Guayaramerín, la nueva frontera de las mafias brasileñas: ¿cómo se expanden y aumentan la violencia en Bolivia?

France 24
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A orillas del río Mamoré, frente a la brasileña Guajará-Mirim, la ciudad boliviana de Guayaramerín se ha convertido en uno de los puntos donde el avance de las grandes organizaciones criminales de Brasil comienza a hacerse visible con mayor violencia: el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) disputan rutas utilizadas para sacar cocaína de Bolivia hacia los mercados internacionales, mientras asesinatos, asaltos y ajustes de cuentas alimentan la preocupación entre una población acostumbrada a una criminalidad menos extrema y obligan a La Paz y Brasilia a reforzar su cooperación.

¿Por qué Guayaramerín es estratégica para las mafias?

Guayaramerín está situada en el extremo noreste de Bolivia, a orillas del río Mamoré y frente a Guajará-Mirim, en Brasil. El río separa físicamente ambas ciudades, pero también constituye una vía cotidiana de comunicación: embarcaciones trasladan pasajeros y mercancías entre las dos orillas y el intercambio comercial es parte esencial de la economía local.

Precisamente esa condición fronteriza convierte a Guayaramerín en un punto atractivo para las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas y otras actividades ilícitas. El Gobierno boliviano sostiene que tanto el Primeiro Comando da Capital como el Comando Vermelho han encontrado en localidades fronterizas bolivianas espacios para operar y refugiarse, al tiempo que disputan corredores utilizados para transportar cocaína hacia Brasil y, desde allí, hacia otros mercados internacionales.

La frontera no es únicamente una línea de separación entre dos países: para las redes criminales funciona como un espacio de movilidad. Los grupos pueden aprovechar los vínculos comerciales, los desplazamientos cotidianos y las dificultades para controlar completamente una extensa región amazónica.

En el puerto de Guayaramerín, algunos habitantes denuncian precisamente la falta de controles efectivos. Según testimonios recogidos por la agencia de noticias AFP, los pasajeros cruzan el río con frecuencia sin pasar por controles migratorios estrictos, una situación que facilita el movimiento de personas entre ambos países.

PCC y Comando Vermelho: una disputa que cruza la frontera

El Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho son dos de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil. Su presencia no se limita al territorio brasileño: sus redes se han extendido hacia países vecinos y están vinculadas, entre otras actividades, al tráfico internacional de drogas.

En Bolivia, la disputa entre ambos grupos estaría relacionada con el control de corredores de cocaína. El ministro boliviano de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, atribuyó a ese enfrentamiento la reciente ola de violencia registrada en el departamento de Santa Cruz.

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“Se disputan un corredor por donde los narcotraficantes transportan drogas al extranjero”, afirmó Oviedo, quien prometió una respuesta policial.

La lógica es la de una guerra por territorios y rutas. Controlar un corredor significa controlar quién puede transportar droga, quién cobra por utilizarlo y quién tiene capacidad para garantizar que los cargamentos lleguen a la siguiente etapa de la cadena.

Para las organizaciones criminales, por tanto, la frontera tiene un valor económico y estratégico que va mucho más allá de la ciudad de Guayaramerín.

De la violencia clandestina a los asesinatos a plena luz del día

Durante años, la actividad de estas redes había sido menos visible para buena parte de la población boliviana. Esa situación parece estar cambiando.

Una serie de homicidios recientes ha llamado especialmente la atención por su brutalidad. En distintos episodios se han registrado asesinatos atribuidos a disputas entre organizaciones criminales, incluida la muerte de una familia, el hallazgo de cuerpos decapitados y el homicidio de un policía que investigaba la violencia.

En uno de los casos relatados por habitantes de Guayaramerín, un hombre de nacionalidad extranjera fue asesinado con decenas de disparos en plena plaza principal. Para los residentes, hechos de esta naturaleza marcan una diferencia con el tipo de delincuencia al que estaban acostumbrados.

El investigador Joaquín Chacín, especialista en crimen organizado, considera que se trata de un fenómeno relativamente nuevo en Bolivia. Durante años, explica, habría existido una suerte de “pax mafiosa”: organizaciones dedicadas al narcotráfico podían operar con cierto margen sin enfrentarse abiertamente entre sí ni provocar una respuesta estatal de gran escala.

Esa situación se habría roto con la expansión y el enfrentamiento de las organizaciones brasileñas.

¿Cómo se expande el crimen organizado?

La expansión de estas organizaciones no depende únicamente de la presencia física de hombres armados. Su poder se construye alrededor de las rutas, el dinero y las conexiones locales.

