El Tribunal de Apelación de París rebaja la pena de inhabilitación a Marine Le Pen

Descifrando la Guerra
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Foto: deposiphotos

La pena de inhabilitación pasa de cinco años a 45 meses. De esos 45 meses, 30 quedan en suspenso, por lo que solo tendría que cumplir 15. De ellos, además, 13 ya se habrían cumplido. En la práctica, esto permite a Marine Le Pen presentarse a las elecciones presidenciales.

Cuando un país celebra elecciones, todas las miradas se dirigen al recuento de votos que se desarrolla durante la noche electoral, una vez cierran los colegios. En la llamada “fiesta de la democracia”, ejercer el derecho al voto es la forma en que estamos acostumbrados a expresar esa soberanía nacional o popular que, por lo general, se atribuye al conjunto de la ciudadanía.

Pero, en ocasiones, esas decisiones recaen en un grupo de profesionales con la ardua tarea de hacer respetar las normas. Y, a veces, esa aplicación de la ley –que parte de normas aprobadas en nombre de todos– puede implicar, como ocurre ahora, una intervención indirecta en unos comicios.

El martes 7 de julio de 2027, el Tribunal de Apelación de París ha marcado un precedente en la historia política francesa. Aunque mantiene la condena contra Marine Le Pen, rebaja las penas de inhabilitación y prisión, lo que permitiría a la líder de Reagrupamiento Nacional (RN) presentarse a las próximas elecciones presidenciales.

No obstante, para quienes hayan llegado hasta aquí tras leer los numerosos titulares sobre el caso, surge una pregunta: ¿cuáles son exactamente las bases de esta controvertida decisión judicial?

El Tribunal de Apelación de París ha rebajado la condena impuesta a Marine Le Pen por el caso de los asistentes del Parlamento Europeo. La pena de inhabilitación pasa de cinco años a 45 meses. De esos 45 meses, 30 quedan en suspenso, por lo que solo tendría que cumplir 15. De ellos, además, 13 ya se habrían cumplido.

En la práctica, esto permite a Marine Le Pen presentarse a las elecciones presidenciales. Asimismo, la pena de prisión se reduce de cuatro a tres años. De ellos, solo deberá cumplir uno, que podrá sustituirse por un brazalete electrónico.

Sin embargo, a diferencia del Tribunal Correccional de París, el Tribunal de Apelación considera que la pena de inhabilitación impuesta desde finales de marzo de 2025 ya ha reparado suficientemente el daño causado a las exigencias de honestidad e integridad en la vida pública.

Por ello, impedir que Marine Le Pen se presentara a las elecciones supondría un desequilibrio respecto al derecho de sufragio pasivo, un derecho que no solo afecta a la candidata, sino también a los electores que podrían querer votarla.

Pero esta sentencia no solo altera el panorama político francés, pese a devolver la situación al escenario previo a la primera condena. También reabre una pregunta que en Reagrupamiento Nacional llevan tiempo haciéndose: ¿quién debe mandar en el partido cuando Marine Le Pen deja de ser candidata?

La disputa entre Le Pen y Bardella

En 2022, el congreso de Reagrupamiento Nacional (RN) designó a un joven Jordan Bardella como presidente del partido. La decisión puso fin a la pugna interna entre la visión más “parisinocentrista” de Marine Le Pen y la más regional de Louis Alliot.

Para muchos, Bardella, que había escalado fulgurosamente dentro de la formación, era el delfín de Marine Le Pen. Con ambición, sí, pero sin una línea política propia. No obstante, como tantas veces ocurre en Francia, el aprendiz empezó a probar el poder y acabó planteándose una –hipotética– pregunta: “¿Y si fuera yo el elegido?”.

Ha pasado con Édouard Balladur, François Fillion, Manuel Valls, Édouard Phillipe o Gabriel Attal, por citar algunos. Esta dinámica no solo se limita a la relación entre primeros ministros y presidentes, sino que también se produce en el seno de los partidos. En Reagrupamiento Nacional, la historia se repite.

