‘Digger’, el papel más kamikaze de Tom Cruise en la salvaje y afilada sátira política de Alejandro G. Iñárritu

Cadena Ser
0
37
digger iñarritú

El director mexicano, autor de títulos como ‘Amores perros’, ‘Birdman’ o ‘El renacido’, estrena una de las películas más esperadas del año, una divertidísima y sorprendente metacomedia sobre la manipulación política y el cinismo de nuestros tiempos.

Hay una obsesión que recorre la filmografía de Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963): la propia narración de las historias. Desde su debut con ‘Amores perros’ en el año 2000 a ’21 gramos’, ‘Babel’, ‘Birdman’ o ‘Bardo’, el autor mexicano ha planteado laberintos donde las líneas argumentales se entrelazan, los relatos se mezclan y las ficciones se superponen. “Siempre me han interesado las historias que nos contamos y cómo queremos contarlas, de qué lado estamos en esas historias y qué tanto podemos salir de las historias que escuchamos. Hay un debate en ‘Digger’ acerca de la narrativa de las historias que se cuentan y cómo se cuentan, la película trata de eso, del storytelling”, explica en conversación con la Cadena SER desde Londres tras presentar su último trabajo, donde precisamente sublima esta reflexión sobre la metaficción y la trae a un presente dominado por la confusión.

“Me preocupan las narrativas, la estimulación de la palabra, del lenguaje que altera la percepción de la realidad y que ahora, con la cantidad de estímulos que tenemos, creo que hemos perdido la capacidad de pensar individualmente y de observar la realidad tal como es, de no estar afectados por etiquetas, por adjetivos, por juicios y prejuicios de cosas que la gente ni siquiera conoce. Entonces estamos en una época muy complicada de dónde posicionarnos porque la realidad es compleja”, añade de una de las líneas de pensamiento que abre ‘Digger’, una divertidísima y sorprendente metacomedia que es realmente una sátira apocalíptica de nuestro presente.

Tom Cruise encabeza el reparto de esta superproducción en la que el mexicano lleva trabajando casi una década para, según dice, tomar la distancia suficiente ante los evidentes paralelismos con la realidad al parodiar a políticos, empresarios y científicos que destrozan y salvan el mundo. “El tiempo de nueve años desarrollando esto, los eventos de los que informa y la forma en que está construida esta narrativa, me dio el espacio para poder reírme. Poner tiempo de por medio te hace poder representar ese momento trágico con humor. Y a partir de ahí reconocernos a nosotros mismos sin estar, digamos, levantando el dedo, apuntando el dedo, sino viendo que nos une a eso. La representación de esa realidad ahora te da permiso en el tiempo de reírte de ello”, cuenta un Iñárritu que parece haber aplicado aquello que dijo Karl Marx. “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.

El director opta por la segunda. Por representar el colapso del mundo de forma grotesca, patética y ridícula a partir del personaje de Digger Rockwell, un excéntrico, soberbio y deslenguado empresario del petróleo que desencadena una catástrofe en una de sus plantas en el Ártico. Una catástrofe medioambiental que amenaza con borrar a media Europa del mapa por el desprendimiento de un iceberg y un posterior tsunami. A Iñárritu no le interesan tanto los hechos, cómo la gestión política y mediática del desastre. Para eso rodea a Tom Cruise, encarnación de la codicia capitalista, la corrupción y el narcisismo de tantos empresarios, de un fantástico grupo de secundarios, con John Goodman como el presidente moribundo de EEUU y Riz Ahmed como el científico que intenta poner algo de cordura. Los personajes se pasean por inmensos decorados -el diseño de producción es candidato firme al Oscar- de salas de reuniones, parlamentos o despachos donde discuten no cómo revertir la crisis ni asumir responsabilidades sino cómo hacerle creer al mundo que ellos son los más capacitados para solucionarla.

