Michael Woodford y Robert E. Hall ganan el Nobel de Economía por sus propuestas para suavizar crisis y burbujas

El País
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Foto: AFP

“Las autoridades no deberían considerar la estabilización como un proceso que se lleva a cabo simplemente accionando palancas para controlar la economía, al margen de lo que los agentes económicos entienden al respecto”, ha dicho Michael Woodford.

La Academia sueca de las Ciencias ha galardonado a Michael Woodford y Robert E. Hall con el premio Nobel de Economía, oficialmente conocido como Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. El jurado ha valorado cómo las investigaciones de estos dos estadounidenses han propiciado un cambio de paradigma en la política de estabilización, esto es, las políticas monetarias o fiscales que se diseñan para suavizar los ciclos económicos. Los modelos neokeynesianos, fruto de su investigación, permiten explicar y cuantificar cómo las decisiones que toman los bancos centrales y los ministerios de Hacienda de todo el mundo amortiguan las crisis o contienen burbujas.

Ambos economistas son estadounidenses, como el 70% de los galardonados por el Nobel de Economía. Woodford nació en Chicopee, (Massachusetts) en agosto de 1955 y es profesor en la Universidad de Columbia. Hall (Palo Alto, California, mayo de 1943) es profesor de la Universidad de Stanford. Woodford ya había recibido el premio Fronteras del Conocimiento de Economía de la Fundación BBVA y estaba en casi todas las listas de favoritos. “El español Jordi Galí es tan famoso como ellos y ha contribuido a las mismas teorías económicas. Debería haber sido el tercer premiado”, dice con pesar Juan José Dolado, profesor emérito de la Universidad Carlos III y que este año recibió el Premio Nacional de Investigación.

El trabajo de Woodford es de total vigencia en el entorno inflacionista actual. El estadounidense cambió la forma de entender la fijación de precios al aceptar que las empresas no los modifican de forma instantánea, sino que siguen otras dinámicas, como fidelizar clientes o redistribuir costes. Esta rigidez a la hora de cambiar los precios hace que sean los bancos centrales los que tienen más capacidad para impactar en la economía real. Para que las subidas de los tipos de interés tengan un efecto adecuado, deben subir más que los precios y Woodford apuesta por una acción decidida e incluso agresiva. Si, por ejemplo, la perspectiva es que la inflación pase del 3% al 4%, un incremento de 100 puntos básicos, los tipos de interés deberían subir 125 puntos básicos. Pasando, por ejemplo, del 2%, al 3,25% para enfriar la economía.

El manual se complica en situaciones como la actual, en la que la inflación viene del lado de la oferta, es decir, del precio de la energía que se ha desbocado por el conflicto de Irán. El dilema de los bancos centrales es que una subida de los tipos puede matar en exceso la demanda y cargarse la economía. A la ecuación se suman las presiones de los políticos, como Donald Trump, sobre cómo deberían actuar.

“Las autoridades no deberían considerar la estabilización como un proceso que se lleva a cabo simplemente accionando palancas para controlar la economía, al margen de lo que los agentes económicos entienden al respecto”, ha dicho Woodford en una rueda de prensa tras el anuncio del galardón, según declaraciones recogidas por la agencia Reuters. El economista también ha destacado cómo los anuncios explícitos sobre las intenciones de los bancos centrales en cuanto a los tipos de interés ya son una acción en sí misma.

Bob Hall, como se le conoce familiarmente, es uno de los economistas que ha sentado las bases de los fundamentos de la macroeconomía moderna pero había caído en el olvido y con este reconocimiento la Academia sueca recupera su legado. Dos de sus teorías más célebres pasan por el desarrollo de un impuesto tipo tarifa plana y la hipótesis del paseo aleatorio. Esta segunda teoría rompe con la asunción tradicional de Keynes de que los hogares consumen en función de la renta del año en curso. Hall introdujo otros parámetros, como las expectativas de renta presente y futura o el acceso al crédito para modelar una idea mucho más compleja en la predicción del consumo de las familias.

Hall desarrolló en los años sesenta junto con su exesposa, la prestigiosa economista de Berkeley Bronwyn Hall, un programa de software que facilitaba a los economistas hacer cálculos econométricos muy complejos, procesando datos de forma masiva que permitieran probar sus hipótesis de trabajo. Lo comercializaron bajo el nombre TSP en 1978 y durante años fue el instrumento básico de trabajo de los economistas, con un tremendo éxito. La pareja se divorció en los años ochenta y fue ella la que se quedó al frente del negocio.

Reinterpretar a Keynes

Las teorías de estabilización económica son atribuidas a John Maynard Keynes, para muchos padre de la macroeconomía moderna. Hace ya un siglo, Keynes demostró la necesidad de estimular la economía durante las recesiones, reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit presupuestario, mientras que, para frenar una economía en auge, los recortes o medidas de contención eran necesarias.

La Academia recuerda que durante las crisis del petróleo de la década de los setenta, pareció que los modelos keynesianos que regulan cuándo y cómo deben aplicarse las medidas ya no funcionaban. “No redujeron el desempleo, sino que, por el contrario, provocaron una inflación descontrolada”. Y se extendió la creencia de que “habían hecho más daño que bien y que debían abandonarse”.

Hall y Woodford han reconstruido los modelos económicos para revitalizar estas teorías sobre cómo lograr la estabilización. En lugar de basar los modelos en variables como la inflación, la producción y el consumo, se han fijado en la microeconomía y han apostado por entender cómo influir en las decisiones de los hogares y las empresas.

“Cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esta visión del futuro y orientar la economía en la dirección correcta”, dice el comunicado de la Academia que describe los méritos de los autores. Bajo esta premisa, se han construido los nuevos modelos que, agregan, “han demostrado ser muy útiles para hacer frente a las crisis económicas que nos han afectado”.

Los galardonados el año pasado fueron Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por teorías innovadoras del crecimiento como la destrucción creativa. En los últimos años, la Academia está premiando los análisis de largo recorrido que intentan explicar por qué unas sociedades prosperan mientras otras se estancan.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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