Con 30 años, prácticamente la misma edad con la que Attal asumió el cargo de primer ministro, Bardella se ha convertido en la segunda cara visible de Reagrupamiento Nacional, por encima de otros cuadros como Alliot o Jean-Philippe Tanguy. Al mismo tiempo, ha ganado mucha popularidad y, sobre todo, no arrastra el lastre que supone el apellido Le Pen.

Esta frescura es también uno de los principales activos de Bardella. Así ha ocurrido en los últimos años en Francia, donde la respuesta a la crisis del modelo bipartidista ha pasado, en buena medida, por la renovación.

En un inicio, no hubo una gran ruptura entre maestra y discípulo. Todo cambió con la condena contra Marine Le Pen en marzo de 2025. Hasta entonces, Bardella nunca había destacado por mantener posiciones políticas definidas o claramente diferenciadas. Por el contrario, se había mantenido fiel a la línea marcada por su mentora. Sin embargo, a la inhabilitación de Le Pen se sumó otra circunstancia que impulsó su ascenso.

El macronismo está muy quemado, especialmente después de las legislativas anticipadas de 2024, que Emmanuel Macron convocó sin apenas informar a los miembros de su propio partido ni de su gobierno.

La popularidad del presidente francés sigue siendo baja, y ese lastre persigue a sus sucesores políticos. Aunque tanto Gabriel Attal como Edouard Phillipe han tratado de distanciarse de su figura, incluso pidiendo que dimita como ocurrió con el segundo, los votantes muestran un creciente cansancio tras una década marcada por el macronismo.

Esa desafección hacia el centrismo hace pensar que la próxima batalla presidencial pueda librarse entre fuerzas más alejadas del centro del espectro político. Para algunos, conviene actuar desde ahora para asegurarse una posición de influencia.

A cada minuto que pasa, la idea de que el 2 de mayo de 2027 nos encontremos una segunda vuelta de las elecciones presidenciales en la que se enfrenten Jean-Luc Mélenchon y Jordan Bardella, de La Francia Insumisa (LFI) y Reagrupamiento Nacional, respectivamente, es cada vez más real.

Esta situación, que supondría el fracaso del macronismo en cuanto a legado político, ha puesto a trabajar a ciertos sectores que, hasta ahora, habían permanecido próximos al gobierno: la patronal y los grandes grupos empresariales de Francia. En otras palabras, el establishment económico, que no contempla con buenos ojos una posible victoria de la izquierda.

Es evidente que La Francia Insumisa no es especialmente proclive a estrechar lazos con la patronal o permitir que el laissez-faire domine el mercado. En Reagrupamiento Nacional, en cambio, parece que algunos sí lo son.

Es relevante recordar que, en 2022, Éric Zemmour capitalizaba una visión política más urbana que unificaba la defensa del mercado con ideas socialmente conservadoras de ultraderecha. No obstante, ese proyecto, bautizado como Reconquista, estalló en las mismas legislativas de 2024 con una premisa que se ha acabado instalando en Francia: hace falta un frente de –extrema– derecha.

La Francia Insumisa no deja de mejorar sus resultados electorales, y eso inquieta a muchos. Es por ello que algunos actores políticos y empresariales han movido ficha. Ya no hablamos de intervenciones electorales como las vistas en las últimas municipales, sino de una estrategia orientada a mantener una buena relación con quienes podrían convertirse en los próximos ganadores.

Pero Reagrupamiento Nacional ha sido tradicionalmente un partido que ha contemplado la intervención de la economía y se ha mostrado reacio al globalismo. Marine Le Pen no es una liberal. Podrá haber suavizado alguna de sus posiciones en los últimos años, pero nunca ha sido una liberal. Pero su número dos, Bardella… pues nunca ha tenido una posición política propia. Y eso representa una oportunidad de oro para algunos.

El medio Le Point informó de que, hace no mucho, Bardella se reunió con Catherine MacGregor, directora general de Engie, una de las principales empresas energéticas francesas. Para justificar este encuentro, MacGregor declaró ante la prensa: “Reagrupamiento Nacional tiene 123 diputados, estamos obligados a ir a verlos, a educarlos”.

