
A veces uno está scrolleando (si no es que siempre 😉) y ve un producto interesante y, por alguna razón, siente la necesidad de tenerlo (pensemos en la colección de posavasos que nunca salió de su caja, ahora está empolvándose, pero se ven geniales). ¿Qué pasa en el ínterin entre ver y usar la magia del QR? ¿Por qué no vemos en ese corto lapso de tiempo si necesitamos el producto? Preguntas obvias (para los que preguntan qué es obvio: 1. adj. Que se encuentra o pone delante de los ojos. 2. adj. Muy claro o que no tiene dificultad… dejen de hacerse los sabrosos) y para quienes tenemos posavasos inútiles y respondemos: “la publicidad”, “buen marketing”, “el sistema”, “la sociedad de consumo”, “Byung-Chul Han sabe”, etc.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando vemos una noticia (polémica o de actualidad)? Basta con hacer un poquito de scrolling para ver la velocidad con la que se generan posturas: unos apoyan, otros rechazan. ¿Alguien argumenta? ¿Qué es polémica? ¿Qué es actualidad? ¿Qué son las “fake news”? ¿Las noticias generan una necesidad de urgencia? ¿La polémica, la noticia, informa o vende? ¿Cómo se posiciona? ¿Hasta dónde el acuerdo de nuestras posiciones es nuestro? ¿Tratamos de entender lo que pasa? ¿Simplemente le damos al QR binario lo que nos genera la nota? ¿Es más peligrosa la inteligencia artificial o la reacción inmediata?
En estos tiempos donde la reacción es inmediata, surgen noticias delicadas (si la palabra eutanasia viene a su cabeza, por ahí vamos). En RRSS se ven muchas noticias, por lo general contrapuestas: unos dirán sí, otros dirán no, pero ¿alguien se pregunta por esta palabrita como procedimiento médico? Quizás que haya noticias a favor o en contra no llame tanto la atención como que las reacciones se produzcan rápido. Se apoya o se rechaza y se discute (pocos argumentan). Eso me lleva a pensar: ¿se reacciona ante el estímulo emotivamente? ¿Cómo se argumenta? ¿Desde dónde se argumenta? La verdad es una cuestión compleja (la palabra mágica que se usa para no continuar la gresca, pero ¿para qué debería servir?), pero pienso que tener respuestas rápidas y seguras es un síntoma interesante.
Si asumimos la eutanasia como procedimiento médico (el plan Z), significa que la terapia del dolor ha llegado a su límite y, como tal, la opción final queda en manos del paciente (su decisión). Es un hecho que, visto como procedimiento médico, se debería establecer toda una normativa legal. Aquí surge la otra variable (la cosa ética, religiosa, humana): ¿Alguien lo asume como “procedimiento médico”? ¿Debemos hacer de esto un tratamiento (final)? ¿En manos de quién queda la decisión? ¿Estamos reduciendo la vida a materia? ¿Vivir sufriendo es vida? (Quienes respondieron inmediatamente, por favor, volver al principio del artículo). ¿Hasta dónde es cómodo? ¿Hasta dónde nuestro marco ideológico, religioso, político piensa por nosotros? ¿Si hemos visto el sufrimiento, hasta dónde estamos capacitados para responder?… No lo sé… esto es de cada uno (¿quién es “cada uno”?).
Quizás el hecho polémico de esto radique en esa sensación de urgencia y nuestra reacción humana ante el sufrimiento del que hablo al principio. ¿Se necesita urgencia o se necesita comprender? ¿Ante qué estamos? ¿La vida (entendamos vida como dolor, alegría, etapas intermedias) es una cajita de posavasos? No lo sé. Hay cosas en las que ayudaría tratar de comprender, ver todos los ángulos de un problema y recién asumir una posición ante el mismo.
Quizás sea el momento de tejer emociones con pensamiento, y no sólo orillar al emotivo: sí o al no (para caminar se necesitan las dos patas sobre el suelo). Sin embargo, el dolor necesita alivio, el sufrimiento, descanso. ¿Qué hacer? ¿Desde la comodidad de un lugar seguro, comprar posavasos? Lo cierto es que la respuesta no siempre está en nosotros como testigos o “scrollers de noticias” (definamos: ¿se vive o se scrollea?), en el caso de la eutanasia debería partir del afectado. ¿Qué nos toca a nosotros?