“El pánico es un recurso. Ya que no podemos controlar la naturaleza, controlemos la narrativa. Conocen los hechos, la historia está por contar”, repite el personaje de Tom Cruise como si fuera, además de un empresario desalmado, un experto en comunicación política y semiótica. Ese es uno de los puntos fuertes de la propuesta de Iñárritu, el uso del lenguaje en una película verborreica que recuerda, por momentos, a las comedias políticas de Armando Iannucci o a ‘Don’t look up’ de Adam Mckay. “El que controla el lenguaje, controla la percepción de la realidad. O sea, el lenguaje es una herramienta, es un puente hacia la realidad, pero también puede ser un arma para destruirla, para destruir esa realidad, para deformarla. Y eso es lo que hace el poder desde siempre. Y creo que ahora, con la tecnología que tenemos, la sociedad está muy frágil a ser realmente manipulada con un lenguaje, más que con dinero y con militares. Ahora el arma es realmente la deformación de la realidad misma a través del lenguaje, como un virus que decía William S. Burroughs”, expresa el mexicano.

El novelista y ensayista estadounidense teorizó sobre la palabra como un agente infeccioso que opera como un mecanismo invisible de control social. Y de esa filosofía Iñárritu trae al presente una crítica demoledora al cinismo y las contradicciones de los poderosos, pero también a los ciudadanos que los sostienen. ‘Digger’ es salvaje, provocadora y excesiva, pero también afilada e inteligente en sus mecanismos al caricaturizar la retórica política que nos gobierna. La de aquellos que, por acción u omisión, provocan una crisis y al mismo tiempo se presentan como los únicos héroes capaces de resolverla. “Es el precio de hacer negocios. Queréis la libertad del confort de vidas insostenibles”, le replica el personaje de Tom Cruise a un parlamento enaltecido por las crisis medioambiental que aborda la película.

No todo funciona en ‘Digger’, por ejemplo el único personaje femenino, una desdibujada Sandra Hüller como la hermana que cree falsamente en la transición ecológica, pero el director mexicano decide arriesgar a lo grande con una propuesta extrema que opera a varios niveles narrativos, con una metacomedia en la que se vislumbran influencias del ‘¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú’ de Kubrick, la paleta cromática y el vestuario de Wes Anderson con un feísmo en la fotografía que firma Emmanuel Lubezki en VistaVision o las distopías de Bong Joon-ho, y su habitual despliegue de tomas largas, planos secuencias y el uso del gran angular. Eso le permite jugar también con los tiempos, con un futuro que se parece sospechosamente al presente -solo hay que mirar a la Casa Blanca- y con la propia idea de representación que acuñó el filósofo Guy Debord en ‘La sociedad del espectáculo’ al anticipar que “la vida social moderna se había convertido en una inmensa acumulación de espectáculos, donde todo lo que fue directamente vivido, se ha convertido en una mera representación e imagen”. Alejandro González Iñárritu trabaja con todas estas ideas y, en un año donde se ha destacado el humanismo de algunos autores como Hamaguchi o Mike Leigh, ofrece un reverso tenebroso de nuestros tiempos, una película tan cínica como realista en su disección de la realidad política

‘Digger’ es hija de su tiempo, desquiciada y efectista como ‘Ink’ de Danny Boyle, y, por supuesto, polarizará a la audiencia y la crítica, como otros tantos títulos de Iñárritu. De ella, ante el secretismo por el riesgo a revelar los giros de guion, se ha especulado incluso con que era un musical. No lo es, es una desaforada sátira política con un Tom Cruise en el papel más kamikaze de su carrera, el de una magnate convencido de que la percepción puede sustituir a la realidad. “Ha sido muy gracioso. Nos hizo reír mucho. Es un arquetipo de un personaje poderoso, irresponsable, sinvergüenza, que quiere controlar todo con esta percepción menos a él mismo. Es decir, yo creo que es un personaje urgente, humano, absurdo ahora, conceptual, muy contemporáneo. Y está aterrado de no poseer el poder, que es el gran terror de los poderosos, no pueden entender el no tener influencia o poder, y eso es, evidentemente aterrador verlo, pero también es muy divertido, y él tiene la capacidad de no poder dejar de mirarlo. Tiene un candor, una fisicalidad y una precisión que es una catástrofe adorable de ver”, concluye el autor mexicano, empeñado en excavar en los mecanismos de nuestro propio desastre.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
Si quieres apoyar nuestro periodismo aporta aquí
Qr dat0s