Un partido que ha experimentado un crecimiento tan acelerado los últimos años a veces peca de no tener suficientes cuadros disponibles, lo que deja vía libre a la aparición de facciones internas. En Reagrupamiento Nacional, esta dinámica se ha intensificado tras la condena de Marine Le Pen.

Sin ella como candidata y con su formación con muchas papeletas de poder ganar las próximas presidenciales, hace falta un candidato a la altura. No hace falta buscar muy lejos: el presidente del partido, Jordan Bardella, reúne todas las condiciones para ocupar ese papel, y parece predispuesto a acercarse al establishment económico.

Bardella, ¿próximo presidente de Francia?

La cena con Catherine MacGregor no fue con la plana mayor de Reagrupamiento Nacional. Fue con Bardella y algunos de sus asesores. No obstante, ese tipo de reuniones se repiten con otros miembros del CAC 40, el índice bursátil francés, o directamente del MEDEF, la patronal francesa.

Desde la “traición más rápida de la historia”, en palabras de Éric Zemmour, dentro del que fuera el adversario del mismo campo de Reagrupamiento Nacional, Reconquista, y la tránsfuga de varios miembros de Los Republicanos al campo de RN, hace tiempo que se percibe que la estrategia es formar un frente de derechas radicales capaz de impedir que la izquierda, y en particular La Francia Insumisa, llegue al poder.

Pero la unión también debilita la visión monolítica que tenía Reagrupamiento Nacional de su forma de hacer política. Hasta la fecha, Marine Le Pen había conseguido mantener el control de la formación gracias a su liderazgo, incluso sin ocupar la presidencia. Pero su inhabilitación cambió la situación: ya no podía aspirar a la presidencia de la República y parte de su capital político comenzó a trasladarse. Todas las miradas se dirigieron entonces hacia Jordan Bardella.

Durante el año que ha transcurrido desde la condena en primera instancia, la distancia entre ambas figuras ha ido creciendo. Ya fuera por la reforma de las pensiones, la petición de dimisión del ministro de Justicia Gérald Darmanin o el uso de la bandera de la Unión Europea en edificios públicos.

Son varios los episodios que han ido erosionando lentamente la imagen de unidad que ambos proyectaban años atrás. En ocasiones se trataban incluso de cuestiones anecdóticas, pero que dejaban entrever no solo estrategias distintas, sino también diferentes formas de entender la política.

Bardella no representa necesariamente una ruptura doctrinal completa con Marine Le Pen, pero sí una oportunidad para quienes quieren desplazar Reagrupamiento Nacional desde el populismo social marinista hacia una derecha nacional más liberal, patronal y anti-LFI. Basicamente, a Marine Le Pen, el control del partido se le está yendo de las manos debido a su inhabilitación.

Su única baza, aún pudiendo presentarse a las presidenciales. Dirigir su campaña y marcarle el ritmo puede ser una forma de evitar que se aleje demasiado.

Porque el partido necesita mostrar unidad. Dividirse justo cuando más cerca parecen estar de las puertas del Elíseo podría convertirse en un error estratégico irreversible. Le Pen lo sabe, y Bardella también. Por eso, ninguno puede permitirse romper con el otro, mientras Marine Le Pen tratará de evitar que Bardella emprenda un camino demasiado autónomo aprovechando el capital político que ella aún conserva.

Marine Le Pen no podrá disfrutar de los frutos de su estrategia política, la cual ha convertido a Reagrupamiento Nacional en un partido casi “republicano”, pero al menos podrá ver cómo parte de su proyecto llega a materializarse. No es una victoria absoluta, pero es mejor que nada.

Por último, para algunos, la previsión electoral es parte de este duelo del liderazgo. Que quizás que llegue Jean-Luc Mélenchon a segunda vuelta es la excusa perfecta para empujar a que el votante indeciso de centro, vista la “diabiolización” del líder insumiso, se acabe decantando por Bardella.

Pero es cierto que para eso, aún quedan varios meses de campaña. Y esta campaña electoral puede marcar un antes y un después en la historia de la Quinta República Francesa, donde se esperan más tragedias griegas entre candidatos.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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