Una organización criminal necesita asegurar corredores para el transporte de drogas, establecer contactos que permitan almacenar o trasladar mercancías, obtener información y disponer de mecanismos para mover y blanquear los beneficios económicos.

Por eso, el problema no se limita a los homicidios. El aumento de la violencia puede ser el síntoma visible de una estructura criminal más amplia que incluye narcotráfico, contrabando, extorsiones, robos y lavado de dinero.

Los datos citados por AFP reflejan además un deterioro más amplio de la seguridad. Entre enero y septiembre de 2025 se registraron 774 homicidios de todo tipo, frente a 325 durante el mismo periodo del año anterior, según cifras del Ministerio de Gobierno boliviano.

En las ciudades fronterizas, comerciantes y residentes también denuncian asaltos armados, secuestros y otros delitos.

La geografía juega a favor de las redes criminales. Guayaramerín está rodeada por una extensa región amazónica y mantiene una intensa relación económica y social con Brasil.

Para las autoridades, controlar la frontera supone mucho más que aumentar el número de agentes en una ciudad. Implica vigilar pasos terrestres y fluviales, intercambiar información entre fuerzas de seguridad y perseguir a organizaciones que operan simultáneamente en ambos países.

El Gobierno boliviano anunció un refuerzo de la presencia policial en las zonas fronterizas y una mayor cooperación con Brasil. Oviedo también informó de la apertura de una oficina permanente de la Policía Federal brasileña en Bolivia, destinada a facilitar el intercambio de inteligencia.

El acuerdo contempla además presencia policial boliviana en Brasil y apoyo logístico de las autoridades brasileñas.

¿Más policía, menos violencia?

El despliegue de más agentes puede ayudar a contener la violencia inmediata, pero los especialistas advierten que difícilmente resolverá por sí solo el problema.

El investigador Chacín sostiene que las autoridades necesitan atacar la estructura económica de las organizaciones criminales: identificar cómo se blanquea el dinero, quiénes participan en esas operaciones y qué negocios sirven para introducir los beneficios del narcotráfico en la economía legal.

La cuestión es especialmente relevante porque una red criminal puede sustituir rápidamente a los integrantes detenidos si sus fuentes de financiación y sus canales de distribución permanecen intactos.

La Policía boliviana ha informado de la captura de dirigentes de organizaciones delictivas internacionales, pero las autoridades afrontan el desafío de transformar esas operaciones en una estrategia permanente contra las estructuras financieras y logísticas del crimen organizado.

El dilema del futuro puente con Brasil

La expansión de la infraestructura fronteriza añade otro elemento a la discusión.

El Gobierno boliviano ha anunciado la construcción de un puente entre Guayaramerín y Brasil, como parte de un corredor vial destinado a conectar la región con el Pacífico a través de Perú.

Para los comerciantes locales, una conexión más directa podría impulsar el comercio y generar nuevas oportunidades económicas. Pero también existe temor a que una mayor facilidad de movimiento sea aprovechada por las organizaciones criminales.

“Las pandillas, las mafias de robo, pueden cruzar” con mayor facilidad, advierten algunos habitantes.

El propio jefe policial de Guayaramerín, el coronel Johnny Rivas, reconoce el desafío y anticipa que la violencia podría aumentar si no se refuerzan los efectivos.

¿Cómo pasó de frontera comercial a frente contra el crimen organizado?

El caso de Guayaramerín ilustra cómo la expansión de las organizaciones criminales brasileñas puede transformar ciudades fronterizas que durante años habían permanecido relativamente alejadas de los niveles de violencia asociados al narcotráfico en otras partes de la región.

La disputa por las rutas de la cocaína ha convertido a Bolivia en un escenario de competencia entre grupos que nacieron y se consolidaron en Brasil, pero cuyas operaciones dependen cada vez más de redes transnacionales.

La respuesta de Bolivia y Brasil pasa ahora por compartir inteligencia, perseguir a los miembros de las organizaciones a ambos lados de la frontera y reforzar la presencia estatal.

Pero el desafío es mayor: impedir que la economía del narcotráfico eche raíces en las ciudades fronterizas y que la violencia que acompaña a la disputa por las rutas termine convirtiéndose en parte permanente de la vida cotidiana.

En Guayaramerín, el río Mamoré sigue separando a Bolivia de Brasil. Para las organizaciones criminales, sin embargo, la frontera parece ser cada vez menos un obstáculo y más una oportunidad.

Con Reuters y AFP


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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