Las vitrinas y los premios: ¿qué opinas?

Mikio Obuchi
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premio eduardo abaroa 2026

La verdad es que los premios son un interesante escaparate, pero, a su vez, son una prueba para la lectura crítica de cada lector (es literatura no futbol).

Las vitrinas generalmente muestran objetos (en casa, lo habitual son un par de tazas y la vajilla de domingo que nunca utilizamos en su función) nosotros les damos su función (y quizás respectivo cariño); generalmente, en las tiendas vemos estos muebles llenos de productos: lo más nuevo, lo mejor, esperando al comprador ansioso de novedades y al que busca elementos muy puntuales. En mis manos tengo el último libro del Premio Franz Tamayo de cuento, «Eme de Mamá» publicado por la editorial 3600. Un escaparate de la habilidad narrativa de muchos prosistas (una vitrina de las letras y la posibilidad de que el lector ame a uno o varios cuentos o no).

Como siempre, las temáticas de los escritos son diversas, distribuidas en siete cuentos. Es interesante leer el libro para responderse algunas preguntas: ¿Por qué debo leer a los ganadores? ¿Cuál cuento me gusta más? ¿Me parece bien el orden de las menciones? ¿Qué hace que haya un ganador? En fin, muchas preguntas que les dejo como tarea libre para responder. Y debo reconocer el esfuerzo e ingenio de los autores.

Veamos que nos muestra esta interesante vitrina:

Mauricio Rodríguez Medrano. El ganador del premio nos propone una narración rica en recursos que nos lleva de la mano por la peripecia de una profesora que va a dar a luz en medio de los ya habituales conflictos que sufre el país. ¿Llegará a la sala de maternidad? Algo curioso es que este cuento, a pesar de su brevedad, abunda en recursos, referencias pop y humor (salvo que seas la profesora y el chofer del micro).

José Luis Durán. Una historia que subraya algo que todos saben, pero de lo que nadie habla: el tema de la homosexualidad dentro del ejército. Historia vertiginosa que nos lleva a los entretelones de la vida y que profundiza en el tema de género, un asunto delicado de tocar, pero que hace mella con la pregunta: ¿Todos podemos cantar a la madre sin discriminación? Es así que este cuento deja la semilla de algo que no sabemos, porque vive entre el mito, el chisme y quizás alguna noticia perdida en algún periódico.

(Hasta aquí tenemos al grupo maternal que dice hola dentro del premio).

Limber Franco Silva. Nos sorprende con un ingenioso mecanismo de viaje en el tiempo: ¿acaso somos el sueño de algún antepasado? (Esteeee, buenooo, en lo personal, diría que quizás sea yo la pess… mejor continuemos). Este cuento es como un catálogo histórico de tumbas de personajes históricos, de citas de autores nacionales que conforman la otra historia que es el cuento, donde la relación padre-hijo adquiere ciertos matices de «El cementerio».

Rodrigo Villegas (no confundir con el Grillo). «El alimento» es de esas historias de personas que habitan los márgenes. Posee un elemento que se me hace muy curioso: para ser habitantes marginales que apenas pueden comer, se la pasan deambulando por todo lado. Pero esta conmovedora historia guarda una pregunta: ¿el margen sigue siendo un espacio topográfico? Quizás sea la pregunta más valiosa que me deja este cuento.

Rodrigo Ayo Kudelka. «¿Vivir es un trámite?». Es un cuento futurista bastante anacrónico, pues quien vive en este país y depende de trámites se topa con un problema que toca este cuento: si tus papeles no están correctos, no existes; si tu firma te sale más chueca de lo habitual, eres otro; si te mueres, posiblemente votes en las siguientes elecciones. Son ejemplos del papel vital que asumen los papeles en la vida de cada persona. Ahora imagina que todo es automático. ¿Qué pasaría? Pista: lee «El trámite de vivir».

Juan Pablo Gutiérrez nos acerca al contraste entre lo que fue y lo que puede ser: las memorias del aire que respirábamos y el espectro del lujo de respirar. Hay un tinte ecológico que constituye una historia entre datos biológicos y memorias del pasado; un padre hecho recuerdo, una hija ante la urgencia y la sensación de que lo que se respira ya no es lo mismo y que pronto, quién sabe, qué pasará. ¿Te animas a visitar ese futuro? Abre una ventana lectora a «Raíces».

Para finalizar, el cierre es musical y con un humor muy negro que ataca un punto interesante. ¿Se debe llorar la muerte? ¿La vida es una broma? Cuando muere alguien, ¿lloramos la ausencia? ¿Lloramos la vida? ¿Si somos el muerto la respuesta a las anteriores preguntas es nuestra? «I started a joke», de Karen Veizaga Abularach. De este cuento solo puedo decir:

“Miré al cielo pasándome las manos por los ojos

I looked at the skies running my hands over my eyes

Y me caí de la cama, lastimándome la cabeza por las cosas que dije

And I fell out of bed hurting my head from things that I said

‘Hasta que finalmente morí, lo que hizo que todo el mundo viviera

‘Till I finally died which started the whole world living”

(Bee Gees o Faith No More, elijan, pero escuchen con atención 😉)

La verdad es que los premios son un interesante escaparate, pero, a su vez, son una prueba para la lectura crítica de cada lector (es literatura no futbol). Lo importante está en entrar al libro buscando la sorpresa que cada autor nos prepara y ver qué piensa cada uno de los cuentos, no hay necesidad de coincidir. Al final, a ojos del lector, el autor ha muerto y la historia cobra vida. ¿O no?


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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