Andrea Bolaños: “La represión a defensores ahora es trasnacional”

El País
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La nueva Relatora Especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos habla del uso malicioso de marcos legales, como las acusaciones de terrorismo o de ser “agentes externos” para criminalizarlos.

Andrea Bolaños Vargas (Bogotá, 1974) lleva dos décadas investigando y apoyando la protección de defensores de derechos humanos en América Latina y ahora lo hará con alcance mundial. Politóloga y feminista, es la primera latinoamericana elegida como Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los defensores de los derechos humanos. Desde Dublin habla de la crítica situación de los líderes sociales y ambientales en la región, de cómo la persecución a los defensores atraviesa incluso los países donde se exilian y cómo se están usando marcos legales para criminalizarlos.

Pregunta. Es la primera latinoamericana en asumir este mandato, ¿qué significa para usted viviendo de una región como esta donde hay asesinatos de defensores?

Respuesta. Lo recibo con un honor muy grande y con una triple responsabilidad. Primero, la mundial, porque soy la relatora para todas las personas defensoras de derechos humanos. Segundo, soy latinoamericana, y la situación de América Latina me toca de manera particular, es la región más violenta para las personas defensoras, especialmente las de medio ambiente. Tercero, soy colombiana, que en este momento es uno de los países que más personas defensoras y líderes sociales está poniendo en cuestión de vidas.

P. ¿Cuál es el diagnóstico con el que parte?

R. Hice once consultas regionales y temáticas con participación de personas de América Latina y el Caribe, incluyendo Brasil, y una encuesta que respondieron 1.100 personas a nivel mundial. El 35% fueron de América Latina y el Caribe, y el 60% mujeres. El 70% de los defensores en América Latina considera que su contexto ha empeorado en el último año. El 26% ha tenido que desplazarse dentro de su propio país y un 19% ha tenido que exiliarse. Pero incluso saliendo de su país no están seguras.

P. ¿Qué tipo de agravamiento han sufrido?

R. Vemos una tendencia hacia la represión transnacional a los defensores que se exilian. También el uso de marcos legales restrictivos interpretados maliciosamente, incluso en contra del derecho internacional de los derechos humanos, para criminalizar a las personas defensoras. El 75% considera que su labor está siendo restringida por estos marcos normativos.

P. ¿Podría dar un ejemplo?

R. En algunos países se usa la figura del terrorismo en las protestas sociales. En otros, figuras como “agentes externos”. Y en algunos casos se utilizan leyes financieras para bloquear sus cuentas.

P. ¿Se está afectando también su derecho al asilo?

R. Sí, se están usando esos marcos legales de manera muy restrictiva y coercitiva, en contra de estándares internacionales.

P. ¿Qué situación cree que marca el deterioro?

R. No sé si hay un solo momento. Hay una tendencia mundial hacia la autocracia, el autoritarismo y el debilitamiento del Estado de derecho, pero sería injusto decir que es solo en América Latina. Es una tendencia global.

P. ¿Identifica algún patrón común? ¿Sigue siendo la defensa del medio ambiente la que causa más ataques?

R. Las personas defensoras del medio ambiente no son las únicas afectadas, pero son las que más están sufriendo ataques: poblaciones indígenas y campesinas en zonas con recursos naturales explotados o por explotar, como la minería e incluso las energías renovables. También los periodistas que trabajan en derechos humanos y quienes investigan corrupción. Y hay una tendencia creciente a criminalizar a quienes defienden a los defensores.

P. ¿Se extendió la persecución a los abogados?

R. Sí, los abogados y abogadas que representan a defensores también están siendo perseguidos. Veo una tendencia a crear el “chilling effect” o efecto disuasorio: instalarles el miedo para que desistan de defender derechos humanos, de movilizarse y de exigir.

P. ¿Cuál es la impronta que quiere imprimirle a su mandato?

R. Otro hallazgo que me preocupa es la salud mental y emocional de las personas defensoras: el 42% dice que la ha visto deteriorada por los ataques recibidos. Pero quiero resaltar que, a pesar de ser víctimas, tienen una capacidad de resiliencia enorme y, en muchos casos, sobre todo en comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes, tienen mecanismos de autoprotección y autosanación que son admirables.

