Trump vuelve a la carga contra Zelenski

Alejandro López | Diario Red
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trump y zelenski
Foto: AP
  • La tensión tras el choque energético, el reclamo electoral y la crítica política escaló hasta el punto de que se debata de nuevo el apoyo armamentístico y en el suministro de inteligencia a Ucrania.
  • Kiev no solo ha ignorado pro completo el ruego de Washington sino que ha recrudecido sus golpes sobre Rusia, su infraestructura civil y, en especial, la energía. Más allá de que ni estos ataques van a arrodillar a Putin ni este acuerdo va a salvar a Trump, la cadena de acontecimientos sí está sirviendo para volver a tensar la relación entre los dos presidentes.
  • Trump solo quería salvar las refinerías rusas y aportar otro granito que salve el castillo de naipes en que había convertido al mercado energético con su guerra contra Irán. En noviembre se verán las verdaderas costuras de todo lo que ahora se está tratando de coser en tiempo récord.

Donald Trump sigue temiendo a los comicios de noviembre. La crisis que se ha otorgado a sí mismo con la guerra en Irán y el caos subsiguiente del Golfo Pérsico le va a costar una impopularidad récord. Y en gran medida a cuenta del precio del combustible.

Lejos de amilanarse y asumir el desastre en el que ha sumido a una región ya castigada de por sí, el presidente republicano apuesta por renovar sus amenazas y golpes contra Irán y, si se ve atrevido, contra Yemen. Pero cada golpe se traduce en respuestas sobre sus intereses económicos más directos. El precio del petróleo y del gas.

Desde aquel texto firmado en el mes de junio con Irán, Trump ha tratado de manejar estos indicadores con una mezcla de propaganda anunciando acuerdos que no eran tales hasta con elementos reales como vías alternativas para el tránsito clandestino a través del Estrecho de Ormuz o la liberación de reservas estratégicas de petróleo. El objetivo era, ante todo, contener los precios.

Viendo que no existía la más mínima intención de alcanzar un entendimiento real con Irán, el neoyorquino puso el foco en Europa, donde creía que podría obtener pequeñas victorias que, junto con sus mencionadas estrategias para Oriente Medio, le dieran un respiro.

En concreto señaló a la Unión Europea y a Ucrania. Como ya es habitual, la simple amenaza de una prohibición de las exportaciones de diésel sirvió para asustar a Bruselas y para que las capitales europeas se decidiesen a responder a Trump. Y de nuevo la respuesta fue ceder ante sus exigencias. Europa liberaría reservas de diésel para tratar de contener el precio en el mercado.

Pero Ucrania no sería tan complaciente. Volodímir Zelenski se ha acostumbrado a contar con apoyo casi ilimitado en sus relaciones con Occidente. Los baches de sus primeros meses de coexistencia con la segunda administración de Trump fueron dando paso a otra relación más equilibrada según se purgaba a los perfiles más díscolos con Kiev.

El intervencionismo clásico volvió y Zelenski apareció como un paracaidista para salvar a las monarquías árabes del Golfo, donde podía ayudar a combatir a un socio ruso como Irán. Siguiendo la estrategia que ya los ucranianos ya habían probado en Malí o en Sudán, Kiev buscaba una guerra global contra Rusia. Más frentes, más coste político y económico.

Los ataques dentro de Rusia serían la joya de la corona dentro de la carta blanca con la que contaba Kiev para ejercer una defensa que, por otro lado, Occidente negaba a Irán, a Hezbolá o a los hutíes cuando respondían fuera de sus fronteras.

Teniendo en cuenta que Rusia no quería acuerdos parciales de altos el fuego porque consideraba que solo beneficiaba a Ucrania de un castigo colectivo civil de alto valor político, es reseñable que Moscú y Kiev se hayan abierto en el pasado a aceptar treguas temporales o circunscritas de forma exclusiva al sector energético.

Sin embargo, ninguna prosperó. Trump ha insistido en esa vía porque, aunque le gustaría patrocinar un acuerdo de paz definitivo, es buen sabedor de que ninguna de las partes está dispuesta a ceder territorialmente. De esta manera al menos se evita un constante deterioro de las cadenas de producción y comercio de energía globales.

A pesar de las decenas de paquetes de sanciones occidentales, Rusia sigue siendo un actor privilegiado en el sector energético mundial no occidental. Incluso se ha vivido un proceso de intermediación en países como Kazajistán, Malasia, Arabia Saudí, Georgia o Armenia para la venta de productos rusos a Occidente. Pero la energía sigue llevándose la palma. Y más aún con el precio disparado gracias a la cruzada de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán y el Eje de la Resistencia en Oriente Medio.

El día 9 de octubre, Trump anunciaba con la pompa que le caracteriza un acuerdo con Vladimir Putin. Rusia comerciaría centenares de miles de toneladas de diésel a Estados Unidos y al mundo en octubre y noviembre. Trump hablaba de hasta tres millones de toneladas.

Bajo su razonamiento, el precio caería gracias a este acuerdo, que venía a coronar una estrategia de control efectivo de Ormuz que estaba en duda constante. De hecho Irán había incrementado sus ataques contra buques cisterna en el Estrecho y sus inmediaciones.

Zelenski entró inmediatamente en cólera. Todo esto no había sucedido en el vacío. Trump y Zelenski se habían comunicado varias veces, con el primero dando luz verde al segundo para que atacase donde quisiera a Rusia salvo en las refinerías. La desesperación de Trump ha suscitado varios comentarios en Ucrania sobre la importancia de golpear duramente a Rusia y no poner las elecciones de medio término por encima de las vidas de los ucranianos.

Kiev no solo ha ignorado pro completo el ruego de Washington sino que ha recrudecido sus golpes sobre Rusia, su infraestructura civil y, en especial, la energía. Más allá de que ni estos ataques van a arrodillar a Putin ni este acuerdo va a salvar a Trump, la cadena de acontecimientos sí está sirviendo para volver a tensar la relación entre los dos presidentes.

Trump ha retomado un viejo reclamo. El de que Ucrania celebre elecciones. Y esta vez las menciona para pedir que los ucranianos puedan votar a un presidente que sí esté dispuesto a llegar a acuerdos, despreciando en público a un Zelenski que lleva dos años fuera de su mandato gubernamental.

Un viejo conocido de la campaña anti-Zelenski en Washington, Elon Musk, reapareció tras su reconciliación con un Trump que necesitaba donantes para las elecciones de medio mandato y señaló al ucraniano diciendo que se había llegado demasiado lejos.

La tensión tras el choque energético, el reclamo electoral y la crítica política escaló hasta el punto de que se debata de nuevo el apoyo armamentístico y en el suministro de inteligencia, asuntos que ya estuvieron parcialmente cortados y cerca de quebrarse en el año 2025.

Por si fuera poco Trump anunció un nuevo alto el fuego energético unilateralmente. Zelenski dijo en un principio que no tenían conocimiento de esa supuesta negociación y el acuerdo anunciado, pero al final esta es una de sus principales demandas. Rusia está laminando algunas capacidades de abastecimiento eléctrico en Ucrania y Zelenski necesitaba un desahogo a este respecto.

Pero nada de esto llegó. Trump solo quería salvar las refinerías rusas y aportar otro granito que salve el castillo de naipes en que había convertido al mercado energético con su guerra contra Irán. En noviembre se verán las verdaderas costuras de todo lo que ahora se está tratando de coser en tiempo récord. Trump lo pagará seguro. Veremos qué pasa con Zelenski.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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