervención armada en Venezuela, constituyen tres casos de éxito en la agenda de dominación del continente. Esto es así porque los tres casos se resolvieron de forma favorable a los intereses de Washington.
Tres gobiernos críticos, cuando no directamente enfrentados a la Casa Blanca –el de Xiomara Castro en Honduras, el de Gustavo Petro en Colombia y el de Nicolás Maduro en Venezuela– fueron sustituidos por dos gobiernos MAGA –el de Nasry Asfura en Honduras y el de Abelardo De La Espriella en Colombia– y por un gobierno intervenido –el de Delcy Rodríguez en Venezuela–.
Allí donde las urnas han indicado continuismo, Estados Unidos también ha salido ganando. En Belice, Jamaica, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana y Santa Lucía había gobiernos pro estadounidenses y ese estatus se conservó tras los comicios. En Ecuador había un gobierno pro MAGA –el de Daniel Noboa– que logró revalidar.
En suma, entre enero de 2025 y el ecuador de 2026, en América Latina ha habido 10 cambios de gobierno. De esos 10, 3 pasaron de izquierda a extrema derecha pro MAGA –Chile, Colombia y Honduras– y 2 pasaron de centro-derecha pro estadounidense a extrema derecha pro MAGA –Costa Rica y Perú–.
Bolivia pasó de izquierda a centro-derecha pro estadounidense, Trinidad y Tobago se mantuvo en el centro-izquierda, pero se alineó más firmemente con Estados Unidos. Surinam viró a la izquierda con el NDP y Uruguay pasó de centro-derecha a izquierda. El último cambio de gobierno es el de Venezuela, un caso sui géneris.
Conviene recapitular. América Latina y el Caribe cuenta con 33 Estados independientes –toda América con la excepción de Canadá y Estados Unidos–. Al asumir la presidencia el 20 de enero de 2025, Trump contaba con 4 gobiernos pro MAGA y 11 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 15) y debía enfrentar 4 gobiernos frontalmente opuestos y 5 gobiernos críticos (un total de 9).
Tras año y medio en la Casa Blanca, el bloque crítico cuenta con 2 gobiernos frontalmente opuestos y 3 gobiernos críticos (un total de 5), mientras que el bloque alineado cuenta con 9 gobiernos pro MAGA y 9 gobiernos pro estadounidenses no MAGA (un total de 18).
El corredor trumpista
A lo largo de casi 10.000 kilómetros de costa sobre el Pacífico, desde Costa Rica hasta Magallanes y Antártica Chilena, Trump podría desplazarse por territorio latinoamericano sin abandonar en ningún momento países gobernados por aliados políticos.
Los gobiernos que conforman este corredor mantienen afinidad con el movimiento MAGA y promueven una relación estrecha con el proyecto geopolítico impulsado desde Washington.
Si se amplía la ruta hasta el extremo austral del continente, Trump podría atravesar el canal Beagle y llegar a Argentina. De esta forma, el corredor trumpista en América Latina, específicamente en la costa del Pacífico, estaría compuesto por Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fuera de esa continuidad geográfica también destacan dos aliados centroamericanos: El Salvador y Honduras.
Es precisamente en esta franja donde Trump ha cosechado sus mayores éxitos… De hecho, ha logrado un pleno. Todos los cambios de gobierno acaecidos en este corredor han devenido en gobiernos abiertamente trumpistas o pro MAGA.
En noviembre de 2025 fueron las elecciones generales hondureñas; ganó Nasry Asfura (Partido Nacional). En febrero de 2026 fueron las de Costa Rica; ganó Laura Fernández (Pueblo Soberano).
En junio de 2026 fue el ballotage en Colombia; ganó Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria). En abril de 2025 fue el ballotage en Ecuador; ganó Daniel Noboa. En junio de 2026 fue el ballotage en Perú; probablemente ganó Keiko Fujimori, si bien la justicia electoral planea dar el resultado final a inicios de julio. Por último, en diciembre de 2025 fue el ballotage en Chile; ganó José Antonio Kast.
Además de influir abiertamente en la política interna de los países latinoamericanos, el Gobierno estadounidense ha impulsado foros de coordinación desde los que definir la agenda regional bajando línea a los gobiernos afines.
En paralelo al corredor trumpista en América Latina, el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas) constituye la principal herramienta de Trump para extender la influencia militar estadounidense en América Latina. Presentada como una iniciativa de coordinación y apoyo a las fuerzas armadas de la región, está bajo la supervisión de Kristi Noem, ex secretaria de Seguridad Nacional del ICE.
Nueve gobiernos identificados con el trumpismo o cercanos al MAGA ya participan o prevén participar en ella: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador.
A este grupo se agregan otros nueve países alineados con Estados Unidos: Paraguay, Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, República Dominicana, Jamaica, Bahamas, Belice y Guatemala. Washington también ha logrado incluir a tres gobiernos de la región en su “Junta de Paz” para Gaza: Paraguay, Argentina y El Salvador.
Las próximas prioridades
En los próximos 18 meses, Trump pondrá la mirada –y, muy probablemente, recursos políticos, económicos, judiciales e incluso militares– en cinco grandes escenarios. El primero (y más obvio) es Cuba, donde la renovada campaña de asfixia y amenaza militar pretende lograr concesiones del Gobierno del Partido Comunista o, en el enfoque más optimista de Washington, un cambio de régimen.
Los otros cuatro escenarios son electorales: En Guatemala, Trump deseará la emergencia de un nuevo líder más nítidamente alineado con el trumpismo, si bien el socioliberal Bernardo Arévalo ha mantenido una estrecha colaboración con su administración.
En El Salvador, la apuesta es el continuismo de Nayib Bukele. En Argentina, lo mismo: Trump buscará influir en las elecciones para que Javier Milei –o, tal vez, Patricia Bullrich u otra figura del mileísmo– impidan un retorno del peronismo a la Casa Rosada.
Pero, sin duda, el mayor interés estadounidense, junto a Cuba, está en Brasil. Las elecciones de octubre de 2026 podrían dar un vuelco a la región y ratificar el dominio político e ideológico del trumpismo y de Estados Unidos en el continente, extendiéndolo más allá de este corredor trumpista en América Latina. Para ello, Trump necesita que Flávio Bolsonaro supere a Lula da Silva en unos comicios en los que Washington buscará influir.
El precedente del enfrentamiento entre la Casa Blanca y la justicia brasileña en el caso contra Jair Bolsonaro evidencia esta voluntad injerencista. No por casualidad, el mismo Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo.