P. ¿Cómo cambia su mandato en un momento de retroceso del multilateralismo?

R. Hay un trabajo muy importante en comunicar que la defensa de los derechos humanos nos compete a todos. Debilitar los derechos humanos es debilitar las democracias y quedarnos sin reconocimiento al derecho a la vida, la libertad, la salud, la educación. Y cuando hablamos de derechos ambientales, eso implica qué aire respiramos, qué agua tomamos, qué comida llega a nuestros platos.

P. Tiene experiencia en temas de género, ¿Cómo va a integrar el enfoque en el mandato?

R. Las mujeres defensoras no solo son atacadas por defender derechos humanos, sino también por ser mujeres. La cultura patriarcal está en todos los espacios. Te lo pongo con un ejemplo que me toca. En estos días que he estado de recorrido por Europa alguien me preguntó “¿y tus hijos?”. Estoy segura de que a un hombre nunca le preguntan eso. Y esto es en un espacio entre pares, imagínate la interseccionalidad con una mujer indígena o campesina a quien le dicen: “ustedes deberían estar lavando la ropa, cuidando a su marido, no perdiendo el tiempo acá”. Toda esa discriminación, esas intersecciones hace las violencias más agudas para ciertos grupos de mujeres. Además, de que son mucho más específicas en sus cuerpos.

P. Las defensoras enfrentan riesgos específicos como la violencia digital. ¿Qué papel están jugando las plataformas tecnológicas en los ataques?

R. Es algo cada vez más generalizado. Se usan tecnologías para llegar a las personas defensoras en el exilio, ubicarlas, perseguirlas. Ahí la responsabilidad y el trabajo con las empresas de tecnología es muy importante, así como la necesidad de crear normas y regulación. Para nadie es un secreto que lo tecnológico y las inteligencias artificiales han ido mucho más rápido que la regularización, y eso en la defensa de derechos humanos está teniendo un impacto muy grande. No todas las personas defensoras tienen herramientas suficientes para garantizar su protección digital, y los estados están siendo muy cortos en protección en el entorno digital.

P. ¿Qué aprendió de su trabajo con poblaciones migrantes?

R. Uno de mis temas de prioridad son las personas defensoras en movilidad humana. Cerca del 50% de quienes contestaron la encuesta tuvo que dejar su lugar de origen, ya sea como desplazadas internas, migrantes en el exilio o en condición de protección internacional. Lo que traigo al mandato es una visión de intersecciones de las violencias: no solo en capas de discriminación, sino entre violaciones. Quiero hacer un informe específico para hacer recomendaciones a los estados.

P. ¿Por qué se falla tanto en la protección?

R. Es esencial preguntarles a las propias comunidades, y en eso hemos fallado. Tenemos enfoques coloniales o hegemónicos. América Latina tiene ventaja: hay programas de protección estatales en siete países. La seguridad no pasa solo por un enfoque de seguridad dura, sino de verlo antropológicamente, sociológicamente, psicológicamente, desde otros enfoques académicos y profesionales.

P. ¿Qué recomendaciones daría a los estados para generar protección efectiva?

R. En protección colectiva hay que preguntarles a las comunidades qué necesitan y respetar lo que tienen. Una comunidad indígena me decía que su mecanismo de protección les preguntó qué necesitaban. Ellos respondieron: “No tenemos plata para nuestros tambores”. El mecanismo preguntó extrañado qué tenían que ver los tambores con la protección. La respuesta fue clara, “con nuestros tambores espantamos a los espíritus y avisamos que algo está pasando”. El programa les dio la plata para los tambores. Es un gran ejemplo de una buena práctica, primero preguntaron, segundo escucharon y tercero fortalecieron la protección colectiva de una comunidad en riesgo.

P. Acaba de terminar el Primer Foro Europeo sobre Defensores de los Derechos Humanos Ambientales. ¿Ya no es solo un asunto de América Latina?

R. América Latina lleva mucho tiempo visibilizando este tema desde las propias comunidades, autoidentificándose como personas defensoras del medio ambiente. Eso, que puede entenderse como un orgullo para la región, también responde a una situación de precariedad y de violencia documentada por Global Witness y el sistema interamericano. Lo que ocurrió en Europa fue un ejercicio similar de autorreconocimiento: visibilizar que también allí se están cerrando los espacios de interlocución con los estados y se instalan narrativas que presentan a los defensores como enemigos, cuando en realidad son aliados de toda la sociedad.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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